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Jaguares a bordo: los tigres de Cortés en alta mar

Un jaguar macho camina por la orilla arenosa de un río, con la hierba alta detrás

El marinero subió por el mástil todo lo deprisa que pudo, pero el jaguar fue más rápido: lo atrapó de un salto. Sus compañeros lo rescataron «ya medio muerto», según el cronista Pedro Mártir de Anglería, y fue de los que tuvieron suerte. Aquella noche, en pleno Atlántico, el animal hirió a siete hombres y mató a dos. Viajaba en una de las naves que Hernán Cortés había despachado desde Veracruz en diciembre de 1522, con el tesoro de Moctezuma y tres jaguares vivos para impresionar al emperador.

Tres tigres en jaulas de buenos palos

Cortés quería quedar bien con Carlos V. Con el quinto del rey, la parte del botín de la conquista de México que le correspondía a la Corona, mandó oro, joyas, máscaras, plumería, aves exóticas y tres «tigres», que es como llamaban los españoles a los jaguares. Según Pedro Mártir de Anglería, que se enteró de todo en la corte, los habían criado desde cachorros, y viajaban en jaulas «de buenos palos compaginados»: dos en una nave y el tercero en la otra. Las naves salieron de Veracruz el 20 de diciembre de 1522, rumbo a Sevilla.

Portada grabada de las Décadas De orbe novo de Pedro Mártir de Anglería, con el título en latín dentro de un marco decorado
Portada de «De orbe novo» (1530), las Décadas del Nuevo Mundo en las que Pedro Mártir de Anglería contó el episodio del jaguar. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

El jaguar suelto

Una noche, con los golpes de una tormenta, una de las jaulas se abrió lo justo para que el jaguar saliera. El animal, escribe Pedro Mártir, fue «saltando por la nave» y «se ensañó por todas partes».

Hirió a siete hombres y mató a dos. «A uno le quitó un brazo, a otro la pantorrilla, a otros los hombros», cuenta el cronista. A un marinero que intentaba ponerse a salvo trepando por el mástil lo atrapó de un salto; sus compañeros lo rescataron «ya medio muerto», pero salió adelante.

Al final, todos los que había a bordo echaron mano de picas, espadas y cualquier cosa con filo. Acosado y lleno de heridas, el jaguar acabó saltando al mar. Y para que el otro no hiciera lo mismo, lo mataron dentro de su jaula.

Dos versiones

Del tercer jaguar, el de la otra nave, Pedro Mártir solo dice que lo traían, según su informante, un tal Benavides. Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés y autor de la «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España», lo cuenta de otra manera: se soltaron dos de los tres, hirieron a unos marineros, y al que quedaba lo mataron «porque era muy bravo y no se podían valer con él». Estas son las dos versiones, tal como las dejaron escritas sus autores.

Grabado de Bernal Díaz del Castillo, anciano, calvo y con barba blanca, gola y armadura, con jinetes al fondo
Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés y autor de la «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España», en un grabado. Vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

«Todos los que había acudieron con las picas, espadas y toda clase de armas, y acosándole con muchas heridas le hicieron saltar al mar. Y para que el otro no hiciera otro tanto, le mataron en la jaula. El tercer tigre dice Benavides que le traen en la otra nave».

Pedro Mártir de Anglería, Décadas del Nuevo Mundo, libro VIII, capítulo II

«Partieron del puerto de la Veracruz, que fue en veinte días del mes de diciembre de mil e quinientos e veinte y dos años, y con buen viaje desembarcaron por la canal de Bahama. Y en el camino se le soltaron dos tigres de los tres que llevaban e hirieron a unos marineros, y acordaron de matar al que quedaba porque era muy bravo y no se podían valer con él, y fueron su viaje hasta la isla de la Tercera. […] E ya que iba con los dos navíos camino de España, no muy lejos de aquella isla topa con ellos Juan Florín, francés corsario, y toma el oro y navíos».

Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, capítulo CLIX

El corsario Juan Florín

En la isla Tercera, en las Azores, el capitán Antonio de Quiñones murió de un golpe en la cabeza tras una pelea por una mujer, según cuenta Bernal. Y poco después de zarpar de allí les salió al paso el corsario francés Jean Fleury, Juan Florín para los españoles, que se quedó con las naves y con el oro. Según la Wikipedia, una tercera nave, la Santa María de la Rábida, logró escapar. Parte del botín acabó como regalo para el rey de Francia, Francisco I.

A Florín no le duró mucho la suerte. Volvió a intentarlo, lo apresaron y lo llevaron a Sevilla, y cuando iba camino de la corte, Carlos V ordenó ejecutarlo: lo ahorcaron en el Puerto del Pico, en la sierra de Gredos, en 1527.

Vídeo: Hernán Cortés, entre Dios y el diablo

Para conocer mejor al hombre que mandó los jaguares, este documental de TV UNAM repasa en algo más de una hora la vida de Hernán Cortés.

Hernán Cortés - Un hombre entre Dios y el diablo

El jaguar del emperador

Carlos V acabó teniendo su jaguar. En 1526 le llegó a Toledo un cachorro, y el hombre que había amaestrado el león con el que cazaba el emperador, que acababa de morir, se ofreció a domarlo. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo fue a verle a una huerta a las afueras de la ciudad, se lo encontró con el animal fuera de la jaula, «muy doméstico, atado con muy delgada cuerda», y le aconsejó buscarse otro oficio. El domador no le hizo caso. A los ocho días, el jaguar casi lo mata.

Poco después el animal murió, «o su maestro le ayudó a morir, lo cual creo yo más», escribió Oviedo, que llegó a la misma conclusión que los marineros de 1522: «tales animales no son para entre gentes».

Otra fiera con un viaje insólito: aquí contamos la historia de Wojtek, el oso que se fue a la guerra con el ejército polaco. Y si lo que te interesa es lo que el mar devuelve, en 2001 empezaron a llegar a la costa de Rabo de Peixe, en las Azores, los fardos de cocaína que había escondido el patrón de un velero averiado. Otros pasajeros poco habituales en un barco, ya en el siglo XVIII, fueron Jeanne Baret, disfrazada de criado, y sus 6.000 plantas. De aquellos primeros barcos también habla la historia de Rodrigo de Triana, el vigía de 1492 y la recompensa de Colón. Otra historia de felinos, esta muy seria, es la de Don Lewis.

Lee también: El baile de los 41: la redada de 1901 que convirtió un número en estigma y después en símbolo y El pleito de los delfines de Candás, un juicio en el mar

Fuentes consultadas

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