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Los karatekas que demolieron una casa a golpes

Los quince karatekas de la International Budo Association posando sobre los escombros de la casa que demolieron en Idle en 1972

Seis horas tardaron Phil Milner y quince karatekas de la International Budo Association en reducir a escombros una casa victoriana de Idle, en Bradford, sin más herramientas que los puños, los pies y la frente. Ocurrió el 4 de junio de 1972, con las cámaras de la televisión de Yorkshire delante, y el Guinness lo dio por bueno en su edición de 1973. Lo que la casa le había hecho a nadie sigue sin aclararse.

Un barrio llamado «ocioso»

Aquel domingo, a unos ocho kilómetros del centro de Bradford, quince hombres y su maestro se plantaron delante de una casa con la intención de tirarla abajo. Para eso se suele alquilar una excavadora. Ellos venían con lo puesto.

El sitio merece un inciso. Idle, en inglés, significa «ocioso», y el barrio llevaba décadas presumiendo de un club obrero, el Idle Working Men’s Club, cuyo nombre leído en voz alta parece anunciar un refugio para trabajadores vagos. Rara vez un topónimo ha mentido con tanto descaro como aquel día.

Fachada de piedra del Idle Working Men's Club, en Idle (Bradford), con sus carteles y la fecha de 1928 grabada en el muro
El Idle Working Men’s Club, fundado en 1928: lo más parecido a un monumento en un barrio cuyo nombre significa «ocioso». Foto: Tim Green (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons.

Quién mandaba la cuadrilla

Phil Milner venía del jiu-jitsu. Llegaría a décimo dan en 1999, un año antes de morir, pero en 1972 andaba ocupado con otro proyecto: la International Budo Association, una asociación fundada por él en esa década y a la que no le venía nada mal un poco de publicidad. Quince de sus miembros se apuntaron a la aventura.

¿Y la casa? Seis habitaciones, estilo victoriano temprano, unos 130 años a sus espaldas, o 150 según el Miami News. Aquí empiezan las dudas. British Movietone, que filmó la demolición, habla en su noticiario de una capilla abandonada; la asociación sostiene que era una vivienda, y el Guinness le dio la razón. Al edificio, a estas alturas, la distinción le trae sin cuidado.

Una sola regla: nada de herramientas

La norma era fácil de enunciar y muy desagradable de cumplir. Solo valían la cabeza, el pie y la mano vacía, que es como lo describe la propia asociación, con una solemnidad que casi hace olvidar que hablamos de tirar tabiques a cabezazos.

Tardaron seis horas.

Quien se haya dado alguna vez contra una pared sin querer sabe que la cuenta no sale a favor de los nudillos, de modo que conviene imaginar el estado de aquellas manos a la quinta hora. Ninguna de las dos partes salió indemne, si bien solo una podía alegar daños estructurales.

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La chimenea aguantó como pudo. En la película de Movietone se la ve venirse abajo tras resistir lo indecible: quienes la levantaron, en los primeros años de la época victoriana, pensaban en el viento de Yorkshire, en el hollín, quizá en algún invierno especialmente perro. En karatekas, no.

Una cámara, un patrocinador y un rótulo equivocado

Detrás de todo había televisión. Pagaba Calendar, el informativo regional de Yorkshire Television, y Movietone se encargó de que la proeza llegara a las salas de cine, con un pequeño despiste incluido: la pieza se tituló Judo Demolition. Que fueran karatekas debió de parecerle un detalle menor a quien rellenó la ficha. A la casa, también.

El instructor Andy Daly cuenta en su blog que el Guinness estuvo allí para dar fe. El récord entró en la edición de 1973, en el apartado de proezas humanas, aunque la noticia había viajado mucho antes: el 5 de junio, con los cascotes todavía calientes, ya la publicaban en Florida el Palm Beach Post y el Miami News.

Y al final, la reverencia

Terminado el trabajo, los dieciséis se inclinaron ante los escombros, como se saluda en el tatami al rival vencido. El Guinness de 1973 lo dejó escrito con toda la seriedad del mundo: «Al terminar, hicieron una reverencia a los escombros». El Miami News del 5 de junio añadía que fue una ceremonia tradicional en honor del adversario derrotado.

Milner tuvo además el detalle de reconocerle los méritos al rival: «Era una casa bien construida, pero mereció la pena el desafío. El único obstáculo de verdad fue la pared de la chimenea». Después de más de un siglo de servicio, aquel montón de ladrillos recibió en su último día más respeto que en toda su vida.

Herederos

La idea hizo escuela. En mayo de 1991 un club de karate de Worksop, en Nottinghamshire, echó abajo las casas adosadas de Kilton Road: no una, sino diecisiete. El gran maestro Wolfgang Manicke, por su parte, llevaba ya veintiséis viviendas derribadas con las manos cuando se fue a por otra a Prince Albert, en Canadá.

Hay quien colecciona sellos.

Cuentas finales

Aquel 1972 fue generoso con el libro de los récords. En enero, sobre Checoslovaquia, la azafata yugoslava Vesna Vulović había sobrevivido a una caída de más de diez mil metros sin paracaídas, otra marca que acabó en el Guinness y que, comprensiblemente, nadie se ha ofrecido a batir.

Del edificio de Idle, casa para el Guinness y capilla para Movietone, no quedó en pie ni la chimenea. Quedan unas cuantas fotos de hombres muy satisfechos encima de los cascotes y una lección que el sector de la construcción había aprendido mucho antes: la excavadora existe por algo.

La demolición de Idle, en vídeo

British Movietone mandó una cámara a Idle y montó una pieza de poco más de un minuto. Ahí está la chimenea cayendo, y ahí está el rótulo que convirtió a quince karatekas en judokas.

JUDO DEMOLITION

El noticiario llegó a los cines británicos el 8 de junio de 1972, cuatro días después de la demolición.

Fuentes consultadas

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