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Balloonfest ’86: El apocalipsis de látex de Cleveland

La Terminal Tower de Cleveland vista desde la Public Square, con las fuentes de la plaza en primer plano

1.429.643. Es el número exacto de globos que soltó Cleveland (Ohio) a las 13:50 del 27 de septiembre de 1986, delante de más de 100.000 personas, para batir el récord del mundo. Lo batió. Lo que no estaba en el plan era que una tormenta los bajara a tierra todavía inflados: cerraron una pista del aeropuerto, hubo choques de coches, el lago Erie se llenó de colores y la Guardia Costera tuvo que buscar entre ellos a dos pescadores desaparecidos. Y la recaudación benéfica acabó en pérdidas.

Casi cuarenta años después, todavía se discute si aquel día fue un éxito o un desastre.

Un récord para Cleveland

A mediados de los años ochenta, Cleveland necesitaba buenas noticias. En los setenta había perdido cerca de una cuarta parte de sus habitantes y arrastraba una racha de cierres de fábricas, violencia de la mafia y contaminación del agua. La sección local de la organización benéfica United Way buscaba una campaña que atrajera a los jóvenes al voluntariado y mejorara la imagen de la ciudad, y su director de marketing, George Fraser, se fijó en la suelta de globos con la que Disneylandia (California) había celebrado su 30.º aniversario el año anterior.

La idea era superarla. El plan inicial era soltar más de dos millones de globos (2,2 millones, según The Plain Dealer), y el récord de Disneylandia estaba en algo más de un millón: entre 1 y 1,2 millones, según la fuente.

Los niños vendían el patrocinio a un dólar por cada dos globos, y con esas ventas se cubrieron 220.000 de los 500.000 dólares que costó el evento. United Way contrató a Balloonart by Treb, la empresa californiana de Treb Heining, que ya había organizado sueltas de globos en la Super Bowl y en los Juegos Olímpicos y pasó seis meses preparándolo todo. En una esquina de Public Square, en pleno centro, montaron una estructura del tamaño de una manzana (76 por 46 metros), de tres pisos de alto y cubierta con una red.

Foto en blanco y negro de la enorme estructura cubierta de red, repleta de globos, montada en Public Square (Cleveland) en 1986
La estructura de tres pisos, cubierta con una red, donde se llenaron los globos en Public Square, en el centro de Cleveland.

Dentro, 2.500 voluntarios, casi todos estudiantes de instituto, se pasaron horas llenando globos de helio, unos tres por minuto cada uno, como en una cadena de montaje. El helio llegó en cinco camiones cisterna. A los voluntarios les dieron una camiseta.

La suelta

El sábado 27 de septiembre de 1986, Public Square reunió a más de 100.000 personas, más gente de la que se había juntado allí en cuarenta años. Venía una tormenta, así que los organizadores adelantaron la suelta unos quince minutos. No fue la única vez en aquellos meses en que alguien desafió al tiempo con un globo de por medio: en enero de 1987, en Vigo, los Reyes Magos estuvieron a punto de ahogarse en la ría.

A las 13:50 se abrió la red y los globos salieron hacia el cielo alrededor de la Terminal Tower; tardaron una media hora en salir todos. Según el recuento que recogió después el libro Guinness, fueron 1.429.643. Entre el público había mimos, payasos y un Tío Sam con zancos, y un locutor de la radio local proclamó que Cleveland ya no era «el error del lago» (the mistake on the lake), el apodo con el que se burlaban de la ciudad.

Una nube de globos de colores sale de la estructura de Public Square y sube entre los edificios del centro de Cleveland
El momento de la suelta, a las 13:50 del 27 de septiembre de 1986.

Lo normal es que un globo de helio suba hasta deshincharse casi del todo antes de volver a tierra. Pero estos se toparon con un frente de aire frío y lluvia y bajaron todavía inflados, empujados por rachas de viento de hasta 70 km/h.

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Problemas en tierra, mar y aire

Los globos cayeron sobre la ciudad, las carreteras y el lago Erie. A las 14:21, el aeródromo Burke Lakefront tuvo que cerrar su pista durante media hora, hasta que la limpiaron. En la autovía Shoreway, en dirección oeste, chocaron diez coches, porque los globos rodaban por la calzada o porque los conductores miraban al cielo; no hubo heridos.

En una finca del condado de Geauga (del de Medina, según la Enciclopedia de Historia de Cleveland), los globos asustaron a los caballos árabes de Louise Nowakowski. Según la demanda, los animales sufrieron lesiones; Nowakowski pidió 100.000 dólares a United Way y llegaron a un acuerdo de cifra desconocida. Días después, las playas canadienses del otro lado del lago amanecieron llenas de globos.

Los dos pescadores

Bernard Sulzer, de 39 años, y Raymond Broderick, de 40, eran vecinos y habían salido a pescar al lago a las siete de la tarde del día 26. A las ocho y media pasó por Cleveland una tormenta muy fuerte, con vientos de 65 a 95 km/h. Pensaban volver a medianoche, y sus familias denunciaron la desaparición a la mañana siguiente, el día del Balloonfest. La Guardia Costera encontró su barca de aluminio, de casi cinco metros, fondeada al oeste del rompeolas de Edgewater Park, sin el motor ni el depósito de gasolina y con dos chalecos salvavidas flotando cerca. Por el agua que había dentro, pensó que la tormenta la había volcado y que luego se había enderezado.

La búsqueda, con un helicóptero, buzos y lanchas, tuvo que pararse cuando llegó la tormenta del sábado, ya después de la suelta. Al reanudarla, el lago estaba cubierto de globos: el helicóptero tuvo problemas para llegar a la zona, y desde las lanchas era imposible distinguir una cabeza o un chaleco naranja entre cientos de miles de globos. «Es como buscar una aguja en un pajar», dijo uno de los rescatadores. El 29 de septiembre se suspendió la búsqueda. El cuerpo de Broderick apareció en el lago más de una semana después, y el de Sulzer llegó a la orilla de Edgewater Park el 12 de octubre.

Una lancha con varias personas a bordo rodeada de globos flotando en el lago Erie
Globos flotando en el lago Erie después del Balloonfest.

La viuda de uno de ellos demandó a United Way y a la empresa organizadora por 3,2 millones de dólares por las dificultades de la búsqueda, y llegaron a un acuerdo de cifra desconocida. Pero lo más probable, según The Plain Dealer y Mental Floss, es que los dos hombres ya hubieran muerto cuando se soltaron los globos: llevaban al menos catorce horas desaparecidos, y en un agua de unos 20 grados, la temperatura media del lago en esas fechas, no se sobreviven doce horas, según la Guardia Costera Auxiliar. En 2024, el responsable de búsqueda y rescate de la Guardia Costera en la zona, Roger Rice, dijo que el Balloonfest no tuvo nada que ver con su muerte.

Los globos y el medio ambiente

Mucha gente creía entonces que los globos subirían hasta reventar y deshacerse en el aire. No fue así: atascaron canales y desagües y acabaron en las playas. Se dijo que eran biodegradables, pero hoy la Enciclopedia de Historia de Cleveland considera el Balloonfest un gran desastre ambiental. Los animales pueden tragarse los restos de los globos, y por eso las sueltas masivas son cada vez más raras; algunos estados de Estados Unidos las han prohibido.

Y la campaña benéfica, que era el motivo de todo, acabó perdiendo dinero por los sobrecostes.

El récord

Cleveland no volvió a hacerlo. La edición de 1988 del libro Guinness recogió el récord de «la mayor suelta masiva de globos», con 1.429.643, y fue la única vez: después la categoría desapareció, por motivos de seguridad según Ultimate Classic Rock. Las versiones no coinciden del todo. Según Mental Floss, antes de eso Disney lo superó en 1994, con 1.592.744 globos para promocionar Aladdin; y cuando los autores del documental Balloonfest (2017) preguntaron a Guinness en 2016, les dijeron que no tenían constancia del evento.

Vídeo: la historia del Balloonfest ’86

Un resumen en español, en menos de tres minutos, del canal Bienvenido al Holoceno.

Record Guiness Catastrófico: Liberar 1,500,000 Globos al Medio Ambiente (Balloonfest '86)

¿Éxito o desastre?

En 1986, la ciudad lo vivió como un éxito: la portada de The Plain Dealer del día siguiente fue para los globos, y en la reunión anual de United Way, días después, los globos adornaban las mesas. George Fraser, el director de marketing que tuvo la idea, lo llamó en 1994 su mayor éxito y su mayor fracaso, y en 2011 una portavoz de United Way aseguró que no volverían a hacer una suelta de globos. Con los años, sobre todo después del documental de 2017, el relato se volvió cada vez más negativo.

En 2023, el director de The Plain Dealer, Chris Quinn, repasó lo que se publicó entonces y concluyó que ninguna definición de desastre encaja con lo que pasó aquel día y que es ridículo decir que el Balloonfest mató a los pescadores. Pero cerraba con una advertencia: sabiendo lo que hoy se sabe de los globos, nadie debería volver a hacer una suelta así.

Otra idea de ocio que acabó mal: Action Park, el parque de atracciones más peligroso de Estados Unidos. Mucho más grave fue lo que ocurrió en 1978 en Tarragona, cuando un camión cisterna sobrecargado estalló junto al camping de Los Alfaques.

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Fuentes consultadas

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