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Grabado coloreado de dos dandis franceses, los Incroyables, con sombreros altos y trajes exagerados

Cuenta la historia que el 15 de enero de 1797 un mercero londinense, John Hetherington, salió a la calle con un sombrero de seda alto y reluciente dispuesto a causar sensación, y que lo consiguió: una muchedumbre lo rodeó, varias mujeres se desmayaron, los niños gritaban, los perros ladraban y un chico acabó con un brazo roto. Al día siguiente, Hetherington tuvo que responder ante el lord alcalde por alterar el orden público. La anécdota se repite en todas partes, pero nadie la contó hasta 1899, y para entonces el sombrero de copa llevaba más de un siglo de moda.

La leyenda de Hetherington

Según el relato, a Hetherington le exigieron una fianza de 500 libras, y el diario The Times salió en defensa del invento, que, decía, iba a revolucionar la forma de cubrirse la cabeza.

La historia apareció por primera vez en 1899, en una carta que Richard H. Thornton, de Portland (Oregón), publicó en la revista británica Notes and Queries, fundada en Londres en 1849, citando una nota de otra revista, The Hatters’ Gazette. No hay documentos de 1797 que la respalden, y la Wikipedia en inglés la considera apócrifa. Aun así, otras fuentes la siguen dando por buena: la Wikipedia en español afirma que Hetherington fabricó el primer sombrero de copa en 1797, y el blog de la historiadora del arte Bárbara Rosillo cuenta el tumulto como un hecho.

Un sombrero que ya existía

Lo que sí está documentado es que el sombrero de copa empezó a sustituir al tricornio a finales del siglo XVIII, quizá a partir de los antiguos sombreros de pan de azúcar. Las fechas varían incluso dentro de la Wikipedia en inglés, que en un artículo lo sitúa en la moda inglesa ya en la década de 1780 y en otro, a principios de la de 1790. En 1793, el sombrerero George Dunnage, de Middlesex, hizo en Inglaterra el primer sombrero de copa de seda, y en 1796 los dandis de París, los llamados Incroyables, lo lucían en los dibujos de Carle Vernet.

Goya pintando de pie ante un lienzo, con chaquetilla corta y un sombrero alto con velas en el ala
Goya se retrató con un sombrero alto, con velas en el ala para pintar de noche, en su Autorretrato en el taller (hacia 1790-1795), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (dominio público), vía Wikimedia Commons

En España, Goya se pintó hacia 1790-1795 en su taller con un sombrero alto, preparado con un armazón para colocar velas, porque le gustaba terminar sus cuadros con luz artificial.

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Del castor al mercurio

Antes de la seda reinaba el castor. Los sombreros de fieltro de pelo de castor estuvieron de moda en Europa entre 1550 y 1850, y la demanda llevó casi a la extinción al castor euroasiático y luego al norteamericano. Según la Wikipedia en inglés, lo que salvó a la especie fue un cambio de moda: a principios del siglo XIX, la seda fue desplazando al pelo.

El fieltro se cobraba otra víctima, el sombrerero. Para tratar el pelo se usaba una solución de nitrato de mercurio, y los vapores que soltaba al moldearlo y secarlo provocaban temblores, irritabilidad y, en los peores casos, delirio. La expresión inglesa «mad as a hatter», «loco como un sombrerero», está documentada desde 1829 en el Oxford English Dictionary, y en Danbury (Connecticut) los síntomas eran tan comunes que les llamaban «Danbury shakes». En 1934, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos calculó que el 80 % de los fabricantes de fieltro tenía temblores. Allí el mercurio se usó hasta 1941, y no lo retiró una ley: hacía falta para fabricar detonadores durante la guerra. El Sombrerero de Alicia, de Lewis Carroll, quizá aluda a todo esto, aunque el personaje parece basado en Theophilus Carter, un excéntrico comerciante de muebles.

El siglo de la chistera

Durante el siglo XIX, la chistera fue el sombrero de cualquier caballero que se preciara. Según la Wikipedia en español, se hizo muy popular en Europa hacia 1820, y en 1850 el príncipe Alberto la consagró como símbolo de respetabilidad al empezar a llevarla. En 1812, el sombrerero londinense Thomas Francis Dollman había patentado un modelo plegable con muelles, antecedente del clac que se llevaba a la ópera. Hacia 1840, el francés Antoine Gibus creó otro que se hizo muy popular, el gibus o chapeau claque, llamado así por el chasquido al abrirse. En los años cuarenta y cincuenta la chistera alcanzó su forma más extrema, con copas cada vez más altas, y en Estados Unidos la popularizó Abraham Lincoln con el modelo alto y recto llamado stovepipe, «tubo de estufa», en el que a menudo guardaba papeles y cartas. Uno de sus sombreros se conserva en el Museo Nacional de Historia Estadounidense, en Washington, y llevaba otro la noche en que lo asesinaron, en el teatro Ford, en 1865.

Abraham Lincoln de pie, con levita y su alto sombrero de copa, en el campo de batalla de Antietam en 1862
Abraham Lincoln, con su sombrero de copa, en Antietam en octubre de 1862. Foto: Alexander Gardner (dominio público), vía Wikimedia Commons

La chistera también encontró trabajo en el espectáculo. En 1814, según la Wikipedia en inglés, el mago francés Louis Comte sacó un conejo de un sombrero, el primero del que hay noticia, aunque el truco se atribuye también al escocés John Henry Anderson, nacido ese mismo año, que fue quien lo popularizó.

Después llegó el declive. Tras la Primera Guerra Mundial, los años veinte trajeron sombreros menos formales, como el bombín o el canotier; tras la Segunda, la chistera quedó reducida a la alta sociedad, la política y la diplomacia, y la contracultura de los años sesenta terminó de jubilarla. En Estados Unidos, los presidentes la llevaban en su toma de posesión desde Franklin Pierce, en 1853. Eisenhower la rechazó en 1953, John F. Kennedy la recuperó en 1961, aunque pronunció su discurso sin ella, y Lyndon B. Johnson ya no se la puso en 1965. Desde entonces, ningún presidente lo ha hecho.

Hoy sobrevive en bodas, funerales y bailes de etiqueta, en carreras de caballos como Royal Ascot o el Derby de Epsom, y en algunas instituciones británicas tradicionales, como el Banco de Inglaterra.

Las normas tardaron en jubilarla. La reforma financiera británica de 1986, el Big Bang, suprimió el sombrero obligatorio del corredor del Gobierno, y la Cámara de los Comunes no abolió hasta 1998 la regla que obligaba a ponérselo para plantear una cuestión de orden. Los delegados japoneses la llevaron en 1945 al firmar la rendición, Orwell se la puso en 1984 a los capitalistas como uniforme y Monopoly la adoptó como ficha y como sombrero de su mascota. En Harrow la siguen usando los monitores con el uniforme de domingo, y en Punxsutawney (Pensilvania), el club que cuida de la marmota el Día de la Marmota.

El divulgador The History Guy repasa en este vídeo, en inglés, la historia del sombrero de copa.

Tall: The History of the Top Hat

Una leyenda con éxito

La versión que reprodujo en 2020 Futility Closet añade más detalles: que el niño herido era hijo de un zapatero llamado Thomas y que The Times defendió el sombrero como un avance en la reforma del vestido. Ningún documento de 1797 lo confirma, y lo que sí está documentado es que, cuando Hetherington supuestamente salió a la calle, el sombrero de copa ya se veía en Londres y en París.

Otras historias del blog: la barba de Abraham Lincoln y el duelo más largo de la historia. Un siglo después de Lincoln, otro presidente asesinado iba a quedar unido a él por una lista de casualidades: las coincidencias entre Lincoln y Kennedy.

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Fuentes consultadas

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