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El juicio de los escarabajos de Aviñón: cuando la Iglesia llevó a los insectos ante los tribunales

Un escarabajo sanjuanero de élitros marrones y antenas en abanico sobre una piedra

En 1320, en Aviñón, dos sacerdotes revestidos con todos sus ornamentos citaron a juicio a los escarabajos sanjuaneros que estaban arrasando los cultivos. Los acusados recibieron la notificación por escrito, tuvieron abogado y hasta un argumento de defensa: también ellos tenían derecho a comer. La sentencia les dio tres días para mudarse a un campo señalado. Ninguno firmó el acuse de recibo.

Una plaga con antenas en abanico

El escarabajo sanjuanero (Melolontha melolontha) mide entre 25 y 30 milímetros y tiene unas antenas en forma de abanico. Los adultos salen de la tierra en abril o mayo, viven entre cinco y siete semanas y se dedican a comerse las hojas de los árboles. Lo peor viene después: las larvas pasan tres o cuatro años bajo tierra royendo raíces, y cada pocos años las poblaciones se disparan.

Para hacerse una idea de lo que puede ser una de esas explosiones, en 1911 se recogieron más de 20 millones de sanjuaneros en un bosque de apenas 18 kilómetros cuadrados. En la Edad Media, sin insecticidas, casi el único remedio práctico era recogerlos a mano. El otro era rezar. Y, en algunos sitios, llevarlos ante el juez.

Citados a juicio en Aviñón

Aviñón era entonces la ciudad de los papas, que se habían instalado allí en 1309. El caso de 1320 es, según el fitopatólogo neerlandés Jan C. Zadoks, profesor emérito de la Universidad de Wageningen, el primer proceso documentado ante un tribunal eclesiástico contra una plaga. Zadoks lo resume en Crop Protection in Medieval Agriculture (2013): los dos sacerdotes convocaron a los escarabajos a comparecer bajo pena de destierro, y la notificación les informaba de que tendrían un defensor.

Vista panorámica de la fachada del Palacio de los Papas de Aviñón con la plaza delante
El Palacio de los Papas de Aviñón. Se levantó a partir de 1335, pero en 1320 la ciudad ya era la residencia de los papas. Foto: Jean-Marc Rosier (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons.

Los sanjuaneros, como cabía esperar, no se presentaron. Su abogado tenía la explicación: no habían recibido una carta de salvoconducto que garantizara su seguridad por el camino. Y añadió un argumento de fondo, el derecho de sus clientes a buscar alimento.

Tres días para mudarse

El tribunal buscó una solución salomónica: los escarabajos debían trasladarse en un plazo de tres días a un campo que se les indicaba, con comida abundante. Los que no obedecieran quedarían proscritos y podrían ser exterminados.

Ese «podrían» es importante. Muchas versiones populares, de Wikipedia a algunas webs de naturaleza, cuentan que los escarabajos no cumplieron y que los recogieron y los mataron a todos. La reconstrucción de Zadoks, que es la más detallada, solo habla de la amenaza. Edward Payson Evans, que en 1906 reunió una larga lista de procesos contra animales, se limita a incluir el caso en su lista cronológica: año 1320, sanjuaneros, Aviñón.

Teatro o fraude

Evans recogía una distinción del jurista alemán Karl von Amira: los tribunales civiles juzgaban y ejecutaban a cerdos, vacas o caballos acusados de matar a personas, mientras que los eclesiásticos procesaban a ratas, ratones, langostas o gorgojos para expulsarlos de los campos con exorcismos y excomuniones. La historiadora Giulia Rainis explica que, desde el siglo XII, las autoridades locales solían remitir estos casos a la Iglesia, que podía maldecir o excomulgar a los acusados.

Grabado antiguo de un tribunal juzgando a una cerda y sus lechones ante jueces y público
Grabado del siglo XIX que recrea el juicio a una cerda y sus lechones en Lavegny, uno de los procesos civiles contra animales domésticos. Imagen de dominio público, vía Wikimedia Commons.

Zadoks cuenta casos desde el año 824 hasta 1866, con el máximo en los siglos XIV y XV, contra orugas, saltamontes, topos, caracoles, ratas, gorgojos y, sobre todo, langostas. Su veredicto no es amable: aquello era, en el mejor de los casos, un bonito teatro, y en el peor, un fraude para mantener tranquilo al pueblo. Las plagas hacían lo de siempre, seguir su camino o morir, y en cualquiera de los dos casos la sentencia se cumplía y la Iglesia quedaba bien.

Con los sanjuaneros, además, la apuesta era segura: los adultos apenas viven unas semanas. No escarmentaron, eso sí. Según la tabla que recoge Zadoks, volvieron a sentarse en el banquillo en Lausana en 1497 y en 1579. Y Evans cuenta que, entre 1685 y 1770, el báculo de san Magno se llevaba en procesión desde Füssen, en Baviera, hasta Lucerna, Zug o Schwyz para expulsar ratas, ratones y sanjuaneros.

En el blog tenemos más animales con problemas legales: los juicios a cerdos, ratas y gorgojos, con la defensa de las ratas de Autun incluida, y el pleito de los delfines, el día que Candás llevó a juicio a los cetáceos. Siglos después, otro tribunal tuvo que oír hablar del demonio, aunque se negó a escucharlo: el juicio de Arne Cheyenne Johnson.

Los juicios a animales, en vídeo

National Geographic España repasa los juicios contra animales en la Europa medieval, de la cerda de Falaise al gallo de Basilea.

Los juicios contra animales en la Edad Media

Dura cuatro minutos y está en español.

Lee también: Juicios a animales: cerdos, ratas y gorgojos ante el juez y Tributo de las tres vacas: el tratado de paz de 1375

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