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Socks, el gato de los Clinton que pasó de callejero a estrella de la Casa Blanca

Socks, el gato blanco y negro de los Clinton, asomado al atril de la sala de prensa de la Casa Blanca

Socks, el gato de los Clinton, era un callejero de Arkansas, negro y con las patas blancas, que Chelsea adoptó cuando su padre gobernaba el estado. En enero de 1993 se mudó con la familia a la Casa Blanca, donde posó para los fotógrafos y miles de niños le escribieron. Al acabar el mandato, en 2001, se quedó con Betty Currie, la secretaria del presidente, que lo cuidó hasta su muerte en 2009.

Dos gatitos bajo un porche de Arkansas

La versión oficial empieza bajo el porche de la profesora de piano de Chelsea, donde aparecieron dos gatitos. Según la web infantil de la Casa Blanca, uno de ellos saltó a los brazos de la niña. Su hermano encontró otro hogar. A él lo llamaron Socks («calcetines») por sus patas blancas, y se instaló en la mansión del gobernador, en Little Rock.

Tras la victoria de Bill Clinton en noviembre de 1992, lo apodaron el «First Cat-elect», el primer gato electo, y los fotógrafos se plantaron ante la mansión con hierba gatera para sacarlo a posar. The Christian Science Monitor describió a media docena de hombres adultos peleándose por el primer plano de un gato desconcertado. Y cuando un cámara de televisión llegó a cogerlo en brazos, los Clinton enviaron a la prensa una nota «de la más alta autoridad»: que nadie volviera a tocar al gato.

Un gato en el atril

En Washington tomaron el relevo los fotógrafos de la Casa Blanca. Una de sus fotos más conocidas es de 1993: Socks asomado al atril de la sala de prensa, con cara de ir a dar paso a la primera pregunta.

El gato Socks sentado detrás del escritorio del presidente en el Despacho Oval
Socks, detrás del escritorio del presidente en el Despacho Oval, el 7 de enero de 1994. Foto: Casa Blanca (dominio público), vía Wikimedia Commons.

Su maullido sonaba en un archivo de la web oficial, y en octubre de 1996, en Knoxville (Tennessee), Bill Clinton recordó que, cuando llegó al cargo, solo los físicos de altas energías conocían la World Wide Web. «Ahora hasta mi gato tiene su propia página», remató.

Luego estaba el correo: cientos de cartas, tarjetas y fotos al mes. Las contestaban voluntarios de una residencia de militares retirados de Washington con postales firmadas con la huella de su pata. En diciembre de 1998, Hillary Clinton hizo cuentas en su columna: más de 300.000 cartas y correos para los animales de la casa, casi todos de niños. Una de sus favoritas era la de un niño de diez años que le contaba a Socks que su gato había muerto y, ya puestos, le pedía ayuda para entrar en el FBI.

Guerra fría con un labrador

La paz doméstica se acabó en diciembre de 1997. Con Chelsea en la universidad, el presidente adoptó a Buddy, un cachorro de labrador color chocolate, y le puso el nombre de un tío suyo que había adiestrado perros durante medio siglo.

El gato Socks y el labrador Buddy frente a frente en la antesala del Despacho Oval
Socks y Buddy, en uno de sus primeros encuentros en la antesala del Despacho Oval, el 5 de enero de 1998. Foto: Barbara Kinney, Casa Blanca (dominio público), vía Wikimedia Commons.

Hillary Clinton contó el primer encuentro en aquella columna. Socks estaba en su rincón de siempre, detrás del Despacho Oval, cuando llegó Buddy con el presidente: el gato bufó, el perro tiró de la correa y Bill Clinton tuvo que poner orden. Tras varias «reuniones de paz», Socks le soltó un zarpazo en el hocico y lo mandó lejos entre gañidos. Desde entonces, escribía la primera dama, Buddy parecía entender que aquel gato de poco más de cuatro kilos era un tipo duro.

De «Murphy Brown» a la Super Nintendo

La televisión también lo quiso. En la sexta temporada de Murphy Brown, la comedia de Candice Bergen, la protagonista visita la Casa Blanca y se lleva a Socks en el coche sin darse cuenta. Y en un Larry King Live de broma, por el Día de los Inocentes estadounidense de 1994, apareció como teleñeco enseñándole la Casa Blanca a la rana Gustavo.

En 1993, Kaneko empezó a preparar para Super Nintendo Socks the Cat Rocks the Hill, en el que el gato debía avisar a los Clinton de que unos espías habían robado un dispositivo de lanzamiento nuclear. Las revistas llegaron a reseñarlo, pero en 1994 Kaneko cerró sus oficinas en Estados Unidos y el juego se quedó en un cajón. Un coleccionista rescató un prototipo y, tras un micromecenazgo en 2016, salió por fin en 2018.

Jubilación en Maryland

Cuando los Clinton dejaron la Casa Blanca, en enero de 2001, Buddy se fue con ellos a Nueva York y Socks se quedó con Betty Currie, su empleada favorita según la Biblioteca Clinton. Vivió con ella en Hollywood, una localidad de Maryland, lejos de los focos salvo por alguna campaña benéfica para refugios de animales.

A finales de 2008 se supo que tenía cáncer, y Currie descartó tratamientos agresivos. El 20 de febrero de 2009 le practicaron la eutanasia; tenía unos 18 años según AP, cerca de 20 según otras cuentas. Currie se declaró «destrozada», y los Clinton recordaron en un comunicado la alegría que había dado a niños y amantes de los gatos. En algunos rincones de internet, el 20 de febrero se recuerda desde entonces como Día Internacional del Gato; el que custodia International Cat Care es el 8 de agosto.

Socks y Buddy, en vídeo

La Biblioteca Presidencial Clinton tiene en su canal de YouTube unos diez minutos de imágenes grabadas por el equipo de televisión de la Casa Blanca, con Socks y Buddy como protagonistas.

Buddy the Dog & Socks the Cat

Los gatos con vida pública en Estados Unidos dan para una pequeña galería. En Alaska, Stubbs fue alcalde honorario de Talkeetna durante unos veinte años sin pasar por las urnas, y en los sesenta la CIA intentó convertir a otro en micrófono con patas con el proyecto Acoustic Kitty, archivado en 1967 sin una sola misión real.

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