Godi estaba comiendo en lo alto de un árbol cuando llegaron los otros. Era el 7 de enero de 1974, en el parque de Gombe (Tanzania), y los que venían a por él eran seis machos de la comunidad Kasakela, el grupo del que él mismo se había separado poco antes. Lo agarraron, lo tiraron al suelo y lo golpearon hasta que dejó de moverse. Cuando se fueron, Godi consiguió levantarse, pero no volvieron a verlo: lo más probable es que muriera de las heridas. El equipo de Jane Goodall acababa de presenciar el primer ataque de una guerra entre chimpancés que iba a durar cuatro años.
Jane Goodall y una comunidad partida en dos
Goodall había llegado a Gombe el 14 de julio de 1960 y desde entonces seguía a los chimpancés de la comunidad Kasakela. Hasta aquella guerra pensaba que, aunque se parecían mucho a nosotros, eran «bastante más amables», y lo que vio la dejó conmocionada. Goodall murió el 1 de octubre de 2025, a los 91 años.
La ruptura venía de atrás. Al final del largo reinado de Mike, el macho alfa, seis de los catorce machos adultos de la comunidad empezaron a pasar cada vez más tiempo en el sur del territorio. Los encabezaban dos hermanos, Hugh y Charlie, a los que Goodall describió como «intrépidos» y con los que los del norte preferían no medirse. Durante un tiempo aún hubo trato: dos machos veteranos del norte, Mike y Rodolf, seguían llevándose bien con Goliath, uno de los del sur. Pero en ocho meses el grupo se partió. Los del sur, seis machos adultos, tres hembras y sus crías, pasaron a ser la comunidad Kahama; los Kasakela se quedaron con ocho machos adultos, doce hembras y sus crías. Durante cerca de un año, cuando las patrullas de los dos bandos se cruzaban, todo se quedaba en exhibiciones de fuerza.
Kasakela contra Kahama: cuatro años de emboscadas
A Godi lo atacaron Humphrey, Figan, Jomeo, Sherry, Evered y Rodolf, acompañados por una hembra, Gigi, que corría de un lado a otro alrededor de la pelea. Al terminar, los atacantes lo celebraron a gritos, arrastrando y lanzando ramas. Era la primera vez que se veía a machos de chimpancé intentar matar a propósito a otro macho.
Después le tocó a De, al que dejaron malherido; esta vez Gigi peleó junto a los machos. El tercero fue Goliath, ya viejo, el mismo que se había llevado bien con los del norte: lo emboscaron Figan, Faben, Humphrey, Satan y Jomeo, y el investigador que lo presenció quedó impresionado por la saña del ataque. Faben le retorcía una pierna como si quisiera arrancársela. Por esas fechas desapareció también Hugh, y Goodall dio por hecho que lo habían matado.
A Charlie lo encontraron muerto en el arroyo Kahama, con heridas terribles, tres días después de que unos pescadores oyeran ruido de pelea. Madam Bee, una hembra vieja de los Kahama, murió cuatro días después de una paliza. Willy Wally, que arrastraba secuelas de la polio, desapareció y nunca lo encontraron. El último, el joven Sniff, aguantó más de un año, hasta que también lo mataron. De las hembras Kahama, una murió, dos desaparecieron y tres fueron apaleadas y llevadas a la fuerza con los Kasakela. En 1978 la comunidad Kahama ya no existía.
Ganar la guerra y perder la finca
Los Kasakela ocuparon el territorio de los vencidos y pasaron de unos 12 kilómetros cuadrados a más de 15. Les duró poco. Los Kahama habían hecho de colchón y, sin ellos, los vencedores quedaron pegados a los Kalande, una comunidad más numerosa y más fuerte que empezó a avanzar hacia el norte. Tras algunas peleas en la frontera, los Kasakela devolvieron buena parte de lo conquistado y perdieron al menos dos machos, Humphrey y Sherry, probablemente a manos de los Kalande. Al replegarse se toparon por el norte con los Mitumba, que también los superaban en número. En 1981 su territorio se había quedado en 5 kilómetros cuadrados, apenas lo justo para alimentarse.
En 1982, machos Kalande y Mitumba se metieron hasta el corazón del territorio Kasakela. Los salvó una hornada de machos jóvenes, demasiado inexpertos para pelear, pero lo bastante ruidosos para que sus exhibiciones, sumadas a las de los mayores, intimidaran a los rivales. Los Kasakela recuperaron algo de terreno y, con el tiempo, todo volvió a estar como antes de la guerra.
Las pesadillas de Goodall
Goodall tardó años en digerirlo. En sus memorias, A través de una ventana (1990), cuenta que se despertaba de noche con imágenes que no podía quitarse de la cabeza: Satan bebiendo la sangre que manaba de una herida en la cara de Sniff, o el viejo Rodolf, de ordinario tan tranquilo, lanzando una piedra de casi dos kilos contra Godi, tendido en el suelo. En 1975 había visto además a una hembra de alto rango de la comunidad matar y comerse una cría. El lado oscuro de los chimpancés había quedado a la vista.

No todo el mundo la creyó. Entonces los modelos científicos del comportamiento humano y del animal apenas se tocaban, y hubo quien la acusó de ver personas donde había simios. Otros señalaron a los plátanos: el campamento repartía fruta para atraer a los chimpancés y observarlos de cerca, y Margaret Power dedicó en 1991 un libro a defender que aquella comida había alterado su comportamiento y alimentado las «guerras». La propia Goodall admitió que los plátanos habían influido en la intensidad de los conflictos, aunque no en su naturaleza, y defendió que sin ellos el estudio no habría sido posible.

La respuesta llegó con datos de otros lugares y con métodos menos invasivos. En 2014, un estudio publicado en Nature reunió cinco décadas de observaciones en 18 comunidades de chimpancés y 4 de bonobos: 152 muertes a manos de chimpancés en 15 comunidades (58 vistas, 41 deducidas y 53 sospechadas), frente a una sola sospechosa entre los bonobos. Según sus autores, esas muertes se explican mejor como una estrategia que da a los agresores más acceso a comida o a parejas que como un efecto de la presencia humana.
El gen ADRA2C, o cómo el cuerpo se prepara para la bronca
La genética aporta otra pista. El gen ADRA2C fabrica un receptor de la adrenalina que frena el sistema nervioso simpático, el de la respuesta de lucha o huida, y los ratones a los que se les desactiva muestran alteraciones físicas y de conducta ligadas a esa respuesta. En 2018, un estudio en PLoS Genetics comprobó que este gen se expresa menos en las neuronas de humanos y chimpancés que en las de otros primates, que la variante que lo reprime está fijada en las dos especies, pero no en los bonobos, y que la selección natural ha favorecido un sistema nervioso simpático más activo en nuestra evolución y en la de los chimpancés. En las gallinas, este mismo gen muestra una fuerte huella de selección que se ha relacionado con una menor agresividad hacia las personas durante su domesticación. Eso no lo convierte en un «gen de la guerra»; es una pieza más del mecanismo que prepara el cuerpo para pelear o huir.
¿Guerra o «agresión letal intergrupal»?
Los científicos suelen evitar la palabra guerra y hablan de «agresión letal intergrupal». El término aparece en el título del artículo que John Mitani y sus colegas publicaron en 2010 en Current Biology sobre Ngogo, una comunidad de chimpancés inusualmente grande del Parque Nacional de Kibale, en Uganda. En diez años los vieron matar o herir de muerte a 18 chimpancés de otros grupos, casi siempre en patrullas de machos que avanzan en fila y en silencio. En 2009 empezaron a usar la zona donde habían vivido sus víctimas: 6,4 kilómetros cuadrados más, un 22 % de aumento de su territorio.
Los chimpancés tampoco se lanzan a lo loco. Cuando dos patrullas se encuentran en igualdad de número, lo normal es que todo se quede en ruido; la violencia suele caer sobre hembras y crías aisladas, o sobre un macho solo, como Godi. Richard Wrangham y Luke Glowacki compararon en 2012 a los chimpancés con los cazadores-recolectores nómadas y plantearon que en las dos especies la selección ha favorecido matar a los vecinos cuando se puede hacer sin riesgo. La diferencia es que los humanos también sabemos firmar la paz y aliarnos con otros grupos.
Vídeo: la guerra de los chimpancés de Gombe
El canal Memorias de Dolly cuenta en menos de diez minutos el conflicto entre las dos comunidades:
Gombe no fue la última
Medio siglo después se sigue discutiendo por qué empezó. Un estudio de 2018 en el American Journal of Physical Anthropology lo atribuyó sobre todo a la lucha por el poder entre tres machos de alto rango, agravada por una escasez poco habitual de hembras fértiles. Otros trabajos sugieren que hubo menos muertos de los que se contaron, porque por entonces rondaba por Gombe un leopardo que pudo llevarse a algunos de los desaparecidos. Y desde 2015 los investigadores siguen en Ngogo otra guerra aún más brutal: la comunidad se partió en dos facciones que llevan años peleando y en 2026 sumaban al menos 28 muertos.
Jebel Sahaba, la guerra humana más antigua que se conoce
Los humanos tenemos nuestro propio expediente. El cementerio de Jebel Sahaba, en el valle del Nilo, cerca de la frontera entre Sudán y Egipto (hoy bajo las aguas del lago Nasser), se descubrió en 1964 y suele citarse como la prueba más antigua de una guerra. Una revisión publicada en 2021 lo fechó entre hace 13.400 y 18.600 años y encontró heridas curadas y sin curar en 41 de sus esqueletos. Más que una gran batalla, lo que cuentan es una serie de incursiones y emboscadas repetidas, sobre todo con flechas ligeras, pero también con flechas más pesadas y lanzas arrojadizas.
Los chimpancés, por cierto, ya habían sufrido lo suyo a manos humanas: desde 1920, el doctor Voronoff injertaba a sus pacientes láminas de testículo de chimpancé y de babuino para devolverles la juventud. Y no son los únicos animales con historia propia en este blog: en Hartlepool, según la leyenda, ahorcaron a un mono tomándolo por un espía francés, y en Alemania un caballo llamado Hans parecía saber matemáticas.
Lee también: La guerra más corta de la historia: Gran Bretaña se merienda a Zanzíbar en 38 minutos y La epidemia de risa de Tanganica de 1962
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Fuentes consultadas
- Wikipedia. (s. f.). Gombe Chimpanzee War. Wikipedia, en inglés. https://en.wikipedia.org/wiki/Gombe_Chimpanzee_War
- Wikipedia. (s. f.). Guerra de los chimpancés de Gombe. Wikipedia, en español. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_chimpancés_de_Gombe
- Wikipedia. (s. f.). Jane Goodall. Wikipedia, en inglés. https://en.wikipedia.org/wiki/Jane_Goodall
- Goodall, J. (1963; actualizado el 1 de octubre de 2025). Jane Goodall’s original tale of chimpanzees still astonishes today. National Geographic. https://www.nationalgeographic.com/magazine/article/jane-goodall-original-story-chimpanzees-still-astonishes
- Wilson, M. L., et al. (2014). Lethal aggression in Pan is better explained by adaptive strategies than human impacts. Nature, 513, 414-417. https://doi.org/10.1038/nature13727
- Mitani, J. C., Watts, D. P., & Amsler, S. J. (2010). Lethal intergroup aggression leads to territorial expansion in wild chimpanzees. Current Biology, 20(12), R507-R508. https://doi.org/10.1016/j.cub.2010.04.021
- Wrangham, R. W., & Glowacki, L. (2012). Intergroup aggression in chimpanzees and war in nomadic hunter-gatherers: Evaluating the chimpanzee model. Human Nature, 23, 5-29. https://doi.org/10.1007/s12110-012-9132-1
- Lee, K. S., et al. (2018). Selection on the regulation of sympathetic nervous activity in humans and chimpanzees. PLoS Genetics, 14(4), e1007311. https://doi.org/10.1371/journal.pgen.1007311
- Crevecoeur, I., Dias-Meirinho, M.-H., Zazzo, A., Antoine, D., & Bon, F. (2021). New insights on interpersonal violence in the Late Pleistocene based on the Nile valley cemetery of Jebel Sahaba. Scientific Reports, 11, 9991. https://doi.org/10.1038/s41598-021-89386-y
- Wikipedia. (s. f.). Jebel Sahaba. Wikipedia, en inglés. https://en.wikipedia.org/wiki/Jebel_Sahaba
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Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El Café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto. Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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