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La conspiración de la pólvora: el atentado que Guy Fawkes intentó cometer contra el Parlamento inglés

Grabado antiguo con ocho hombres con sombrero y barba conversando, identificados por sus nombres, entre ellos Guy Fawkes y Robert Catesby

En la noche del 4 al 5 de noviembre de 1605, una partida de registro bajó al sótano que había justo debajo de la Cámara de los Lores, en Londres. Entre la leña encontró a un hombre con capa, botas y espuelas que dijo llamarse John Johnson, y bajo la madera, 36 barriles de pólvora. Era Guy Fawkes. La conspiración de la pólvora acababa de fracasar.

El plan: volar el edificio en la apertura solemne del Parlamento, con el rey Jacobo I, su familia y sus ministros dentro. Fawkes ni siquiera era el cerebro. Aun así, es a él a quien Inglaterra quema en efigie cada año.

Un rey nuevo, las mismas multas

Con Isabel I, ser católico en Inglaterra salía caro: multas, cárcel y sacerdotes prohibidos, resumen los Archivos Nacionales británicos. Jacobo I, rey desde 1603, no aflojó la presión. Ese mismo año, cuando Thomas Percy le dijo que quería matar al rey, el caballero católico Robert Catesby le respondió que él pensaba en «una forma segurísima», según la Enciclopedia Británica.

En 1604 empezó a reclutar: Thomas Wintour, John Wright, Percy y Fawkes, un soldado de York nacido en 1570 que había combatido con los españoles contra los holandeses, se hacía llamar Guido y tenía fama de experto en cuestiones técnicas. Contando a Catesby, acabaron siendo trece.

Un sótano bajo los Lores

El 24 de mayo de 1604 se alquiló a nombre de Percy una casa pegada a la Cámara de los Lores, y Fawkes se instaló allí como su criado, John Johnson. Tras intentarlo con un túnel, según el Parlamento británico, consiguieron arrendar el sótano de justo debajo y allí escondieron los barriles bajo la leña.

La explosión solo era el principio. Después, otros conjurados alzarían en armas las Midlands y secuestrarían a la princesa Isabel, la hija de nueve años del rey, para gobernar en su nombre y devolver sus derechos a los católicos.

Una carta sin firma

El 26 de octubre de 1605, un desconocido paró en la calle a un lacayo de lord Monteagle, un noble católico, y le dio una carta sin fecha ni firma, con la letra disfrazada. Le aconsejaba no acudir a la sesión, porque «recibirán un golpe terrible en este Parlamento y no verán quién los hiere». Y le pedía que la quemara.

Monteagle no la quemó: la llevó a las autoridades. La carta se conserva en los Archivos Nacionales (signatura SP 14/216) y sigue sin saberse quién la escribió. Los historiadores sospechan desde hace tiempo de Francis Tresham, primo de Catesby y cuñado de Monteagle, pero nadie lo ha demostrado.

El 4 de noviembre, un primer registro encontró la leña y a un supuesto criado de Percy, cuyas explicaciones convencieron. Al rey, no: exigió una inspección más a fondo y, esa misma noche, los hombres de sir Thomas Knyvet volvieron a bajar. Esta vez encontraron la pólvora.

Tortura, Holbeche y el cadalso

En la Torre de Londres, Fawkes resistió varios interrogatorios casi sin soltar nada, para admiración del propio rey, cuenta el Parlamento británico. El 6 de noviembre, Jacobo I autorizó la tortura, y las declaraciones de los tres días siguientes ya dieron nombres. Su firma de entonces es un garabato.

Catesby y los suyos habían huido hacia las Midlands sin encontrar apoyos. El 8 de noviembre, el sheriff de Worcestershire rodeó con unos 200 hombres Holbeche House, en Staffordshire, donde se habían hecho fuertes. Catesby y Percy cayeron, al parecer, de un solo disparo.

El 27 de enero de 1606, los ocho supervivientes fueron condenados a ser ahorcados, arrastrados y descuartizados. Cuatro murieron el día 30 junto a la catedral de San Pablo; Fawkes y otros tres, el 31, frente al edificio que habían querido volar. Fawkes subió el último y se rompió el cuello al caer: se libró de lo peor, aunque lo descuartizaron igual.

Grabado antiguo de una plaza de Londres llena de gente durante la ejecución de los conspiradores, con hombres arrastrados por caballos y cadalsos
La ejecución de los ocho conspiradores supervivientes en 1606, en un grabado de Claes Jansz Visscher. Imagen: Wellcome Collection (CC BY 4.0), vía Wikimedia Commons.

La factura la pagaron los católicos ingleses, la mayoría ajenos al complot. Las leyes contra ellos se endurecieron y, según la Británica, el avance hacia la tolerancia religiosa se retrasó siglos. Tresham, por su parte, murió preso en la Torre.

Hogueras, muñecos y una máscara

En cuanto se supo que el rey seguía vivo, Londres se llenó de hogueras. Una ley de enero de 1606 hizo del 5 de noviembre un día obligatorio de acción de gracias hasta 1859. En el siglo XIX, en localidades como Lewes y Guildford, la fiesta acababa en peleas entre clases; hoy se celebra en paz.

Participantes disfrazados entre humo y chispas de fuegos artificiales durante la Bonfire Night de Lewes
La Bonfire Night de Lewes (East Sussex) en 2017, una de las celebraciones del 5 de noviembre más conocidas de Inglaterra. Foto: ragespinloss (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons.

Al muñeco que arde se le llama guy. En el siglo XIX la palabra pasó a significar alguien vestido de forma estrafalaria y, con el tiempo, perdió en muchos sitios el matiz despectivo: hoy es un tipo cualquiera, y you guys vale para un grupo de cualquier género.

La cara que hoy reconoce medio mundo la dibujó David Lloyd para el cómic V de Vendetta, de Alan Moore. Tras la película de 2005, esa máscara se volvió símbolo de protesta de Anonymous y Occupy. El historiador James Sharpe recuerda que a Fawkes se le llegó a brindar como «el último hombre que entró en el Parlamento con intenciones honradas».

La desconfianza sigue incluso en el protocolo: antes de cada apertura solemne, los Yeomen of the Guard registran ceremonialmente los sótanos, una tradición que viene de 1605, según la Hansard Society. Lo planeó Catesby, pero el nombre que se recuerda es el del soldado de la leña.

Jacobo I tenía más fobias: en 1604 publicó un panfleto contra el tabaco, el vicio que Rodrigo de Jerez, el primer europeo que fumó, había probado más de un siglo antes. La pólvora, por su parte, ya había servido, según una leyenda china, para intentar mandar al cielo a Wan Hu, el astronauta de la China de los Ming.

La historia de Guy Fawkes, en vídeo

El canal de DMAX España repasa en este vídeo la vida de Guy Fawkes y cómo su cara acabó en las máscaras de Anonymous.

La historia de Guy Fawkes, el terrorista que inspiró el movimiento “Anonymous” | Lugares legendarios

Dura algo más de cinco minutos y está en español.

Lee también: Wan Hu, un astronauta en la China de los Ming y Rodrigo de Jerez, el primer europeo que fumó tabaco

Fuentes consultadas

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