El café de la historia - Los dos apellidos de los árbitros españoles

Los árbitros españoles y sus dos apellidos

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Los dos apellidos de los árbitros españoles

Ramos Marcos, Díaz Vega, Urízar Azpitarte, Ayza Gámez, Soriano Aladrén, Condón Uriz, Pérez Lasa, Andújar Oliver, Mejuto González, Undiano Mallenco, Iturralde González, Andradas Asurmendi, Ansuátegui Roca, Mateu Lahoz…

Conjuntos de dos apellidos que evocan dinastías con eco de señorío heráldico.

Letanías de apellidos concatenados que suenan a poesía mágica y a lista de los reyes godos, y que nos remiten a carruseles deportivos, miradas de reojo a la quiniela y, parafraseando a José Luis Perales, a domingos de fútbol metidos en casa.

Los dos apellidos, siempre

Pero, ¿por qué los árbitros de fútbol españoles siempre son mencionados con los dos apellidos sin excepción?

Hubo un tiempo en el que al árbitro de fútbol se le llamaba por su primer apellido, eso sí, siempre con el Señor delante. Hasta 1970.

Veamos…

El árbitro Ángel Franco

Hacia finales de los años 60 empezó a despuntar un joven árbitro del colegio murciano llamado, ay, Ángel Franco. Era una época en que en los campos de fútbol la hinchada no paraba de gritar lindezas al árbitro durante todo el encuentro. La prensa tampoco escatimaba titulares agresivos contra el colegiado del estilo de «Robo de Fulano«, «Mengano se ha cargado el partido» o «Un desastroso Zutano la ha vuelto a liar«.

Titular del diario Hoy: árbitro español
Deporte, prensa y poesía lírica

Franco, el árbitro, recibe una llamada

En otro plano, en 1970 se inicia el denominado Juicio de Burgos, un proceso sumarísimo contra dieciséis miembros de ETA y el ambiente estaba especialmente caldeado, con fuertes presiones internas y externas con manifestaciones en todo el mundo contra el régimen.

Y en diciembre de ese 1970 al colegiado Ángel Franco le tocó arbitrar el derbi vasco que iba a enfrentar a la Real Sociedad con el Athletic de Bilbao. Por San Sebastián corría la consigna que había que «acabar con este Franco y luego con el de Madrid».

Unos días antes del partido, Ángel Franco recibe una extraña invitación; el canónigo de la catedral de Murcia le convoca para tener con él una reunión privada. El colegiado Franco, escamado, se hace acompañar por el presidente del colegio de árbitros de Murcia y en la reunión aparece por sorpresa el secretario personal del Ministro de Gobernación.

La orden fue clara y tajante: debía ponerse enfermo y que le sustituyeran para que no se montase jaleo con las consignas coreadas hacia su apellido. Le ordenaron no contar a nadie el asunto e incluso le hicieron jurar que no se lo explicaría ni a su esposa.

Al día siguiente, pasó un parte de lesión durante un entrenamiento al Comité y fue oportunamente sustituido por otro árbitro con apellido menos polémico: Antonio Camacho.

Por otra parte, en todos los periódicos de España empezaron a llegar sibilinas directrices para que en lo sucesivo se refiriese a los árbitros con los dos apellidos. Y así hasta el día de hoy.

Portadas de los diarios Marca y As
La vida es del color del cristal con que se mira

A nuestro protagonista, Franco Martínez, desde entonces, se le negó la posibilidad de pitar una final de la Copa debido a que siempre acudía el dictador al palco a entregar el trofeo al ganador y aunque a él nunca le comunicaron oficialmente el motivo, no es muy difícil de adivinar.

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Una vez muerto Francisco Franco, al Franco árbitro, casualmente, le asignaron tres finales de Copa: la de 1978, la de 1980 y la de 1984. No en vano estaba considerado uno de los mejores árbitros españoles de su tiempo e incluso pitó la semifinal entre Italia y Holanda del Mundial de Argentina de 1978.

No te chutes, practica deporte, hazte árbitro
Nada más que añadir, señoría (Fuente: Twitter)

En la actualidad ostenta el cargo de vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Tuvo una larga y exitosa carrera y, años después, entrevistado sobre todo el turbio asunto de su fortuita implicación en la implantación de los dos apellidos en la denominación de los colegiados, él quita importancia al asunto pero confiesa que tardó años en explicar a su mujer la verdad sobre aquella inoportuna lesión que le impidió arbitrar aquel derbi vasco de 1970.

¿La razón? Muy simple: Estaba bajo juramento.

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