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Litografía de dos barcos de vapor de ruedas con chimeneas humeantes navegando a la par por el río Misisipi

Samuel Langhorne Clemens sacó su seudónimo de un grito de los sondeadores del Misisipi y anunció que se iría de este mundo con el cometa Halley, con el que había llegado. Murió al día siguiente de que el cometa pasara por su punto más cercano al Sol. Entre las curiosidades de Mark Twain hay unas cuantas que parecen inventadas y son ciertas, y otras que circulan con su firma sin ser suyas, como algunos consejos para escritores.

«Mark twain!», marca dos

Clemens nació el 30 de noviembre de 1835 en Florida, un pueblo de Misuri, y de joven aprendió el oficio de piloto de barcos de vapor a las órdenes de Horace Bixby, que le cobró 500 dólares por enseñarle el río entre Nueva Orleans y San Luis. Estudió el Misisipi más de dos años y en 1859 sacó la licencia. «Mark twain», el grito del sondeador, indicaba una profundidad de dos brazas, unos 3,6 metros: agua segura para un vapor.

Usó el seudónimo por primera vez el 3 de febrero de 1863, en el Territorial Enterprise de Virginia City, en Nevada, para firmar una crónica humorística desde Carson. Antes había firmado otros textos como Josh y como Thomas Jefferson Snodgrass. La fama le llegó por una rana: «The Celebrated Jumping Frog of Calaveras County», publicado el 18 de noviembre de 1865 en el New York Saturday Press, lo hizo conocido en todo el país.

Retrato fotográfico de Mark Twain mayor, con traje blanco, pelo blanco y bigote, sentado en un sillón
Mark Twain en 1907, fotografiado por A. F. Bradley en Nueva York (dominio público).

El gemelo que se ahogó

Uno de sus números más celebrados era el del hermano gemelo. Lo publicó en noviembre de 1874 en «An Encounter with an Interviewer», un sketch para el volumen Lotos Leaves en el que un periodista le pregunta por un hermano muerto, William, al que llamaban Bill. Twain le explica que eran gemelos, que a las dos semanas de nacer se confundieron en la bañera, que uno se ahogó y que nunca se supo cuál. Algunos creían que había sido Bill. Él, en cambio, tenía un lunar grande en el dorso de la mano izquierda, y el niño ahogado era el del lunar.

El hermano no existió nunca. Según la Universidad de Virginia, el sketch es su primer ensayo del tema de los niños cambiados que usaría después en El príncipe y el mendigo y en Pudd’nhead Wilson, y más tarde llevó versiones de aquel «encuentro» a sus actuaciones en directo.

Sueños, máquinas y patentes

Su interés por lo paranormal tenía una herida detrás. Había convencido a su hermano Henry para que trabajara en el río, y el 13 de junio de 1858 estalló la caldera del vapor Pennsylvania, en el que iba Henry, que murió ocho días después. Twain aseguró que había visto su muerte en un sueño un mes antes, y aquello despertó su interés por la parapsicología: fue uno de los primeros miembros de la Society for Psychical Research. Se sintió culpable el resto de su vida.

Las máquinas le fascinaban tanto como le arruinaban. En 1905 presumió de haber sido el primero en usar la máquina de escribir para la literatura, y dijo que el libro debió de ser Tom Sawyer; según Futility Closet, las pruebas indican que el primero que se entregó a un editor mecanografiado fue Vida en el Misisipi (1883). Patentó tres inventos, entre ellos un álbum de recortes con adhesivo, en 1873, y entre 1880 y 1894 metió 300.000 dólares en la componedora tipográfica de James Paige.

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La máquina de Paige funcionaba, pero se averiaba. Según The Engines of Our Ingenuity, en 1882 ya componía y era un 60 % más rápida que la Linotype, pero tenía 18.000 piezas y Paige no dejaba de mejorarla; la Wikipedia en inglés dice que la Linotype la dejó obsoleta antes de que estuviera perfeccionada. Con esas pérdidas y las de su editorial, Charles L. Webster and Company, Twain se declaró en bancarrota en 1894. Para pagar a sus acreedores, aunque ya no estaba obligado, emprendió en julio de 1895 una gira de conferencias alrededor del mundo que duró catorce meses.

Lo más amargo es que aquella editorial había dado el gran golpe de la época. Cuando Ulysses S. Grant, arruinado y con un cáncer de garganta terminal, iba a firmar sus memorias con The Century Company por el 10 % de las ventas, Twain le convenció de publicarlas con él, por suscripción, y le adelantó 25.000 dólares de su bolsillo. Grant acabó el manuscrito el 18 de julio de 1885 y murió cinco días después. Se vendieron 350.000 juegos de dos volúmenes antes de imprimirlos, y su viuda, Julia, cobró unos 450.000 dólares.

Twain y Tesla

Nikola Tesla contó que, de joven, cuando pasó nueve meses en cama por el cólera, leyó los primeros libros de Twain mientras se recuperaba. Años después se hicieron muy amigos y pasaban mucho tiempo juntos en el laboratorio de Tesla; Twain llegó a decir que su motor de inducción era «la patente más valiosa desde el teléfono». En la primavera de 1894 posó allí con un aparato eléctrico, en una de las fotos que acompañaron el artículo de The Century Magazine sobre los inventos de Tesla.

Fotografía en blanco y negro de Mark Twain sosteniendo un aro eléctrico en el laboratorio de Tesla, con una lámpara encendida
Mark Twain en el laboratorio de Nikola Tesla en la primavera de 1894; la foto se publicó en The Century Magazine en abril de 1895 (dominio público).

Tesla también intentó fotografiar a Twain iluminado por un tubo de Geissler. En la placa solo salió el tornillo metálico del objetivo, y la Wikipedia en inglés apunta que pudo ser, sin querer, una imagen de rayos X anterior en unas semanas al anuncio de Röntgen, de diciembre de 1895.

Huck Finn, a los barrios bajos

La biblioteca pública de Concord, en Massachusetts, excluyó en 1885 Las aventuras de Huckleberry Finn por tosca, poco graciosa y más propia de los barrios bajos que de lectores respetables. En 1905, la de Brooklyn la sacó de la sección infantil, junto con Tom Sawyer. Hemingway escribió después que toda la literatura estadounidense moderna procede de ese libro. Twain tampoco se callaba en política: desde 1901 hasta su muerte fue vicepresidente de la Liga Antiimperialista de Nueva York, y en 1905 publicó King Leopold’s Soliloquy, un panfleto satírico contra las atrocidades belgas en el Congo.

Consejos para escritores, suyos y ajenos

Algunos consejos sobre el oficio sí son suyos. En el calendario de Pudd’nhead Wilson dejó uno sobre los adjetivos: en caso de duda, táchalos. Era, según el Center for Mark Twain Studies, un corrector implacable de sus propios textos, y en su ensayo «How to Tell a Story» criticó a quienes rematan un chiste con estruendosos signos de exclamación.

Otros se los han colgado. «Escribir es fácil, basta con tachar las palabras equivocadas» es apócrifa: según el Center for Mark Twain Studies, su primera aparición conocida es una columna de Bruce O. Boston de 1985, setenta y cinco años después de la muerte de Twain. Y la de que un signo de exclamación es como reírse de tu propio chiste la dijo F. Scott Fitzgerald, según contó Sheilah Graham en sus memorias de 1958, Beloved Infidel, como recoge Quote Investigator.

Una exageración

Su frase más famosa sobre la muerte también está retocada. El 31 de mayo de 1897 escribió en Londres una nota para el periodista Frank Marshall White, y el New York Journal la publicó el 2 de junio: quien había estado grave era su primo James Ross Clemens, y «el informe de mi muerte fue una exageración». Lo de «muy exagerado» se le añadió después, según Quote Investigator.

Con el cometa Halley

Twain nació poco después de un paso del cometa Halley, y en 1909 escribió: «Vine con el cometa Halley en 1835. Vuelve el año que viene, y espero irme con él». Murió de un ataque al corazón el 21 de abril de 1910 en Redding, Connecticut, al día siguiente de que el cometa pasara por su punto más cercano al Sol. Para entonces había enterrado a su hijo Langdon, en 1872, y a sus hijas Susy, en 1896, y Jean, el 24 de diciembre de 1909.

El canal Leer para Crear resume en este vídeo la biografía de Mark Twain.

Biografía de Mark Twain.

«El padre de la literatura estadounidense»

Así lo llamó William Faulkner. Cien años después de su muerte, en 2010, se publicó el primer volumen de su autobiografía.

Otras historias del blog: las teorías sobre quién escribió a Shakespeare, la fiesta sin invitados de la tía de Oscar Wilde y Blasco Ibáñez, el pistolero de la Patagonia.

Lee también: Telekino, el primer mando a distancia de la historia y Las gafas para pollos: el invento que pretendía evitar las peleas en el gallinero

Fuentes consultadas

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