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Ghostwatch: El falso documental que traumatizó a Reino Unido

Mike Smith, Michael Parkinson y Sarah Greene posan ante el rótulo luminoso de Ghostwatch en el plató de la BBC

La noche de Halloween de 1992, once millones de británicos pusieron la BBC para ver a Michael Parkinson, el entrevistador más serio del país, conducir en directo una investigación en la casa más encantada de Gran Bretaña. Hora y media después, una presentadora había desaparecido dentro de la casa, el fantasma se había apoderado de Parkinson y la centralita de la cadena echaba humo: unas 30.000 llamadas. Nada era real. Ghostwatch era una ficción escrita por el guionista Stephen Volk, pero mucha gente no se enteró hasta el día siguiente.

Génesis de una travesura televisiva

A finales de los 80 y principios de los 90, la televisión británica experimentaba con nuevos formatos narrativos. Y la BBC no quiso quedarse atrás. Ghostwatch fue idea del guionista Stephen Volk, quien inicialmente propuso una serie sobre lo paranormal, pero los ejecutivos decidieron condensarlo en un especial de 90 minutos, camuflado como una investigación en vivo.

Con un reparto de caras conocidísimas de la BBC interpretándose a sí mismas —Michael Parkinson, periodista serio y respetado; Sarah Greene, presentadora infantil; Mike Smith, marido de Greene en la vida real, y el cómico Craig Charles—, el programa tenía la credibilidad asegurada. La narrativa se basaba en la supuesta investigación de la casa de los Early, en Northolt, a las afueras de Londres, una familia atormentada por un fantasma apodado «Pipes«. El nombre, según decía la hija menor, venía del sonido de cañerías resonando en la casa. El fantasma tenía hasta biografía, la de un siniestro Raymond Tunstall, y un intérprete, Keith Ferrari, al que los espectadores más tenaces todavía se entretienen en buscar por los rincones del plano.

El realismo era la clave. Se incorporaron llamadas del «público» (interpretadas por actores) con testimonios de sucesos paranormales, cámaras en directo dentro de la casa y expertos en parapsicología. Y luego estaba Pipes, que asomaba de refilón en una docena de planos, escondido en los rincones de la casa. Casi nadie lo vio a la primera, pero quien lo veía ya no podía dejar de buscarlo.

La noche del 31 de octubre

La emisión comenzó como un especial de investigación sereno. Parkinson, con su habitual calma, guiaba el evento mientras Greene exploraba la casa junto a la familia Early. Pero a medida que avanzaba la noche, los sucesos se tornaban cada vez más perturbadores: golpes inexplicables, una figura oscura en las sombras y manifestaciones cada vez más agresivas.

Los espectadores fueron cayendo en la trampa. Lo que había empezado con tono racional acabó en pesadilla: un espejo cae y hiere a la parapsicóloga, Sarah Greene desaparece dentro de la casa y, en el estudio, el fantasma se apodera de Parkinson. El programa termina con el plató a oscuras y su voz, ya no del todo suya, hablándole a la nada.

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30.000 llamadas y un suicidio

Si la intención de la BBC era causar impacto, lo logró con creces. Unos once millones de británicos estaban delante del televisor, y la centralita de la cadena recibió alrededor de 30.000 llamadas de espectadores aterrorizados. Muchas quejas venían de padres furiosos porque sus hijos habían quedado traumatizados; tanto, que en 1994 el British Medical Journal llegó a describir dos casos de estrés postraumático en niños de diez años. No ayudaba que la presentadora Sarah Greene hubiera «desaparecido» en directo, lo que llevó a algunos a creer que realmente había muerto.

La consecuencia más dolorosa llegó cinco días después. Martin Denham, un joven de 18 años con dificultades de aprendizaje que trabajaba en una fábrica, se quitó la vida. En su casa, la calefacción hacía ruido en las cañerías, y el muchacho había acabado relacionándolo con «Pipes». Su familia culpó al programa y presentó una queja, y el organismo regulador reprochó a la BBC no haberse limitado a insinuar el engaño, sino haber buscado «deliberadamente cultivar una sensación de amenaza».

La BBC se apresuró a explicar que todo era una dramatización, pero para entonces media Inglaterra ya había pasado la noche con la luz encendida. En la era previa a Internet, donde la verificación de noticias no era instantánea, el boca a boca alimentó la leyenda. Algunas personas insistían en que el programa había desencadenado actividad paranormal real. Otros, más pragmáticos, exigieron la cabeza de los responsables.

Cartel de la experiencia inmersiva por el 30.º aniversario de Ghostwatch: una casa iluminada por focos y siluetas de un equipo de televisión
Cartel de la experiencia inmersiva organizada en 2022 por el 30.º aniversario de Ghostwatch

El escándalo fue tal que la BBC nunca lo ha vuelto a emitir. Hubo que esperar a noviembre de 2002 para que el BFI lo rescatara en vídeo y DVD por su décimo aniversario, cuando el culto en torno a Ghostwatch ya había crecido en foros de terror y teorías conspirativas. Prohibirlo fue, probablemente, la mejor campaña de publicidad que pudo tener.

Un clásico de culto

Si bien Ghostwatch fue un desastre para la BBC en su momento, con el tiempo se convirtió en una obra de culto. Su técnica influyó en el cine de terror posterior, especialmente en el subgénero de found footage (técnica cinematográfica que presenta una historia como si fuera material de vídeo real y previamente grabado, generalmente de forma amateur). The Blair Witch Project (1999), por ejemplo, usó estrategias similares para generar realismo y viralidad.

En 2007, Paranormal Activity (que no llegaría a los cines hasta 2009) también adoptó la idea de que lo aterrador es aquello que parece cotidiano y plausible. Ghostwatch había llegado quince años antes, y sin necesidad de internet.

Hoy se recuerda como el ejemplo perfecto de lo fácil que es colarle una ficción a quien cree estar viendo un informativo. Tampoco era la primera vez que la BBC le tomaba el pelo a su audiencia: en 1926 ya había sembrado el pánico con una falsa revolución en las calles de Londres, y en 1957 había enseñado la cosecha suiza de espaguetis. Y apenas un año antes de Ghostwatch, en 1991, TVE Catalunya había fingido el Apocalipsis con su propio falso informativo. En España, el engaño más largo de la radio duró casi cuarenta años: el de Elena Francis, la consejera sentimental que nunca existió.

Ghostwatch tampoco fue el único susto de la época. Doce años antes, en Las Vegas, un rumor de pasillo bastó para que medio país creyera en un hospital donde se apostaba sobre la muerte de los pacientes; trece años después, en un pueblo de Delaware, ocurriría lo contrario: un cadáver real tomado por una decoración de Halloween. En España, en 1996, fueron los propios medios los que se asustaron solos al dar por secuestrado por ETA al periodista José Luis Martín Prieto. Y la BBC aún tendría tiempo de protagonizar otro despiste memorable: el de Guy Goma, que fue a una entrevista de trabajo y acabó en directo haciendo de experto.

«Pipes» sigue acechando

Más de treinta años después, Ghostwatch sigue dando de qué hablar. Cada Halloween, nuevos espectadores descubren este experimento social disfrazado de show televisivo. Y muchos se pasan el programa entero buscando a Pipes por los rincones. La BBC, eso sí, aprendió la lección y nunca ha vuelto a intentar una broma similar.

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Vídeo: «Ghostwatch, el aterrador reportaje que sacudió Londres en 1992» (5mplicación)

El canal 5mplicación repasa en este vídeo, en español, la historia del programa y el lío que montó:

GHOSTWATCH El Aterrador Reportaje que sacudió Londres en 1992

Fuentes consultadas