Saltar al contenido

El puente de Overtoun: por qué saltan los perros (y no es un suicidio)

El puente de Overtoun visto de lado, con su parapeto de piedra sobre el barranco cubierto de vegetación y Overtoun House al fondo

A las afueras de Milton, en el oeste de Escocia, hay un puente de piedra de 1895 que da acceso a una mansión victoriana, Overtoun House. Desde los años cincuenta, según los recuentos que circulan, han saltado por él unos 300 perros, y al menos medio centenar no sobrevivió a la caída de quince metros. La prensa lo bautizó como «el puente de los perros suicidas». La explicación, como casi siempre, tiene menos de fantasmas que de nariz.

Una pareja pasea a dos perros pequeños atados por el puente de Overtoun, camino de Overtoun House
Paseantes con sus perros, atados, cruzando el puente hacia Overtoun House. Foto: Dave Souza / CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Overtoun: el puente antiguo y evocador

El puente de Overtoun se alza sobre un barranco angosto, a las afueras de Milton, en el condado de Dumbarton. Fue construido en 1895 como acceso señorial a la finca de Overtoun House, que aún hoy conserva ese aire decimonónico entre tétrico y majestuoso, ideal para aparecer en cualquier serie de crímenes británica.

Durante mucho tiempo, los vecinos se dieron cuenta de un fenómeno extraño: perros perfectamente sanos y felices cruzaban el puente… y de repente, sin previo aviso, saltaban por encima del parapeto. Sin pelea previa. Sin drogas recreativas. Simplemente, saltaban. Y no estamos hablando de uno o dos casos sueltos: los recuentos que circulan hablan de al menos 300 perros que han saltado desde la década de 1950, y de unos 50 que no sobrevivieron a la caída.

El fenómeno ganó notoriedad en los años 2000, cuando varios medios comenzaron a cubrir lo que, en términos de marketing del horror, se bautizó como el Dog Suicide Bridge.

Una barandilla traicionera y unos hocicos demasiado finos

La primera explicación que surgió —cómo no— fue la sobrenatural. La zona de Overtoun, es rica en historias de fantasmas, y hay quien afirma que el lugar está impregnado de una energía «densa». Otros, más concretos, aseguran que el espíritu de cierta señora, que murió con el alma atribulada, deambula por los alrededores y, bueno, quién sabe, que igual le ha cogido manía a los perros.

Pero, afortunadamente, no todos los investigadores se conformaron con los fantasmas. Uno de los primeros en aplicar un enfoque racional fue el psicólogo animal David Sands, especialista en comportamiento canino (la Sociedad Escocesa para la Prevención de la Crueldad contra los Animales también investigó el caso, aunque sin llegar a conclusiones claras). Y lo que descubrió fue, cuando menos, sorprendente. Al fin y al cabo, eso de atribuir a los animales ganas de quitarse la vida tiene un precedente ilustre: el falso suicidio de los lemmings que Disney rodó a base de empujones.

Overtoun House, mansión victoriana de piedra con torre, al final del puente de Overtoun
Overtoun House y su puente. Foto: Rosser1954 / CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Sands observó que la mayoría de los perros que saltaban eran de razas cazadoras, con hocicos largos y finamente entrenados para detectar olores: Collies, Labradores, Golden Retrievers, Springer Spaniels… El perfil del típico sabueso adicto al aroma de cualquier animalito que husmee entre los arbustos. No era precisamente una muestra aleatoria.

Otro detalle: casi todos saltaban por el mismo lado del puente.

Además, Sands reparó en un detalle arquitectónico crucial: el parapeto del puente tiene una altura de más de un metro. Es decir, para un perro que camina a nivel suelo, lo que ve no es un barranco, sino una simple continuación del paisaje. Y si huele algo sugerente al otro lado, su cerebro le manda el siguiente comando: “escalón habitual, salta sin mirar”.

DEL BLOG AL LIBRO

¿Creías que esto era extraño? Es porque todavía no conoces nuestro libro.

Más de 300 páginas de historias reales que parecen inventadas: personajes extravagantes, decisiones absurdas y episodios que cuesta creer que ocurrieran.

📖 Entrar en Mundo Estrambótico →

Tapa blanda · Tapa dura · Kindle

El factor visón: la revelación olorosa

La pista buena llegó cuando Sands y su equipo analizaron los olores predominantes en la zona. Y lo que encontraron fue un culpable inesperado: el visón americano.

Introducido en Escocia a mediados del siglo XX, el visón es una criatura escurridiza que, además de devastar fauna autóctona, tiene una peculiaridad: posee glándulas anales que segregan una sustancia extremadamente olorosa. ¿Y qué provoca ese aroma en los perros cazadores? Exacto: una locura olfativa para narices caninas.

En un experimento posterior se colocaron ante diez perros recipientes con olor a ratón, ardilla y visón: siete fueron directos al del visón, y varios de ellos con muy poca elegancia. Además, la Real Sociedad para la Protección de las Aves encontró nidos de ratones, ardillas y visones justo en el lado del puente por el que suelen saltar los perros. Y dado que la base del puente es un barranco húmedo, sin corrientes, cerrado como un embudo y lleno de madrigueras, los efluvios del visón suben como una nube embriagadora que vuelve locos a los perros.

¿Y por qué algunos perros vuelven a intentarlo?

Este es, quizás, el dato más inquietante. Hay testimonios de dueños cuyos perros sobrevivieron a la caída… sólo para intentar saltar de nuevo al cruzar el puente. Nadie tiene una explicación del todo segura.

Lo más probable es que aquí no haya nada parecido a un suicidio, que es un concepto humano: el perro, sencillamente, no relaciona el salto con el peligro, sobre todo si salió del barranco sin lesiones graves. El olor sigue ahí, y el instinto también.

Recordemos que los perros, por muy inteligentes que sean, no manejan bien el concepto de gravedad ni tienen perspectiva vertical.

Soluciones sugeridas: ¿barandillas con ventanita?

A estas alturas, se podría pensar que las autoridades habrán instalado señales de advertencia, barandillas transparentes o al menos un cartel que dijera: “Cuidado: puente con olor a culo de visón”. Y, de hecho, algo han hecho. Hoy día, al acercarse al puente, se pueden ver letreros advirtiendo a los dueños que mantengan a sus perros atados.

Pero más allá de eso, no se ha reformado el diseño arquitectónico del puente. Y eso que una simple modificación en los parapetos —digamos, pequeños huecos protegidos para permitir visión— podría reducir el problema a mínimos razonables.

Tampoco es tan sencillo: el puente forma parte de un paisaje protegido como patrimonio histórico, y tocar un monumento catalogado nunca es rápido, ni siquiera por el bien de las mascotas.

El lado oscuro de la nariz perruna

Lo más probable es que no haya espectros ni portales al más allá, sino un diseño arquitectónico desafortunado y un perfume animal capaz de convertir a un Labrador en proyectil. Aunque no todo el mundo lo compra: un cazador de la zona, con cincuenta años de paseos por el lugar, jura que allí no hay visones. Y así, el puente sigue guardando una parte de su misterio.

De leyendas que atribuyen muertes sin una sola prueba sabe mucho la de Gloomy Sunday, la canción maldita de Budapest.

No te pierdas la próxima historia

Cada semana publicamos una nueva historia. Recíbela gratis en tu correo.

Únete a más de 5.490 lectores

Fuentes consultadas