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Cartas de hanafuda de Nintendo con flores y animales en una vitrina, junto a dos cajas con el retrato de Napoleón

Fusajiro Yamauchi rondaba los treinta años cuando, en septiembre de 1889, abrió en Kioto un negocio para fabricar a mano hanafuda, las barajas japonesas de flores. Lo llamó Nintendo, un nombre que nadie ha sabido traducir con seguridad. Durante casi ocho décadas la empresa vivió de los naipes, con los garitos entre sus mejores clientes, hasta que Hiroshi, bisnieto del fundador, la llevó a los juguetes y luego a los videojuegos.

Un vendedor de cemento con olfato para las cartas

Yamauchi no partía de cero: había entrado por adopción en la familia que le dio el apellido y dirigía su negocio de cemento. El 23 de septiembre de 1889 abrió una tienda de naipes, Nintendo Koppai, con barajas hechas a mano con corteza de morera y mitsumata. Jugaba a la hanafuda y eligió bien el momento: el Gobierno Meiji acababa de volver a legalizar los juegos de cartas, en 1885 o en 1886, según las fuentes.

Nintendo suele traducirse como «deja la suerte al cielo», pero ningún documento lo confirma, y Hiroshi Yamauchi admitió que no sabía qué significaba. Florent Gorges e Isao Yamazaki, que han escrito su historia, señalan que el ten de Nintendo es el carácter que abre tengu, el duende narigudo de una de las barajas de la casa, y proponen leerlo como «la casa autorizada a hacer hanafuda». Hay yakuzas que lo relacionan con ninkyo, la «caballerosidad» con la que se describen ellos mismos.

Cuarenta y ocho cartas y ni un solo número

Una baraja de hanafuda tiene 48 cartas en doce palos de cuatro, uno por mes, y cada mes tiene su planta: pino en enero, ciruelo en febrero, cerezo en marzo, glicinia en abril, lirio en mayo y peonía en junio; luego vienen la lespedeza, la eulalia, el crisantemo, el arce, el sauce y la paulonia. No llevan números. Son más pequeñas y gruesas que los naipes occidentales, porque se hacen pegando capas de papel y arcilla.

Las 48 cartas de una baraja de hanafuda antigua pintada a mano, con pinos, cerezos, glicinias, peonías, arces y otras plantas
Baraja de hanafuda pintada a mano a finales del periodo Edo (1789-1854), con cuatro cartas por cada mes del año. Dominio público., vía Wikimedia Commons.

Todo empezó con unos naipes portugueses, que llegaron a Japón a mediados del siglo XVI y que los japoneses copiaron. En 1633, con el país cerrado a casi todo lo extranjero, las cartas europeas quedaron prohibidas, y las barajas locales sufrieron nuevos vetos por su relación con las apuestas. Los fabricantes cambiaron los dibujos para despistar a la autoridad, y así nacieron las cartas de flores, cuya forma actual data de mediados del periodo Edo, según unas fuentes, o del siglo XIX, según otras.

Hoy el juego más popular es el koi-koi, un duelo a dos en el que cada jugador intenta reunir combinaciones de cartas antes que el rival.

Napoleón en la caja y la yakuza en la mesa

La primera baraja de Yamauchi, la Daitōryō («presidente»), llevaba en la tapa a Napoleón Bonaparte; después llegó la Tengu, de calidad algo inferior. Según la cronología oficial, en 1902 la empresa empezó a fabricar también naipes occidentales, los primeros hechos en Japón; otras fuentes hablan de 1907 o de 1911.

Placa verde con letras doradas en japonés en la fachada de piedra del antiguo edificio de Nintendo en Kioto
Placa del antiguo edificio de Yamauchi Nintendo en Kioto, que presenta a la casa como fabricante de karuta y de toranpu, los naipes occidentales.. Foto: Antonio Tajuelo (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons.

La hanafuda era el juego de los garitos. El barrio de la tienda era territorio de la Aizukotetsukai, una banda de Kioto fundada en 1868, y hasta la palabra yakuza sale de estas cartas: en el oicho-kabu, un juego de apuestas en el que hay que acercarse a nueve, un 8, un 9 y un 3 suman 20 y no valen nada, porque solo cuenta la última cifra. En los sesenta, Gunpei Yokoi empezó en Nintendo revisando las impresoras de cartas, porque una baraja defectuosa servía para hacer trampas, y se cuenta que algún mafioso fue a quejarse.

De Mickey Mouse a la Famicom

Fusajiro se retiró en 1929 y le sucedió su yerno, Sekiryo. En 1949, tras un ictus de Sekiryo, el mando pasó a su nieto Hiroshi, que dejó Derecho en la Universidad de Waseda para ser presidente con 22 años.

En 1953 Nintendo fue la primera empresa japonesa en fabricar en serie naipes de plástico, y en 1959 empezó a vender barajas con personajes de Disney. En 1963, ya en bolsa, pasó a llamarse Nintendo Co., Ltd., sin mención a los naipes, y probó suerte con una compañía de taxis o con sopas de fideos instantáneas; hay quien añade un hotel del amor que nadie ha conseguido documentar.

El giro llegó con Gunpei Yokoi, cuyo juguete Ultra Hand triunfó en 1966. Hubo tropiezos, como el Laser Clay Shooting System de 1973, un tiro al plato con luz para salones de ocio que la crisis del petróleo convirtió en un agujero de millones. Tras las primeras consolas domésticas, la TV Game 15 y la TV Game 6 (1977), llegaron en 1980 las Game & Watch, que a Yokoi se le ocurrieron al ver en el tren bala a un ejecutivo aburrido que jugaba con una calculadora. La Famicom (NES fuera de Japón) salió en 1983, dos años después de la recreativa Donkey Kong y dos antes de Super Mario Bros.

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La historia de Nintendo, en vídeo

Polygon, web estadounidense de videojuegos, repasa en su canal y en inglés la historia de la compañía, de las barajas de hanafuda a los inventos de Gunpei Yokoi.

The Incredible History of Nintendo: 129 Years in the Making

Las cartas siguen ahí. La fábrica de Uji, levantada en 1969 para hacer naipes y reconvertida luego en taller de reparación de consolas, abrió el 2 de octubre de 2024 como Museo Nintendo, con un taller para hacerse unas hanafuda propias. A finales de los sesenta, Nintendo vendió unos bloques tan parecidos a los de Lego que los daneses la llevaron a juicio, y lo perdieron; tres décadas después, Hiroshi Yamauchi vivió el batacazo bursátil que siguió a aquel episodio de Pokémon de 1997.

Fuentes consultadas

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