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La batalla de Caransebes: el ejército austriaco que se atacó a sí mismo

Grabado coloreado de 1789 con jinetes austriacos y un prisionero turco en primer plano y una batalla al fondo

País: Austria, Rumanía · Época: Edad Moderna

El 24 de septiembre de 1788, el ejército otomano llegó a Caransebes, en la actual Rumanía, dispuesto a pelear, y se encontró muertos y heridos por el suelo y una ciudad que nadie defendía. Dos noches antes, las tropas del emperador José II se habían disparado entre ellas en plena oscuridad, convencidas de que tenían al enemigo encima. Ese pánico está documentado. La versión que se cuenta hoy, con barriles de aguardiente, húsares borrachos y un «¡Halt!» confundido con «¡Alá!», se escribió medio siglo después y fue engordando con cada relato, hasta llegar a unas diez mil bajas que nadie ha sabido justificar.

Una guerra que José II no quería

Rusia y el Imperio otomano se enfrentaron doce veces entre 1568 y 1918, y en la guerra que estalló en 1787 Austria entró por compromiso. José II, emperador del Sacro Imperio y hermano de María Antonieta, estaba aliado con Catalina la Grande desde 1781 y se sintió obligado a echarle una mano. Declaró la guerra a los turcos en febrero de 1788 con una campaña mal preparada y pocas ganas, porque tenía revueltas en los Países Bajos austriacos y a Prusia vigilándole la espalda.

Retrato del emperador José II de perfil, con casaca verde de cuello rojo y condecoraciones
El emperador José II, en un retrato a partir de Joseph Hickel (dominio público)

En julio, los otomanos cruzaron el Danubio y entraron en el Banato. El emperador acudió con unos cien mil hombres de procedencias muy distintas: austriacos, rumanos, serbios de la frontera militar, croatas, italianos de Lombardía y otras minorías, muchos de los cuales no se entendían entre sí ni entendían a sus oficiales, que mandaban en alemán. A mediados de septiembre acamparon junto a Caransebes, a orillas del río Timiș. Conviene aclarar que aquel ejército era el de la monarquía de los Habsburgo: el Imperio austrohúngaro no existió hasta 1867.

La noche del aguardiente, según el relato tradicional

Lo que pasó la noche del 21 al 22 de septiembre se cuenta casi siempre igual. Una avanzadilla de húsares cruzó el Timiș para buscar a los turcos, no los encontró y dio en su lugar con unos vendedores ambulantes de aguardiente: gitanos, según unas versiones, y campesinos valacos, según otras. Compraron un barril y se pusieron a beber. Cuando llegó la infantería y pidió su parte, los húsares se negaron a compartir, levantaron una barricada alrededor de los barriles y la discusión acabó con un disparo.

A partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Alguien gritó «¡Turcii! ¡Turcii!», los húsares huyeron convencidos de que llegaba el enemigo y la infantería salió corriendo detrás. Los oficiales intentaron frenar la desbandada a gritos de «¡Halt! ¡Halt!», que los soldados que no sabían alemán entendieron como el «¡Alá!» de los otomanos. Al ver llegar a los jinetes a la carrera, el general de artillería Colloredo creyó que era una carga turca y mandó abrir fuego. El campamento entero despertó en mitad de una batalla contra sí mismo.

Puente metálico sobre el río Timiș en Caransebeș, con árboles en las orillas
El río Timiș a su paso por Caransebeș, el que según el relato tradicional cruzaron los húsares aquella noche (foto: Oguszt, CC BY-SA 3.0)

Al emperador, según una historia escrita en el siglo XIX, el pánico lo separó de su escolta y anduvo perdido en la oscuridad; llegaron a darlo por prisionero hasta que apareció en Caransebes acompañado de un solo hombre. Otras versiones lo tiran al río o a un charco de barro. La moral quedó tan tocada que José II ordenó la retirada.

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Cuánto hay de cierto

El problema de esta historia es de dónde sale. Que el ejército austriaco sufrió un ataque de pánico, se disparó a sí mismo y perdió Caransebes sin presentar batalla lo recogen periódicos alemanes de octubre de 1788 y una revista militar austriaca de 1831. El barril, los gitanos y el «¡Halt!» aparecen en la biografía de José II que Anton Johann Gross-Hoffinger publicó en 1847, casi sesenta años después, y se hicieron famosos gracias a libros de divulgación como The Hinge Factor, de Erik Durschmied. Los historiadores sospechan que el relato tradicional rellena con detalles pintorescos los huecos de una documentación que los austriacos no tenían ningún interés en ampliar.

Con las bajas ocurre lo mismo. Las fuentes de la época no distinguen entre las víctimas del fuego amigo, las que causaron los turcos y las que dejaron los saqueos. Un parte habla de 150 bajas en la retaguardia; otro, de mil heridos llevados a la fortaleza de Arad; un tercero, de algo más de quinientos desaparecidos que en su mayoría volvieron a filas. Se perdieron tres cañones y la caja con la paga del ejército. Las estimaciones fiables hablan de entre quinientos y mil doscientos muertos y heridos. Las diez mil bajas que repiten tantos artículos salen de una biografía de José II publicada en 1968 por Paul Bernard, que no decía de dónde las sacaba, y de ahí pasaron a libros como el de Geoffrey Regan sobre las grandes pifias militares.

Lo que de verdad diezmó a los austriacos aquel año fue otra cosa. Según los partes oficiales, la inmensa mayoría de las decenas de miles de bajas de la campaña de 1788 se debieron a enfermedades, sobre todo la malaria y la disentería.

José II y el epitafio

Dos días después del desastre llegaron los otomanos de verdad, encontraron muertos y heridos y tomaron Caransebes sin esfuerzo. La guerra siguió hasta 1791: Austria conquistó Belgrado en 1789 y perdió casi todo lo ganado en la paz de Sistova. José II no vio el final. Volvió a Viena en el otoño de 1788 ya enfermo, con tos y sin aliento, y murió de tuberculosis el 20 de febrero de 1790.

Se le atribuye un epitafio que resume su reinado sin piedad: «Aquí yace José II, que fracasó en todo lo que emprendió». La frase circula sin un documento que la respalde, y nada indica que tuviera que ver con Caransebes. Si alguna vez la dijo, motivos no le faltaban.

La batalla de Caransebes, en vídeo

El canal de divulgación HistoriaEn10′ cuenta en unos minutos la versión tradicional, barril incluido:

La EBRIA batalla de Karánsebes! 🍺🍺🍺

Con todas sus exageraciones, la noche de Caransebes sigue apareciendo en las listas de los peores casos de fuego amigo de la historia. Es difícil saber cuánto bebieron los húsares; lo que nadie discute es que los turcos ganaron una batalla a la que llegaron con dos días de retraso.

Si te interesan los desastres militares sin enemigo a la vista, en el café hemos contado también cómo la flota rusa del Báltico disparó contra unos pesqueros ingleses camino de Tsushima, el día en que unos paracaidistas estadounidenses aterrizaron por error junto a Melilla y los ataques inútiles de las últimas horas de la Primera Guerra Mundial.

Fuentes consultadas

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