Saltar al contenido
Las marionetas originales de Mahna Mahna y las dos Snowths rosas en una vitrina del Museo de la Ciudad de Nueva York

El origen del «Mahna Mahna», la canción más pegadiza de los Teleñecos, está en una sauna sueca de cine italiano. Piero Umiliani la compuso en 1968 para Svezia, inferno e paradiso, un documental sensacionalista de Luigi Scattini sobre la supuesta liberación sexual de Suecia. Un año después, Jim Henson la oyó en un cine de Nueva York, la estrenó con sus marionetas en Barrio Sésamo y en el Ed Sullivan Show, y en 1976 la convirtió en el primer número del Muppet Show. De la película se acuerdan pocos; la canción la sigue tarareando medio mundo.

Una Suecia de exportación, con nieve y poca ropa

Svezia, inferno e paradiso se estrenó en Italia en septiembre de 1968 y pertenecía al cine mondo, un género nacido en Italia a principios de los sesenta a rebufo de Mondo cane: documentales de choque con mucho montaje tramposo. Scattini, que había dirigido a Buster Keaton en Due marines e un generale, prometía enseñar la «capital mundial del sexo», como la anunciaba la publicidad.

En la parte del «paraíso» salían la educación sexual para adolescentes, los clubes de lesbianas y el intercambio de parejas; en la del «infierno», alcoholismo, drogas, suicidios y bandas de moteros. En una de las escenas, un grupo de jóvenes salía de la sauna y corría por la nieve, una excusa poco disimulada para enseñar piel, mientras el narrador de la versión inglesa presumía de que en América no se veían chicas así. Esa escena llevaba la música de Umiliani.

Un relleno llamado «Viva la sauna svedese»

Umiliani, florentino de 1926, era pianista de jazz y se había hecho un nombre en el cine con Rufufú (I soliti ignoti, 1958), la comedia de Mario Monicelli, donde el jazz pesaba mucho. Solo en 1968 firmó once bandas sonoras, y para la de Scattini escribió una pieza breve con un título que no engañaba a nadie: «Viva la sauna svedese».

Retrato de Piero Umiliani en su estudio de grabación
Piero Umiliani en su estudio de grabación. Foto: Wikinoir (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

En junio de 1968, mientras Umiliani trabajaba en la partitura, la cantaron Alessandro Alessandroni y su mujer, Giulia De Mutiis, a base de sílabas sin sentido. Alessandroni era el silbador de los westerns de Sergio Leone con música de su amigo de la infancia Ennio Morricone, de Por un puñado de dólares a El bueno, el feo y el malo. Según el sello que ha reeditado el disco, la pieza se tuvo por relleno: acabó en Psichedelica, un LP de Omicron con música grabada para la película, del que se prensaron 200 copias que ni siquiera estaban pensadas para la venta.

En Estados Unidos, ya como «Mah Nà Mah Nà», el single entró en la lista Hot 100 de Billboard, pasó seis semanas en ella y llegó al puesto 55 en octubre de 1969. Para entonces, la película ya se proyectaba en Nueva York.

Dos titiriteros a la vuelta de la esquina

Desde agosto de 1969, Sweden: Heaven and Hell, como se tituló en inglés, se exhibía en el Avco Embassy East, en la calle 58 Este de Manhattan. A principios de octubre fueron a verla Jim Henson y Frank Oz. Según contó Oz al biógrafo de Henson, Brian Jay Jones, les bastó con doblar la esquina. Henson salió de allí con la melodía puesta.

Barrio Sésamo se estrenó ese noviembre, y Henson echaba mano de material propio para llenar episodios. El 27 de noviembre de 1969, en el episodio 14, un muñeco desgreñado y dos marionetas con vestido de niña cantaron la canción por primera vez con los Teleñecos; el muñeco acabaría llamándose Bip Bippadotta. Henson usó personajes distintos a propósito, para no mezclar su trabajo comercial con el educativo, y el coro sonaba diferente: lo cantaban voces de niña y las sílabas no eran las que luego se harían famosas.

Bocetos a lápiz de Jim Henson con varios diseños de las Snowths sobre papel rayado
Bocetos de Jim Henson para las Snowths. © The Jim Henson Company. Imagen: Jim Henson’s Red Book.

Tres días después, el domingo 30 de noviembre, llegó el estreno en cadena nacional, en el Ed Sullivan Show. Henson diseñó para la ocasión unos personajes nuevos, construidos por Don Sahlin y Caroly Wilcox: Mahna Mahna, de pelo naranja y nariz rosa, y dos criaturas rosas de boca redonda, las Snowths, cuyo nombre juntaba snout (hocico) y mouth (boca). Las bocas de ellas repetían la forma de los ojos de él. Frank Oz manejaba a las dos, que cantaban el estribillo muy formales y negaban con la cabeza cada vez que Mahna Mahna se iba por las ramas.

De Benny Hill al primer Muppet Show

Después volvió en especiales de Tom Jones y de Goldie Hawn y en el espectáculo de Nancy Sinatra en Las Vegas. En el Reino Unido, desde 1971, el Benny Hill Show lo usó como música de fondo de sus sketches de humor físico.

En 1976, Henson lo rescató para el primer episodio del Muppet Show, con la bailarina Juliet Prowse de invitada. La puesta en escena era casi idéntica a la de 1969, más pulida, y las Snowths seguían teniendo la voz de Oz. Esa versión se quedó en la memoria de varias generaciones y su efecto llegó a las listas: en 1977, el original de Umiliani, reeditado en el Reino Unido, subió al número 8.

Umiliani murió en Roma en febrero de 2001, a los 74 años, con más de 150 bandas sonoras a la espalda. Alessandroni murió en 2017, con 92. Las necrológicas de los dos, entre westerns y jazz, hicieron sitio para aquella sauna sueca.

Aquella Suecia de exportación también hizo carrera en España, donde las suecas del cine del landismo alimentaron el mismo mito con menos nieve y más playa. Otra melodía con un viaje imprevisto a sus espaldas es «The Lion Sleeps Tonight», cuya historia empieza muy lejos de las listas estadounidenses.

Explora

Consulta el mapa de las historias

Con borde blanco, los países de esta historia. Pulsa cualquier país para ver lo que ocurrió allí, o viaja por épocas y décadas.

Fuentes consultadas

Siguiente historia

Portada de The Ballad of the Skeletons: un grabado de esqueletos danzando entre llamas, rodeado de los nombres de Allen Ginsberg, Paul McCartney, Philip Glass y Lenny KayeCultura pop y rarezas modernasThe Ballad of the Skeletons: el poema de Allen Ginsberg con Paul McCartney a la bateríaAllen Ginsberg le pidió a Paul McCartney que le recomendara un guitarrista y acabó con un Beatle de acompañante. El poema en cuestión, The Ballad of the Skeletons, era una sátira escrita…Leer la siguiente historia →¿Te quedas con ganas de más?Sorpréndeme con otra historiaTirar el dado →

El boletín del Café

No te pierdas la próxima historia

Episodios reales, documentados y profundamente desconcertantes. Cada semana publicamos una nueva historia.

Suscribirme gratis →Por correo o con avisos en el navegador, como prefieras.

Quién escribe

Comparte esta historia

¿Te gusta El Café de la Historia? Añádenos como fuente preferida y verás más historias nuestras en Google.