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Grabado coloreado de 1789 con jinetes austriacos y un prisionero turco en primer plano y una batalla al fondo

El 24 de septiembre de 1788, el ejército otomano llegó a Caransebes, en la actual Rumanía, y se encontró muertos y heridos por el suelo y una ciudad que nadie defendía. Dos noches antes, las tropas del emperador José II se habían disparado entre ellas en plena oscuridad, convencidas de que tenían al enemigo encima. Ese pánico está documentado. La versión que se cuenta hoy, con barriles de aguardiente, húsares borrachos y un «¡Halt!» confundido con «¡Alá!», se escribió medio siglo después y fue engordando con cada relato, hasta llegar a unas diez mil bajas que nadie ha sabido justificar.

Una guerra que José II no quería

Rusia y el Imperio otomano se enfrentaron en doce guerras entre los siglos XVI y XX, y en la que estalló en 1787 Austria entró como aliada de Rusia. José II, emperador del Sacro Imperio y hermano de María Antonieta, declaró la guerra a los turcos en febrero de 1788 con una campaña mal preparada, y según la Wikipedia en inglés parecía poco dispuesto a combatir contra los otomanos.

Retrato del emperador José II de perfil, con casaca verde de cuello rojo y condecoraciones
El emperador José II, en un retrato a partir de Joseph Hickel (dominio público)

En julio, los otomanos cruzaron el Danubio y entraron en el Banato austriaco. El emperador acudió con unos cien mil hombres de procedencias muy distintas: austriacos, rumanos, serbios de la frontera militar, croatas, italianos de Lombardía y otras minorías, muchos de los cuales no se entendían entre sí; la Wikipedia en español precisa que muy pocos hablaban alemán, la lengua del emperador. En septiembre acamparon junto a Caransebes, en la confluencia del Timiș y el Sebeș.

La noche del aguardiente, según el relato tradicional

Lo que pasó la noche del 21 al 22 de septiembre (el 17, según la Wikipedia en español y el relato de Gross-Hoffinger) se cuenta casi siempre igual. Una avanzadilla de húsares cruzó el Timiș para buscar a los turcos, no los encontró y dio en su lugar con unos vendedores de aguardiente: gitanos, según la Wikipedia en español, El Confidencial y La Razón; rumanos, según la Wikipedia en inglés. La Razón añade que los húsares iban a cobrar diez ducados por cada cabeza otomana. Compraron aguardiente y se pusieron a beber. Cuando llegó la infantería y pidió su parte, los húsares se negaron a compartir, levantaron una barricada alrededor de los barriles y la discusión acabó con un disparo.

A partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Unos soldados rumanos gritaron «¡Turcii! ¡Turcii!», los húsares huyeron convencidos de que llegaba el enemigo y la infantería salió corriendo detrás. Los oficiales intentaron frenar la desbandada a gritos de «¡Halt! ¡Halt!», que los soldados que no sabían alemán entendieron como el «¡Alá!» de los otomanos. Al ver llegar a los jinetes a la carrera, el general de artillería Colloredo creyó que era una carga turca y mandó abrir fuego. El campamento entero despertó en mitad de una batalla contra sí mismo.

Puente metálico sobre el río Timiș en Caransebeș, con árboles en las orillas
El río Timiș a su paso por Caransebeș, el que según el relato tradicional cruzaron los húsares aquella noche (foto: Oguszt, CC BY-SA 3.0)

Al emperador, según la historia del siglo XVIII de Friedrich Christoph Schlosser, de 1843, el pánico lo separó de su escolta y anduvo perdido en la oscuridad; llegaron a darlo por prisionero hasta que apareció en Caransebes acompañado de un solo hombre. La moral quedó tan tocada que José II ordenó la retirada.

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Cuánto hay de cierto

El problema de esta historia es de dónde sale. Que el ejército austriaco sufrió un ataque de pánico, se disparó a sí mismo y perdió Caransebes sin presentar batalla lo recogen periódicos europeos de octubre de 1788 y una revista militar austriaca de 1831. El barril, los gitanos y el «¡Halt!» proceden del relato de Anton Johann Gross-Hoffinger, escrito 59 años después, según la Wikipedia en español (el autor ya había publicado en 1835 una historia de la vida y el reinado de José II), y los recogen libros de divulgación como The Hinge Factor, de Erik Durschmied. Los historiadores sospechan que el relato tradicional rellena con detalles pintorescos los huecos de una documentación que los austriacos quizá no tenían interés en ampliar.

Con las bajas ocurre lo mismo. Las fuentes de la época no distinguen entre las víctimas del fuego amigo, las que causaron los turcos y las que dejaron los saqueos. Un parte habla de 150 bajas en la retaguardia; otro, de mil heridos llevados a la fortaleza de Arad; un tercero, de 538 hombres, 24 cazadores y un oficial desaparecidos, que en su mayoría volvieron a filas. Se perdieron tres cañones y la caja con la paga del ejército. La Wikipedia en español cifra las bajas, según fuentes fiables, entre quinientos y mil doscientos muertos y heridos. Las diez mil bajas que repiten tantos artículos salen de una biografía de José II publicada en 1968 por Paul Bernard, que no decía de dónde las sacaba, y de ahí pasaron a autores como Geoffrey Regan y Micheal Clodfelter.

Lo que de verdad diezmó a los austriacos aquel año fue otra cosa. Según los partes oficiales, la inmensa mayoría de las decenas de miles de bajas de la campaña de 1788 se debieron a enfermedades, sobre todo la malaria y la disentería.

Después de Caransebes

Dos días después llegaron los otomanos, encontraron muertos y heridos y tomaron Caransebes sin esfuerzo. La guerra siguió hasta 1791: Austria conquistó Belgrado en 1789, pero perdió buena parte de lo ganado en la última fase, y la paz de Sistova solo le dejó cambios territoriales menores. José II no vio el final. Volvió a Viena en el otoño de 1788 ya enfermo, con tos y dificultad para respirar, y murió el 20 de febrero de 1790; hoy se cree que de tuberculosis pulmonar.

El canal de divulgación HistoriaEn10′ cuenta en unos minutos la versión tradicional, barril incluido.

La EBRIA batalla de Karánsebes! 🍺🍺🍺

«El peor caso de fuego amigo de la historia»

Así la han llamado algunos historiadores, según la Wikipedia en inglés. Con todas sus exageraciones, lo que nadie discute es que los otomanos tomaron una ciudad que el ejército del emperador había abandonado después de dispararse a sí mismo.

Otras historias del blog: la flota rusa del Báltico que disparó contra unos pesqueros ingleses camino de Tsushima, los paracaidistas estadounidenses que aterrizaron por error junto a Melilla y los ataques inútiles de las últimas horas de la Primera Guerra Mundial.

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Fuentes consultadas

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