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Las 5 leyes de la estupidez humana de Carlo M. Cipolla

Pintura de Bruegel en la que una fila de ciegos con bastones avanza por un camino y el primero cae a una zanja arrastrando al siguiente

En 1976 apareció en Bolonia un folleto anónimo, escrito en inglés y dedicado expresamente al dominio público, que se tomaba muy en serio un asunto que casi nadie se había atrevido a medir: la estupidez humana. Lo firmaba, sin firmarlo, Carlo M. Cipolla, un respetado historiador de la economía, catedrático en Berkeley y autor de libros sobre historia monetaria y población. Su conclusión, expuesta en cinco leyes, era poco tranquilizadora: hay más estúpidos de los que creemos, están en todas partes y son más peligrosos que los ladrones.

Un historiador serio con un ensayo en broma

Cipolla nació en 1922, se licenció en Pavía en 1944 y estudió después en París y en la London School of Economics. Dio clase en media Italia y, desde finales de los años cincuenta, también en la Universidad de California en Berkeley, y llegó a ser miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de la Sociedad Filosófica Estadounidense.

Entre libro y libro, escribió dos ensayos humorísticos que hizo circular en inglés entre sus amigos: uno de 1973 sobre el papel de las especias, y en especial de la pimienta negra, en el desarrollo económico medieval (la Wikipedia en italiano le da otro título: «Pimienta, vino (y lana) como elementos determinantes del desarrollo económico de la Edad Media»), y el de la estupidez, de 1976. En 1988 los publicó juntos en italiano con el título Allegro ma non troppo, y en español se conocen sobre todo como Las leyes fundamentales de la estupidez humana. Según esa misma Wikipedia, el libro vendió 350.000 ejemplares en Italia y se tradujo al menos a trece idiomas; el original inglés no se publicó como libro hasta 2011.

Primera ley: siempre hay más de los que crees

La primera ley dice que, siempre e inevitablemente, cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. Cipolla se negaba a dar una cifra, porque cualquier estimación se quedaría corta, así que llamó σ (sigma) a la proporción de estúpidos de una población y siguió adelante.

Segunda ley: la estupidez no entiende de títulos

Pintura del Bosco en la que un falso cirujano con un embudo en la cabeza abre la cabeza de un hombre sentado, junto a un monje y una monja con un libro sobre la cabeza
La extracción de la piedra de la locura, atribuida al Bosco, en el Museo del Prado: un charlatán con un embudo por sombrero «opera» a un incauto. Dominio público, Wikimedia Commons.

La segunda ley sostiene que la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica suya. Para demostrarlo, Cipolla contaba con toda la seriedad del mundo que había estudiado universidades de todo el mundo, divididas en obreros, administrativos, estudiantes, gestores y profesores, y que en todos los grupos había encontrado la misma fracción σ. Desconcertado, amplió el estudio a una élite indiscutible, los premios Nobel, y el resultado fue el mismo.

Tercera ley, la ley de oro: perder y hacer perder

La tercera, que Cipolla llamaba la ley de oro, define al estúpido como la persona que causa un daño a otra persona o a un grupo sin obtener ningún beneficio para sí misma, e incluso perjudicándose. De ahí sale su famosa clasificación, que se dibuja con dos ejes, lo que uno gana o pierde y lo que hace ganar o perder a los demás:

  • Los incautos, que pierden ellos para que ganen otros.
  • Los inteligentes, que ganan ellos y hacen ganar a los demás.
  • Los malvados, o bandidos, que ganan a costa de que otros pierdan.
  • Los estúpidos, que hacen perder a los demás sin ganar nada, y a menudo pierden también.
Gráfico de ejes cartesianos con los cuatro tipos de personas de Cipolla: inteligentes, incautos, malvados y estúpidos, según el beneficio o la pérdida para uno mismo y para los demás
El gráfico de Cipolla: en un eje, lo que uno gana o pierde; en el otro, lo que hace ganar o perder a los demás. Gráfico: Wiki LIC, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

Lo que hace peligroso al estúpido, explica Cipolla, es que las personas razonables no consiguen imaginar un comportamiento que no lo es. Al malvado se le entiende: tiene una racionalidad retorcida, pero racionalidad al fin. Al estúpido no hay manera de anticiparlo, así que defenderse de él resulta casi imposible.

Cuarta ley: los listos tampoco aprenden

La cuarta ley dice que los no estúpidos subestiman siempre el poder dañino de los estúpidos, y en particular olvidan que tratar o asociarse con ellos resulta, en cualquier momento, lugar y circunstancia, un error que se paga caro. Que los incautos no lo vean, decía Cipolla, no tiene nada de raro; lo asombroso es que tampoco lo vean los inteligentes ni los malvados.

Vídeo: las cinco leyes de la estupidez humana

En este vídeo, el canal Edén de la Filosofía repasa en unos siete minutos las cinco leyes de Cipolla.

Las 5 leyes de la ESTUPIDEZ Humana |Cipolla

Quinta ley: más peligroso que un ladrón

La quinta ley, la más citada, afirma que el estúpido es el tipo de persona más peligroso que existe, y su corolario, que es más peligroso que el malvado. El razonamiento es de economista. Un ladrón perfecto, que te quita cien libras sin causarte ningún otro daño, solo traslada riqueza de un bolsillo a otro, y la sociedad en su conjunto se queda igual. El estúpido, en cambio, destruye riqueza sin que nadie se la quede, y la sociedad entera se empobrece.

Cipolla remataba con una teoría de la decadencia de las naciones. La proporción σ de estúpidos es la misma en todas, pero en los países que prosperan hay una proporción inusualmente alta de gente inteligente que los mantiene a raya. En los que van cuesta abajo, en cambio, proliferan entre quienes mandan los malvados con su toque de estupidez, y entre quienes no mandan, los incautos.

Otras historias del blog: la ley de Godwin y el efecto Streisand, otras dos leyes de la vida moderna, y los premios Darwin.

Lee también: Tavolara, el reino más pequeño del mundo y Las cabezas falsas de Modigliani: la broma de tres estudiantes que engañó a los expertos

Fuentes consultadas

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