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La bahía Lituya, con agua turquesa, una colina cubierta de bosque y las montañas nevadas de la cordillera Fairweather al fondo

Bill Swanson se despertó con el barco temblando y, al mirar hacia el fondo de la bahía, vio algo que después nadie quiso creerle: el glaciar Lituya parecía levantarse en el aire, saltando y temblando, mientras se le caían trozos de hielo enormes. Era la noche del 9 de julio de 1958, todavía con luz, en la costa de Alaska. Un terremoto acababa de lanzar al agua 30 millones de metros cúbicos de roca, y el agua desplazada arrasó el bosque hasta 524 metros de altura en la ladera de enfrente, la marca más alta que ha dejado nunca un tsunami. En la bahía había tres barcos de pesca con seis personas a bordo. Sobrevivieron cuatro.

Una bahía con mala fama

La bahía Lituya es un fiordo en forma de T, de unos 11 kilómetros de largo y 3 de ancho (14,5 por 3,2, según otra entrada de la Wikipedia), en la costa sureste de Alaska, dentro de lo que hoy es el parque nacional de Glacier Bay. Su entrada, de unos 300 metros de ancho, tiene unas corrientes de marea tan traicioneras que el 13 de julio de 1786 se tragaron dos botes y una barcaza de la expedición francesa de La Pérouse con 21 hombres (el Alaska Earthquake Center y el Anchorage Daily News sitúan por error su paso por la bahía en 1798). El navegante llamó Cenotafio, «tumba vacía», a la isla del centro de la bahía y levantó allí un monumento a sus muertos.

Grabado coloreado de dos botes zozobrando entre olas a la entrada de la bahía Lituya, con montañas nevadas al fondo
Los botes de la expedición de La Pérouse zozobran a la entrada de la bahía Lituya el 13 de julio de 1786. Grabado coloreado a mano (dominio público).

Los dos brazos del fondo de la T, las ensenadas Gilbert y Crillon, siguen el trazado de la falla de Fairweather. El 9 de julio de 1958, a las 22:15, esa falla se movió y provocó un terremoto de magnitud 7,8 (8,3 según el Anchorage Daily News; la Wikipedia da un margen de 7,8 a 8,3) que se notó en un millón de kilómetros cuadrados, de Seattle a Whitehorse. En la ensenada Gilbert, unos 30 millones de metros cúbicos de roca, alrededor de 90 millones de toneladas, se desprendieron de la pared y cayeron al agua desde varios cientos de metros de altura, casi de una pieza. El golpe se oyó a 80 kilómetros.

La ola que subió 524 metros

El agua desplazada salió disparada contra la ladera de enfrente y subió por ella hasta 524 metros sobre el nivel de la bahía (1.720 pies; el resumen del informe de Don J. Miller y el Anchorage Daily News dan 1.740, unos 530 metros), arrancando árboles, tierra y todo lo que encontró. Esa cifra, la mayor desde que hay registros, no es la altura de una ola en mar abierto, sino la de la salpicadura: el propio Howard Ulrich, que la vio nacer, dijo después que la ola no subió 1.800 pies, sino que el agua salpicó hasta allí. La ola que recorrió luego la bahía tenía, según los testigos, entre 15 y 30 metros (un modelo a escala 1:675 calculó que, recién nacida, su cresta rondaba los 150), avanzó a entre 156 y 209 kilómetros por hora, según los cálculos de Miller, y dejó una franja de bosque arrasado de hasta 213 metros de altura alrededor de toda la bahía.

Vista aérea en blanco y negro de la bahía Lituya en 1958, con la franja de bosque arrasado por la ola en las laderas
La bahía Lituya poco después del megatsunami de 1958: las zonas claras de las laderas son el bosque arrasado por el agua. Foto: D. J. Miller, Servicio Geológico de Estados Unidos (dominio público).

Por eso se habla de megatsunami: no fue el terremoto el que levantó el mar, como en un tsunami corriente, sino una montaña que se cayó al agua. Durante décadas se discutió el mecanismo. Un estudio de 1999 lo atribuyó a la caída de la roca, como si fuera el impacto de un asteroide, y otro de 2010 propuso un «deslizamiento doble», en el que la roca arrancó unos 400 metros de hielo del frente del glaciar Lituya y liberó una masa de sedimentos varias veces mayor. En 2019, el grupo EDANYA de la Universidad de Málaga reprodujo la ola con su modelo Landslide-HySEA y consiguió llegar a la marca de los 524 metros.

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La bahía ya había tenido olas gigantes antes: en 1854 el agua subió unos 120 metros por las laderas; en 1899, 60, y en 1936, 150. Miller añade otra hacia 1874, de unos 24 metros.

Tres barcos en la entrada

Aquella noche había tres barcos de pesca fondeados cerca de la entrada. En el Edrie estaban Howard Ulrich y su hijo de siete años. Ulrich vio nacer la ola en la ensenada Gilbert («como una explosión», contó) y, como no pudo levar el ancla, soltó toda la cadena, arrancó el motor y puso la proa hacia el agua. A mitad de camino, la ola parecía una pared de orilla a orilla; al llegar, el Edrie subió con ella, la cadena se partió y el barco fue arrastrado hacia la costa sur, probablemente por encima de ella, y devuelto luego al centro de la bahía. Ulrich recuperó el control, sorteó durante media hora olas de hasta seis metros y a las once de la noche salió de la bahía con su hijo.

El Badger, de Bill y Vivian Swanson, estaba fondeado en Anchorage Cove, en la orilla norte, junto a la entrada. La ola lo levantó con el ancla todavía echada y lo llevó de popa, como una tabla de surf, por encima de la lengua de tierra de La Chaussee; Swanson calculó que pasaron a unos 25 metros sobre las copas de los árboles. El barco tocó fondo y se hundió ya en mar abierto, pero el matrimonio consiguió subir a un bote auxiliar y otro pesquero los recogió unas dos horas después. Peor suerte tuvo el matrimonio Wagner, del Sunmore, que había levado el ancla e intentaba salir de la bahía cuando los alcanzó la ola. Nunca se volvió a saber de ellos.

Ladera de la bahía Lituya en 2010 con la línea que separa el bosque viejo de la vegetación que creció después de la ola
La huella del megatsunami de 1958 todavía se veía en las laderas de la bahía Lituya en 2010. Foto: Pohopetch (CC BY-SA 3.0).

El geólogo Don J. Miller, del Servicio Geológico de Estados Unidos, recogió los testimonios de Ulrich y de los Swanson y midió la línea de árboles arrasados, que todavía hoy separa el bosque viejo del nuevo y se distingue incluso desde el espacio. Su informe de 1960, Giant waves in Lituya Bay, sigue siendo la referencia.

Lituya ya no está sola

El 10 de agosto de 2025, de madrugada, más de 64 millones de metros cúbicos de roca (63,5 millones, según el servicio geológico danés) se desplomaron sobre el fiordo de Tracy Arm, también en el sureste de Alaska, y el agua dejó su huella a 481 metros de altura en la pared de enfrente. Es el segundo registro más alto de la historia, solo por detrás de Lituya. El estudio publicado en Science en 2026 atribuye el desprendimiento al retroceso del glaciar, causado por el cambio climático, y lo presenta como un accidente evitado por poco en un fiordo muy frecuentado por cruceros.

Vídeo: la simulación del megatsunami de Lituya

El grupo EDANYA de la Universidad de Málaga recreó con su modelo numérico la caída de la roca y la ola de 1958. Esta es su simulación.

Tsunami in Lituya Bay

Una marca que sigue en las laderas

Las cifras de Lituya varían algo según la fuente (524 o 530 metros; magnitud 7,8 u 8,3), pero no lo esencial: una roca caída de una vez en un fiordo estrecho levantó el agua más alto que nunca, y la línea del bosque arrasado sigue marcando las laderas. Tracy Arm, en 2025, recordó que puede volver a pasar.

Otras historias del blog: Whittier, el pueblo que vive bajo un mismo techo.

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Fuentes consultadas

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