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Retrato de Luis XIV con peluca larga y manto real azul con flores de lis, pintado por Hyacinthe Rigaud

Luis XIV pasó tres horas boca abajo, sin anestesia, mientras su cirujano le abría una fístula anal con un bisturí ideado para la ocasión. El rey se curó, Francia lo celebró a lo grande y, siglo y medio después, unas memorias apócrifas añadieron que de aquella fiesta salió la melodía del God Save the King, que Handel habría plagiado para los británicos. La operación es verdad; lo del himno no tiene respaldo. La fístula sí tuvo una víctima musical: Lully, que se golpeó el pie con el bastón de dirección en un Te Deum por la curación del rey y murió de gangrena.

La fístula del Rey Sol

A principios de 1686, Luis XIV empezó a notar un bulto cerca del ano. Lo que en la corte se llamaba con mucho pudor un «tumor en el muslo» era una fístula anal, y a los pocos meses el Rey Sol, que tenía 48 años, ya no podía montar a caballo y se paseaba por los jardines de Versalles en silla de manos. Los médicos, con Antoine Daquin a la cabeza, lo trataron durante medio año con emplastos, cataplasmas y lavativas, y hasta se plantearon mandarlo a tomar las aguas de Barèges, en los Pirineos. Daquin dijo que el viaje era demasiado largo y peligroso con aquel calor.

Entonces apareció Charles-François Félix, primer cirujano del rey, que le convenció de que lo mejor era operar. Antes practicó con indigentes de París reunidos en el hospicio de Versalles. No se sabe cuántos fueron, quizá 75, y según la Wikipedia en francés algunos murieron: el cura de Versalles contaba que los enterraban al amanecer sin tocar las campanas para que nadie se enterase. Hektoen International, en cambio, habla de 75 voluntarios. De aquellos ensayos salió un instrumento nuevo, un bisturí curvo que acabó llamándose «a la real» y que hoy se conserva en el Museo de Historia de la Medicina de París.

Tres horas boca abajo

La operación se hizo en secreto, a las siete de la mañana del 18 de noviembre de 1686, en la habitación del rey. Ni siquiera el delfín estaba avisado. Luis XIV se tumbó boca abajo con un cojín bajo el vientre, y Félix trabajó cerca de tres horas, sin anestesia, delante de los médicos de la corte y con madame de Maintenon cogiéndole la mano al rey. Según se cuenta, Luis XIV le pidió que terminara de una vez y que no lo tratara como a un rey, sino como a un campesino.

Salió bien, aunque no a la primera: Félix tuvo que hacerle al menos dos incisiones más antes de que acabara el año, y el rey no se recuperó del todo hasta enero de 1687. La operación le dio al cirujano fama, fortuna y, en 1690, cartas de nobleza. En Versalles se puso de moda la fístula: más de treinta cortesanos aseguraron tener una y pidieron que los operasen como al rey, y según Hektoen International hubo nobles que se rellenaban los calzones con vendas para imitarle. La operación también ayudó a que la cirugía, hasta entonces un oficio ligado a los barberos, ganara prestigio frente a la medicina.

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La curación se celebró en todo el reino con misas, Te Deum y, en algunas ciudades, fuentes de vino. Y aquí es donde entra la música.

La leyenda del himno

La versión que circula dice así: para celebrar que el rey se había curado, madame de Brinon, superiora del colegio de Saint-Cyr, escribió un cántico, «Dieu sauve le Roi», y Lully le puso música. Después, Handel lo habría plagiado y lo habría convertido en el God Save the King.

El problema es de dónde sale la historia. Toda esa versión se apoya en los Souvenirs de la marquesa de Créquy, unas memorias que se publicaron por entregas desde 1833 y en volúmenes en 1834 y 1835, y que pronto se identificaron como falsas: las escribió Maurice Cousin de Courchamps a partir de anécdotas que había oído a la vieja aristocracia. En 1876, el bibliógrafo Alexandre Mouttet aseguró que no era «ni conde, ni de Courchamps», aunque la Wikipedia en francés recoge una genealogía de Saint-Malo y una partida de bautismo según las cuales su padre ya usaba ese apellido. Según la misma enciclopedia, madame de Brinon sí escribió un cántico en francés para que las alumnas de Saint-Cyr lo cantaran a la llegada del rey ya curado; lo de Lully y Handel solo aparece en las memorias apócrifas.

Lo que sí se sabe del God Save the King

El origen real del himno británico es menos novelesco. Según la Wikipedia en inglés, la primera versión impresa que se parece a la actual apareció en 1744, sin título, en una antología llamada Thesaurus Musicus; la Britannica sitúa la melodía en esa antología más o menos a la vez que la letra, que publicó The Gentleman’s Magazine en 1745. Ese año, cuando Carlos Eduardo Estuardo se levantó en armas para recuperar el trono para su familia, la canción se hizo popular entre los partidarios de Jorge II y empezó a sonar en los teatros de Londres, con un arreglo de Thomas Arne para el de Drury Lane.

Los musicólogos le han encontrado parecidos con piezas anteriores, como una de John Bull de 1619, varias de Henry Purcell y un viejo villancico escocés, pero nadie sabe quién la compuso. Percy Scholes, en The Oxford Companion to Music, recomendaba atribuirla a la tradición. Tampoco hay ninguna ley que la haga oficial: es el himno por costumbre y uso, no por una proclamación real ni por una ley del Parlamento.

Partitura de 1745 de God Save the King, titulada A Song for two Voices, As sung at both Playhouses
La versión de God Save the King que publicó The Gentleman’s Magazine en octubre de 1745, «tal como se canta en los dos teatros» de Londres (dominio público).

En cuanto a Handel, es verdad que tomaba prestada música ajena con más frecuencia de lo habitual incluso en su época, y que en 1710 fue maestro de capilla de Jorge, elector de Hannover, que después sería Jorge I de Gran Bretaña. Pero que copiara este himno solo lo dicen las memorias apócrifas. Lo que sí hizo, según la Britannica, fue usar la melodía en 1746 en su Occasional Oratorio, sobre la rebelión jacobita.

Lully y el Te Deum

Lully sí tiene que ver con la curación del rey, aunque no como cuenta la leyenda. En enero de 1687, con su Te Deum para celebrar el restablecimiento de Luis XIV, se golpeó el pie con el largo bastón con el que marcaba el compás; la Wikipedia en inglés dice que fue durante la interpretación, y la francesa, en un ensayo. La herida se infectó, se negó a que le amputaran el dedo y la gangrena siguió avanzando. Murió en París el 22 de marzo de ese mismo año.

Grabado del siglo XVII con el retrato de Jean-Baptiste Lully dentro de un óvalo, con peluca larga
Jean-Baptiste Lully, en un grabado del siglo XVII a partir de un retrato de Paul Mignard (dominio público).

La fístula de Luis XIV, en vídeo

Este vídeo del canal Historias de Adelina (8 minutos) cuenta cómo la fístula del Rey Sol impulsó la cirugía en Francia.

Sobre cómo una fístula anal del Rey Sol, impulsó la modernización de la cirugía en Francia

Una melodía que ha viajado mucho

De la fístula de Luis XIV no salió ningún himno británico, pero la melodía del God Save the King ha viajado mucho por su cuenta. Con ella se canta hoy el himno de Liechtenstein, Oben am jungen Rhein, y el himno real de Noruega; sirvió para el himno de Prusia entre 1795 y 1918, y en Estados Unidos para My Country, ’Tis of Thee, de 1832.

Otras historias del blog: la monja negra de Moret, a la que el rumor hizo hija secreta de la reina; la isla de los Faisanes, el islote que cambia de país cada seis meses y donde se pactó la boda de Luis XIV, y el himno de Avilés y Mahón. Y una nieta del Rey Sol con muy poco apego al protocolo: Luisa Isabel de Orleans, la princesa que despidió al duque de Saint-Simon con tres eructos.

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Fuentes consultadas

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