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La guerra de los helados de Glasgow y el crimen que sigue sin culpable

Joe Steele, de perfil y con gafas, uno de los dos hombres condenados en 1984 por el incendio de la familia Doyle

En los barrios del este de Glasgow, a principios de los ochenta, una furgoneta de helados podía llevar mucho más que cucuruchos, y la pelea por las rutas acabó a escopetazos. Aquella disputa, la guerra de los helados, tuvo su peor noche el 16 de abril de 1984: alguien prendió fuego a la entrada del piso de los Doyle, en Ruchazie, y murieron seis personas, entre ellas un bebé. Thomas «TC» Campbell y Joe Steele fueron condenados a cadena perpetua, pero en 2004 el tribunal de apelación anuló las sentencias por error judicial. El incendio sigue sin culpable.

Tiendas con ruedas en barrios sin tiendas

En los años sesenta, Glasgow levantó grandes polígonos de vivienda social, los housing schemes, con muy pocos comercios cerca. Las furgonetas de helados ocuparon ese hueco. Además de polos vendían comida, artículos de aseo, periódicos y tabaco, y para muchas familias hacían de tienda de la esquina, con motor y musiquilla.

Una buena ruta dejaba cientos de libras a la semana, y eso atrajo a gente con otros planes. Algunas furgonetas servían para colocar mercancía robada, sobre todo cigarrillos; también se habló de heroína, aunque según algunos reportajes esa parte se exageró. La competencia pasó de los ladrillos y las hachas a las escopetas disparadas contra los parabrisas. A la policía de Strathclyde, acusada de no frenarlo, le cayó un mote: Serious Chimes Squad, por las campanillas de las furgonetas.

«Fat Boy» no quiso soltar su ruta

Andrew Doyle tenía 18 años y trabajaba en las furgonetas de la familia Marchetti. En el barrio le llamaban «Fat Boy». Según la versión más repetida, se negó a vender droga desde el mostrador y a dejar su recorrido a quienes se lo reclamaban. En febrero de 1984, alguien disparó contra el parabrisas de su furgoneta, sin herirle.

Furgoneta de helados blanca con rayas de colores y dibujos de cucuruchos, aparcada junto a un edificio en Glasgow
Una furgoneta de helados en Glasgow, en 2009. En los barrios del este, las de los años ochenta hacían también de tienda de ultramarinos, vía Wikimedia Commons.

Unas seis semanas después, hacia las dos de la madrugada del 16 de abril, alguien subió hasta la última planta de un bloque de Bankend Street, en Ruchazie, donde vivían los Doyle, empapó de gasolina la entrada del piso y le prendió fuego. Dentro dormían nueve personas; solo salieron la madre y dos de los hijos. Murieron el padre, James Doyle, de 53 años; tres de sus hijos, James, de 23, Andrew, de 18, y Tony, de 14; su hija Christina Halleron, de 25, y el hijo de esta, Mark, de 18 meses.

Un testigo de bar y una frase de 24 palabras

Siete hombres fueron juzgados, pero solo dos salieron condenados por los asesinatos: Campbell, de 31 años, que según la acusación quería proteger su negocio de furgonetas frente a los Marchetti, y Steele, de 22. William Love, que tenía sus propios problemas con la justicia, declaró haberlos oído en un bar planear un escarmiento para «Fat Boy» quemándole la casa. Y cuatro agentes aseguraron que, al detenerlo, Campbell les había dicho: «Solo quería que le dispararan a las ventanillas de la furgoneta. Lo del fuego en casa de Fat Boy solo era para asustar y se fue de las manos». A Steele le atribuyeron otra frase: «Yo no soy el que encendió la cerilla».

Fachada de piedra del edificio del Tribunal Superior de Justicia de Escocia en el Lawnmarket de Edimburgo, en un día de lluvia
Edificio del Tribunal Superior de Justicia de Escocia en el Lawnmarket de Edimburgo, la ciudad donde el tribunal de apelación anuló las condenas de Campbell y Steele en 2004, vía Wikimedia Commons.

El juicio duró 27 días. Ninguna prueba forense los relacionaba con el fuego, y los dos negaron los hechos. El juez, lord Kincraig, los llamó «hombres violentos y peligrosos» y les impuso cadena perpetua, con un mínimo recomendado de 20 años. Campbell sumó diez más por los disparos contra la furgoneta.

Pegamento en Buckingham y huelgas de hambre

El primer recurso fracasó en 1989. En 1992, Love admitió ante los periodistas Douglas Skelton y Lisa Brownlie, que preparaban el libro Frightener, que había mentido bajo juramento «porque convenía a mis propios fines egoístas».

Campbell hizo varias huelgas de hambre y llegó a pesar unos 41 kilos. Steele se fugó más de una vez para protestar; en 1993 se esposó a la verja del palacio de Buckingham y se pegó los dedos con pegamento, y los bomberos tardaron una hora en soltarlo. A mediados de los noventa, el ministro para Escocia, Michael Forsyth, devolvió el caso a los tribunales y los dejó en libertad provisional. Duró poco: en febrero de 1998, los jueces rechazaron las nuevas pruebas por dos votos contra uno y ambos volvieron a la cárcel.

En noviembre de 2001, la Comisión Escocesa de Revisión de Casos Penales devolvió el caso al tribunal de apelación, y en diciembre los dos salieron otra vez a la espera de sentencia.

Cuatro policías con la misma memoria

El vuelco llegó desde la psicología. Brian Clifford, catedrático de la Universidad de East London, hizo pruebas de memoria: tras oír una frase, la gente recordaba entre el 30 y el 40 % de las palabras, y el mejor resultado con una de 24, tantas como la atribuida a Campbell, fue de 17. Que cuatro agentes la reprodujeran casi igual por separado era muy difícil de creer. El 17 de marzo de 2004, los jueces lord Gill, lord MacLean y lord Macfadyen anularon las condenas por error judicial. «No hay alegría», dijo Campbell, «porque en este caso solo hay perdedores».

La guerra de los helados, en vídeo

El diario escocés Daily Record adelantaba en este vídeo, en inglés, el documental de BBC Scotland sobre la guerra de los helados de Glasgow, con el incendio que mató a seis miembros de la familia Doyle.

Remembering Glasgow's deadly 'Ice Cream Wars' which resulted in the brutal mass murder of six

Steele cobró 750.000 libras de indemnización; disculpas, según contó en 2019, ninguna. En esa misma entrevista sostuvo que el incendio lo encargó Tam McGraw, un capo de Glasgow muerto en 2007. Campbell murió en junio de 2019, a los 66, en su casa de Argyll. Nadie ha sido condenado por la muerte de los Doyle. Tampoco tuvo culpable lo de Skidmore, en Misuri, donde Ken McElroy murió a tiros en 1981 delante de decenas de vecinos sin que nadie viera nada.

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