Saltar al contenido

Mad Jack Churchill, el oficial que combatió con arco, espada y gaita

Jack Churchill, espada en mano, encabeza un ejercicio de desembarco de los comandos británicos en Inveraray, Escocia, en 1941

Para sus hombres era «Mad Jack». John Malcolm Thorpe Fleming Churchill, oficial británico, fue a la Segunda Guerra Mundial con espada escocesa, gaita y, cuando podía, arco largo, un equipaje de novela de Walter Scott. Ganó la Cruz Militar en Francia en 1940, cayó prisionero en Yugoslavia en 1944 y, tras una primera fuga fallida, se escapó de los alemanes en 1945. Murió en 1996, a los 89 años, sin parentesco con el primer ministro.

Gaitas en Birmania, flechas en Oslo

Nació el 16 de septiembre de 1906 en Surrey, durante un permiso de su padre, que dirigía las Obras Públicas de Hong Kong y Ceilán. Salió de Sandhurst y en 1926 entró en el Regimiento de Manchester, que lo mandó a Birmania. Allí cruzaba los puentes del tren empujando la moto por los raíles, y en Maymyo aprendió a tocar la gaita con el gaitero mayor de los Cameron Highlanders. Ser inglés no le pareció un obstáculo.

En 1936, de vuelta en Inglaterra, la vida de cuartel le aburrió tanto que pidió la baja. Recorrió Europa y se buscó la vida como arquero de reparto en el cine y como gaitero. En el verano de 1939 representó a Gran Bretaña en el Mundial de tiro con arco de Oslo, donde quedó el 26.º de 37. Al mes siguiente estalló la guerra y el Ejército, que lo tenía en la reserva, lo llamó.

Una flecha en L’Épinette

Llegó a Francia con su arco, que usó en patrullas frente a la línea Maginot. Con la ofensiva alemana de mayo de 1940, su compañía quedó atrapada en L’Épinette, cerca de Béthune. Churchill aguantó con dos ametralladoras hasta agotar la munición y sacó de noche a los supervivientes a través de las líneas enemigas. Le concedieron la Cruz Militar. Poco después lo hirieron, y cargó toda la vida con una bala en el hombro.

El comandante Jack Churchill examina un cañón belga de 75 milímetros capturado durante la Segunda Guerra Mundial
Jack Churchill, entonces comandante, examina uno de los cuatro cañones belgas de 75 mm capturados. Foto de dominio público, vía Wikimedia Commons.

La flecha es lo más famoso y lo más resbaladizo. Según la versión más repetida, abatió de un flechazo al primer alemán que apareció, el único caso conocido de un enemigo muerto con arco largo en toda la guerra. Un especialista en arquería que ha estudiado el caso da por bueno el impacto, pero cree posible que lo rematara un disparo de fusil. Y un veterano que sirvió después a sus órdenes recordaba la espada y la gaita, pero nunca le vio un arco.

La gaita suena en Vågsøy

Tras Dunkerque, fue de los primeros voluntarios de los comandos. El 27 de diciembre de 1941 era el segundo al mando en el asalto a Vågsøy, en Noruega, para volar, entre otras cosas, fábricas de aceite de pescado. Se puso unos botones de plata conseguidos en Francia, se colgó la espada (a él se atribuye la máxima de que un oficial que entra en combate sin espada va mal vestido) y encabezó el desembarco tocando la gaita. Volvió herido otra vez.

Comandos británicos en combate entre el humo durante el asalto a Vågsøy, en Noruega, el 27 de diciembre de 1941
Comandos británicos en acción durante el asalto a Vågsøy (Noruega), el 27 de diciembre de 1941. Foto de dominio público, vía Wikimedia Commons.

En julio de 1942 recibió el mando del 2.º Comando, que llevó por Sicilia y después a Salerno. Allí sus hombres tomaron la aldea de Pigoletti con sus 42 defensores, además de un mortero de 81 milímetros y su dotación. Por aquellos combates lo propusieron para la Cruz Victoria, la máxima condecoración británica al valor; se quedó en la Orden de Servicios Distinguidos, que acabaría recibiendo dos veces.

Un túnel en Sachsenhausen

La racha se cortó en la isla yugoslava de Brač, a primeros de junio de 1944, en una maniobra de distracción en apoyo de Tito. Churchill subió de noche tocando la gaita, llegó a la cima con un puñado de hombres y cayó herido y prisionero. A las 48 horas escribió al jefe alemán para agradecerle el trato e invitarlo a cenar después de la guerra. Según su obituario, aquella nota le salvó la vida al alemán cuando los yugoslavos quisieron fusilarlo.

Los alemanes lo tomaron por pariente del primer ministro y lo llevaron a Berlín. Acabó en Sachsenhausen, junto a presos ilustres como el excanciller austriaco Kurt von Schuschnigg, y pasó un mes encadenado al suelo de una celda. En septiembre de 1944 salió por un túnel con Jimmy James, un oficial de la RAF veterano de la Gran Evasión. A los quince días los atraparon en Rostock, junto al Báltico.

Cumplidos cinco meses de celda, pasó por Dachau y acabó en un campo austriaco cerca del paso del Brennero. Una noche de abril de 1945 fallaron los focos y se escabulló. Cruzó los Alpes comiendo verduras robadas hasta dar con los estadounidenses en el norte de Italia, cerca de Trento según su propio relato. Luego lo enviaron a la India para invadir Japón, pero la guerra acabó antes. A un amigo le dijo que, de no ser por «esos malditos yanquis», habrían podido alargarla diez años más.

Mad Jack Churchill, en vídeo

El canal Mira la Historia dedica este vídeo a Mad Jack y a su faceta de arquero en plena Segunda Guerra Mundial.

Mad Jack - Un Arquero Británico Durante la Segunda Guerra Mundial

Después de la guerra se estrenó en paracaídas el día que cumplía 40 años y en 1948 ayudó a evacuar el hospital Hadassah de Jerusalén. En 1955 remontó el Severn sobre su ola de marea, unos dos kilómetros y medio en una tabla casera; se cree que nadie lo había hecho antes. Se retiró en 1959 y murió el 8 de marzo de 1996. Su arco era pariente lejano del que hizo famosos a los arqueros de Agincourt, a los que una leyenda atribuye el origen de la V con los dedos. Y en aquellas mismas semanas de 1945, otros presos ilustres de los nazis vivieron la insólita batalla del castillo de Itter.

Explora

Consulta el mapa de las historias

Con borde blanco, los países de esta historia. Pulsa cualquier país para ver lo que ocurrió allí, o viaja por épocas y décadas.

Fuentes consultadas

Siguiente historia

Cuadro de Alma-Tadema en el que Agripa baja una escalinata de mármol, seguido de su séquito, para recibir a los visitantes que le esperanPalabras, costumbres y tradiciones inverosímilesEl nomenclátor romano, el esclavo que le soplaba los nombres a su amoEn la Roma de Cicerón, llamar a un votante por su nombre era la forma más barata de ganárselo. Como nadie retiene a media ciudad en la cabeza, los políticos romanos se…Leer la siguiente historia →¿Te quedas con ganas de más?Sorpréndeme con otra historiaTirar el dado →

El boletín del Café

No te pierdas la próxima historia

Episodios reales, documentados y profundamente desconcertantes. Cada semana publicamos una nueva historia.

Suscribirme gratis →Por correo o con avisos en el navegador, como prefieras.

Quién escribe

Comparte esta historia

¿Te gusta El Café de la Historia? Añádenos como fuente preferida y verás más historias nuestras en Google.