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Los elefantes de Siam que Lincoln rechazó: la oferta del rey Mongkut y la respuesta de 1862

Daguerrotipo del rey Mongkut de Siam sentado, con una de sus hijas en el regazo, dentro de un estuche con orla dorada

Un capitán de la Marina estadounidense le contó al rey Mongkut de Siam, en febrero de 1861, que en América no había elefantes. El rey escribió entonces al presidente James Buchanan para ofrecerle varias parejas que, sueltas en los bosques, formarían manadas. La carta llegó casi un año después, con Abraham Lincoln en la presidencia y el país en guerra. En febrero de 1862, Lincoln aceptó los regalos y declinó, con exquisita cortesía, los elefantes.

En América no hay elefantes

Mongkut, también llamado Rama IV, reinó en Siam, la actual Tailandia, entre 1851 y 1868. Es el rey que contrató como institutriz a Anna Leonowens y el que el cine convirtió en protagonista de El rey y yo. Se presentaba, entre otros títulos, como profesor de la lengua de Magadha y de literatura budista.

Aquel febrero fondeó ante la desembocadura del Chao Phraya el John Adams, un velero de guerra estadounidense, y su capitán, Berrien, subió a presentar sus respetos. El rey le preguntó por América y el marino le contó que allí no había elefantes: tan raros eran que, si alguien exponía un colmillo grande, la gente acudía a miles a verlo.

Instrucciones para mandar elefantes por mar

El 14 de febrero de 1861, Mongkut fechó dos cartas para Buchanan «o a quienquiera que el pueblo haya elegido» en su lugar. En una hacía la oferta. Le habían contado que en América ya se criaban camellos importados, y proponía lo mismo con elefantes: varias parejas de crías, machos y hembras, sueltas en bosques de la zona tórrida con agua y pasto, sin que nadie las molestase. Con el tiempo formarían manadas, y los americanos podrían domarlos como bestias de carga por selvas sin caminos.

Página manuscrita en inglés de la carta del rey Mongkut a Buchanan, con un sello real en la esquina superior izquierda
Página de la carta del rey Mongkut del 14 de febrero de 1861 en la que pide a Estados Unidos un barco cargado de heno, con agua dulce y establos, para llevar los elefantes. Dominio público (Archivos Nacionales de EE. UU.), vía Wikimedia Commons.

Siam, admitía, no tenía medios para llevarlos tan lejos. Si el presidente y el Congreso aprobaban la idea, debían enviar un barco grande cargado de heno, con tanques de agua dulce y establos donde los animales pudieran estar de pie y tumbarse. El rey mandaría una o dos parejas cada vez, y pedía que un vapor remolcara el barco para acortar la travesía y que en América no los llevaran a climas fríos.

Con las cartas viajaban los regalos: una espada de acero forjada en Siam a la japonesa, con vaina de plata e incrustaciones de oro, un retrato del rey con una hija en el regazo y dos colmillos de unos 30 kilos cada uno, para exhibirlos y que creciera «la gloria y la fama de Siam». El John Adams no zarpó hasta julio y llegó en enero de 1862, con Buchanan ya fuera de la Casa Blanca.

«Grande y buen amigo», pero sin elefantes

Lincoln contestó el 3 de febrero de 1862, unas tres semanas después de recibir el envío. La carta se preparó en el Departamento de Estado y la refrendó el secretario William H. Seward, pero la firmó Lincoln. Tras la fórmula de rigor, «Grande y buen amigo», agradece unos colmillos de tal tamaño que «solo pudieron pertenecer a un animal nacido en Siam». Como la ley prohíbe al presidente quedarse regalos, los acepta en nombre del pueblo y los guardará en los archivos del Gobierno, como prueba de una estima «más honrosa para ambas naciones de lo que podría serlo cualquier trofeo de conquista».

Abraham Lincoln con barba, sentado en una silla de madera tallada y vestido de oscuro, en un retrato de estudio
Abraham Lincoln, fotografiado en la galería de Mathew Brady el 16 de mayo de 1861. Dominio público (Biblioteca del Congreso), vía Wikimedia Commons.

Luego, los elefantes. Lincoln agradece la oferta de un plantel «del que criar elefantes en nuestro propio suelo» y dice que la aceptaría sin dudar si fuera útil en la situación del país. Y llega la negativa: «Nuestra jurisdicción política, sin embargo, no alcanza una latitud tan baja como para favorecer la multiplicación del elefante, y el vapor, en tierra y en el agua, ha sido nuestro mejor y más eficaz medio de transporte en el comercio interior». El rey había pedido la zona tórrida y Washington le respondía, muy diplomáticamente, que de eso no tenía.

Camellos en Texas y elefantes de leyenda

Lo de los camellos era cierto, aunque el rey exageraba al decir que ya abundaban. En 1855, a instancias del secretario de Guerra, Jefferson Davis, el Congreso destinó 30.000 dólares a comprarlos para el ejército, y en 1856 y 1857 llegaron a Texas dos remesas. Cargaban mucho peso y aguantaban sin beber, pero espantaban a los caballos. Al estallar la guerra, unos ochenta acabaron en manos confederadas.

El 26 de febrero de 1862, Lincoln remitió al Congreso las cartas del rey y su respuesta, y le pidió que decidiera dónde guardar los regalos. La espada y el daguerrotipo están hoy en los Archivos Nacionales de Estados Unidos, que en 2018 prestaron la carta de los elefantes a una exposición en Bangkok por los 200 años de amistad entre ambos países. Se tituló, cómo no, «Grandes y buenos amigos».

Con los años, la historia se deformó. Se contó que el rey había ofrecido elefantes de guerra contra la Confederación y que Lincoln bromeó con usarlos para aplastar la rebelión. Nadie del entorno de Lincoln dejó constancia de esa frase: la mención más antigua localizada está en The Ivory King, un libro de Charles Holder de 1886, y la película El rey y yo ayudó a difundir la leyenda. En las cartas, de batallas, ni una palabra.

Cuando le llegó la oferta de Siam, Lincoln ya lucía la barba que le había sugerido en 1860 Grace Bedell, una niña de once años, en otra carta célebre. Y más de medio siglo después, una elefanta asiática corrió en Estados Unidos una suerte muy distinta de la que Mongkut imaginaba para los suyos: Mary, a la que ahorcaron en Tennessee en 1916. Y algo más de un año después de su carta a Mongkut, el 13 de febrero de 1863, Lincoln recibía en el Salón Este de la Casa Blanca a los protagonistas de la boda de Tom Thumb y Lavinia Warren, el gran golpe publicitario de Barnum.

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