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La letrina de Erfurt: la reunión de nobles medievales que acabó en una fosa

Miniatura del Códice Manesse con Enrique VI coronado, con cetro y el escudo del águila imperial

El 26 de julio de 1184, el rey Enrique VI, hijo de Federico Barbarroja, reunió en Erfurt a obispos, condes y caballeros para poner paz entre el arzobispo de Maguncia y el landgrave de Turingia. El suelo de la sala no aguantó el peso, el de abajo tampoco, y buena parte de los asistentes acabó en la fosa de una letrina. Murieron unos sesenta. El rey se salvó porque estaba sentado en el hueco de una ventana.

Un rey de 18 años con un encargo delicado

Enrique había nacido en el otoño de 1165 y era rey de romanos desde 1169, cuando lo eligieron con tres años. En mayo de 1184 había recibido en Maguncia la espada que lo convertía en caballero, y su padre negociaba ya su boda con Constanza, la heredera de Sicilia. Ese verano Barbarroja le confió un ejército para apoyar en Polonia al gran duque Mieszko III contra su hermano Casimiro II.

De camino, Enrique paró en Erfurt para arreglar un pleito incómodo. La ciudad pertenecía al arzobispado de Maguncia, cuyos arzobispos ejercían también de señores temporales, algo que no gustaba ni a la nobleza turingia ni a los burgueses. Frente a frente estaban Conrado I, arzobispo de Maguncia y archicanciller del Imperio, y Luis III, landgrave de Turingia y sobrino del emperador. Barbarroja no podía permitirse enfadar a ninguno de los dos.

La dieta se convocó para el 25 de julio, fiesta de Santiago, y atrajo a condes, obispos y ciudadanos ilustres. Dónde se celebró no está claro: unas fuentes hablan de la prebostía de la colegiata de Santa María, junto a la actual catedral, y otras del castillo del arzobispo.

Grabado con la vista aérea de Erfurt amurallada en 1650
Erfurt en 1650, en un grabado de Matthäus Merian; la catedral es el número 1 de la leyenda. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Dos suelos y una fosa

El 26, la reunión llenaba la sala del piso de arriba. Las vigas, viejas y probablemente podridas, cedieron bajo tanto peso, y los asistentes cayeron al piso inferior, cuyo suelo se hundió también con el golpe. Debajo estaba la fosa de la letrina, que según el diario Die Welt quedaba a ras de suelo para que los criados pudieran vaciarla.

La crónica del monasterio de San Pedro de Erfurt lo cuenta sin adornos: muchos cayeron en la letrina que había debajo, algunos fueron rescatados a duras penas y otros se asfixiaron en el fango. Hubo también quien murió aplastado por las vigas y las piedras.

La crónica da los nombres de los muertos ilustres: el conde Federico de Abenberg, Enrique de Schwarzburg, Gozmar de Ziegenhain, el burgrave Federico de Kirchberg y Burchard de Wartburg, «y otros de menor nombre». Las fuentes de la época hablan de unos sesenta muertos. Crónicas posteriores llegaron a contar varios cientos, una cifra que Hardy Eidam, director del Museo de la Ciudad de Erfurt, consideraba exagerada.

Salvado por una ventana

Enrique VI y el arzobispo Conrado no estaban sobre el entarimado. Ocupaban un nicho de piedra en el muro exterior, junto a una ventana, y la obra aguantó. Allí se quedaron colgados sobre el agujero hasta que los bajaron con escaleras. El landgrave Luis III sí cayó, pero lo sacaron con vida.

El rey abandonó Erfurt de inmediato y siguió su camino. La paz entre Maguncia y Turingia quedó sin firmar.

Una letrina en cada casa

Lo raro de Erfurt fue el derrumbe, no la fosa. En la Edad Media casi cada casa tenía detrás su pozo negro, explicaba a la WDR el arqueólogo Sven Schütte, y el Espejo de Sajonia, el código legal medieval, ya fijaba distancias para evitar pleitos por los olores. Vaciarlos era caro y solo podía hacerse de noche y en invierno, así que se esperaba todo lo posible; en algunas ciudades el trabajo le tocaba al verdugo, y hubo pozos que pasaron décadas sin limpiarse.

Los estudios de esas fosas indican además que casi todo el mundo tenía parásitos intestinales: los huevos llegaban desde las letrinas al agua subterránea y de ahí a los pozos. De la letrina de Erfurt no queda nada. El terreno donde probablemente se celebró la reunión se ha reconstruido varias veces.

La catedral de Erfurt y la iglesia de San Severo sobre el Domberg
La catedral de Erfurt y la iglesia de San Severo, en el Domberg, en 2025. Foto: LupusDe, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.

Lo que vino después

Barbarroja se ahogó en junio de 1190 en el río Salef, durante la tercera cruzada, y el papa Celestino III coronó emperador a Enrique el 15 de abril de 1191. Con Constanza como esposa acabó conquistando el reino de Sicilia, pero murió en Mesina el 28 de septiembre de 1197, con 31 años, probablemente de malaria. Luis III de Turingia no le había ganado mucho tiempo a la fosa: murió el 16 de octubre de 1190, cuando volvía enfermo de la cruzada, en la travesía hacia Chipre.

En 1853, Ludwig Bechstein metió el episodio en su Libro de leyendas alemanas, y el novelista Robert Löhr lo recuperó en Krieg der Sänger.

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El desastre de Erfurt, en vídeo

El canal de divulgación Extra History dedicó este episodio a la reunión de 1184.

The Erfurt Latrine Disaster - A Meeting From Hell - European History - Extra History

Dura unos diez minutos y está en inglés.

Lee también: Sigurd el Poderoso, el vikingo al que mató el diente de un enemigo decapitado y Los Reyes Magos: ni se sabe cuántos eran ni está escrito que fueran reyes

Fuentes consultadas

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