Quien se libra de un apuro en el último segundo ha sido «salvado por la campana». Desde los años noventa circula por internet una explicación tenebrosa y falsa: las campanillas de los ataúdes para enterrados vivos. La expresión nació en el boxeo de finales del siglo XIX, cuando el toque que cerraba el asalto rescataba al púgil a punto de caer. El miedo sí era real: en Francia, Angel Hays, que decía haber sido dado por muerto en 1937, acabó patentando su propio ataúd.
Un correo en cadena con olor a siglo XVI
En junio de 1999, alguien preguntó en la lista de correo de la American Dialect Society de dónde salía «Life in the 1500s», un texto que le había llegado tres veces en una semana. Era un correo en cadena anónimo que explicaba expresiones inglesas con escenas del siglo XVI, como los gatos y perros que resbalaban de los tejados de paja cuando llovía. Y traía ataúdes: al abrir tumbas viejas aparecían arañazos por dentro, así que se ataba un cordel a la muñeca del difunto, se sacaba por la tierra hasta una campana y alguien vigilaba toda la noche. Del vigilante saldría «graveyard shift», el turno de noche; del que tocaba la campana, «dead ringer» y «saved by the bell».
Ninguna de las dos tiene que ver con tumbas. «Dead ringer», el doble exacto, viene de las carreras de caballos estadounidenses del XIX, donde un ringer era un animal colado en lugar de otro parecido. El bulo tenía además un antecedente: George Bateson, aún citado en muchas webs, habría patentado en 1852 un ataúd con campana y recibido de la reina Victoria la Orden del Imperio Británico. Salió de una novela de Michael Crichton de 1975, y la orden no se creó hasta 1917.
La campana que salvaba sonaba en el ring
En boxeo, la campana marca el final de cada asalto, y si un púgil está a punto de caer o el árbitro ya le está contando, ese toque detiene el castigo hasta el asalto siguiente. El primer uso pugilístico que se conoce apareció el 30 de enero de 1891 en el Seattle Post-Intelligencer, en la crónica de un combate celebrado en Missoula (Montana).

En febrero de 1893, el Fitchburg Daily Sentinel, de Massachusetts, contaba que la campana había salvado a Martin Flaherty «media docena de veces» en su pelea con Bobby Burns. El sentido figurado tardó: en 1928, The New York Times lo aplicó a un lanzador de los Yankees al que sacó de un apuro un aguacero, y en 1932, ya lejos del deporte, aparecía en una columna de cotilleos de Los Angeles Times. Nadie ha encontrado la frase ligada a un ataúd antes de esas crónicas.
Angel Hays, el resucitado que cambiaba de versión
Angel-Camille Hays, «Angelo» en muchos relatos, nació en 1917 en Montmoreau (Charente) y fue mecánico. Según contó, el 1 de septiembre de 1937, con veinte años, sufrió un terrible accidente de moto y lo dieron por muerto. Lo demás dependía del día. En mayo de 1958 dijo a la prensa que había pasado dos días en un ataúd, a punto de ir al cementerio de Rouffiac, hasta que unos inspectores de seguros vieron que seguía vivo; en otra versión, su tío Marcel pidió ver el cuerpo y lo encontró caliente. Con los años, la historia acabó en dos días bajo tierra.

No se conoce ningún documento que respalde sus versiones, y en 1979, ante un periodista de la revista alemana Stern, Hays ni siquiera dijo que lo hubieran enterrado. Sí consta la patente que pidió en 1955 para un «aparato destinado a detectar si el estado de muerte es aparente o real», un ataúd que detectaba el movimiento, concedida en enero de 1958, cuatro meses antes de aquellas declaraciones. Después diseñó otro para vivir dentro, con tubo de aire, radio, un sistema para lanzar un SOS, retrete y vino que se sorbía con un tubo. En 1974 se hizo enterrar con él en la feria de Saint-Aulaye y salió unas treinta horas después. Philippe Bouvard, que lo llevó a su programa, lo recordaba como el personaje más inquietante que había recibido.
Un pastor con ventanilla y un presidente sin prisa
El miedo venía de lejos. Robert Robinson, un excéntrico pastor inglés que murió en Mánchester en diciembre de 1791, se hizo enterrar en una construcción de ladrillo de su finca, con un cristal móvil en el ataúd y una puerta para que un vigilante comprobara si su aliento empañaba el vidrio.
Ocho años después, el 14 de diciembre de 1799, George Washington pidió en su lecho de muerte a su secretario, Tobias Lear, que no lo metieran en la cripta de Mount Vernon «hasta tres días después» de morir. Murió esa noche. Muchos lo interpretan como miedo a ser enterrado vivo, aunque él no lo dijo.
Angel Hays, en vídeo
El canal INA Culte, del archivo audiovisual público francés, conserva el reportaje de las treinta horas que Hays pasó enterrado en su ataúd electrónico (en francés).
Los ataúdes de seguridad existieron: en Inglaterra y en Estados Unidos se registraron diseños con campanilla desde el siglo XIX hasta 1955, y de varios ya hablamos al contar la historia de John Macintire, el enterrado vivo que salió de un cuento. Nadie ha encontrado un caso documentado de alguien rescatado por una de esas campanas, ni la prueba de que llegaran a usarse. Salir vivo de un ataúd sí lo consiguieron quienes se metían en él a propósito, como Hays en sus ferias o los irlandeses que se dejaban enterrar vivos para batir récords.
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Fuentes consultadas
- Wordorigins.org, «saved by the bell» (2025) https://www.wordorigins.org/big-list-entries/saved-by-the-bell
- Gary Martin, «Saved by the bell», The Phrase Finder https://phrases.org.uk/meanings/saved-by-the-bell.html
- Gary Martin, «Dead ringer», The Phrase Finder https://www.phrases.org.uk/meanings/dead-ringer.html
- Jessie Emerson, «(long) «life in the 1500s»», lista ADS-L de la American Dialect Society (10/6/1999) https://listserv.linguistlist.org/pipermail/ads-l/1999-June/000555.html
- Jeremy Stern, «A Tale Worthy of Poe: The Myth of George Bateson and his Belfry», History News Network (2013) https://www.historynewsnetwork.org/article/a-tale-worthy-of-poe-the-myth-of-george-bateson-an
- Pascal Tréguer, «to be saved by the bell – être sauvé par le gong», word histories (2017) https://wordhistories.net/2017/10/21/saved-by-the-bell/
- Institut national de l’audiovisuel (INA), «Champagne, froufrous… Top 7 des cercueils les plus insolites !» (2017) https://www.ina.fr/ina-eclaire-actu/champagne-froufrous-top-7-des-cercueils-les-plus-insolites
- Wikipedia, «Angel Hays» https://en.wikipedia.org/wiki/Angel_Hays
- Dictionary of National Biography, «Robinson, Robert (1727?-1791)» (1885-1900), en Wikisource https://en.wikisource.org/wiki/Dictionary_of_National_Biography,_1885-1900/Robinson,_Robert_(1727%3F-1791)
- John Fea, «Did George Washington fear he would be buried alive?», The Way of Improvement Leads Home (2022) https://thewayofimprovement.blog/2022/12/14/did-george-washington-fear-he-would-be-buried-alive/
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