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Fotomontaje: Jenaro Gajardo hablando en un televisor antiguo, con la imagen del alunizaje del Apolo 11 de fondo

«Norte, Sur, oriente y poniente: espacio sideral». Así describía los linderos de su finca el abogado y poeta chileno Jenaro Gajardo Vera, que en 1954 inscribió ante notario, en Talca, la propiedad de la Luna. Lo hizo, según contaba, porque el club social de la ciudad no admitía socios sin bienes raíces. En el Conservador de Bienes Raíces nadie encontró nunca la inscripción, pero a Gajardo le dio igual: cuando murió, en 1998, dejó la Luna en herencia a su pueblo.

Abogado, poeta y anfitrión de extraterrestres

Jenaro Gajardo Vera nació el 18 de noviembre de 1919 en Traiguén, en el sur de Chile, y fue el sexto de los diez hijos del médico Delfín Gajardo. Estudió Castellano en el Instituto Pedagógico y luego Derecho en la Universidad de Chile, y además de abogado fue pintor y poeta: publicó los ensayos «Algunas cosas sencillas» y «Copas de fuego» y dirigió la revista Grupos.

A principios de 1951 se instaló en Talca para ejercer de abogado, y allí fundó la Sociedad Telescópica Interplanetaria, uno de cuyos fines era «formar un comité de recepción a los primeros visitantes extraterrestres». En su directorio estaba el obispo Manuel Larraín, y su presencia ayudó a que en Talca no se burlaran demasiado de ellos.

La Plaza de Armas de Talca, en Chile, con árboles y edificios alrededor
La Plaza de Armas de Talca, la ciudad donde Gajardo ejercía de abogado. Foto: TomasVial (CC0, Wikimedia Commons)

Una finca de 3.475,99 kilómetros

El porqué de la Luna lo contó de varias maneras. La versión más conocida es que quiso entrar en el Club Social de Talca y no lo admitieron, porque para ser socio había que tener alguna propiedad. Otras veces habló de «un acto poético de protesta», para elegir él a los futuros habitantes del satélite, y a La Tercera le dijo que quería dar a conocer su Sociedad Telescópica. A Don Francisco, en Sábado Gigante, se lo resumió así: «No me agrada la gente que habita el planeta Tierra».

Según su relato, le explicaron que, para registrar un bien sin dueño, tenía que anunciar la reclamación en la prensa y esperar a que nadie se opusiera (la Wikipedia en inglés habla de tres avisos en el Diario Oficial). Nadie se opuso. El 25 de septiembre de 1954, ante el notario de Talca César Jiménez Fuenzalida, dejó constancia de lo siguiente:

«Jenaro Gajardo Vera, abogado, poeta, es dueño desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, oriente y poniente: espacio sideral».

Lo de «desde antes del año 1857» era la fórmula que se usaba entonces para regularizar terrenos sin título. Gajardo aseguraba que la escritura se inscribió en el Conservador de Bienes Raíces de Talca, pero allí no hay registro de ella. Y la fecha bailaba según la entrevista: en 1968 decía que había sido el 17 de junio de 1956; en 1969, el 17 de octubre de 1956; en 1972, el 16 de julio de 1956, y a Don Francisco le habló de octubre de 1953.

Detalle de la inscripción notarial: «satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna», con la firma de Jenaro Gajardo Vera
Detalle de la inscripción de la Luna a nombre de Jenaro Gajardo Vera

«Ustedes van a tasar la Luna primero»

Casi nadie lo supo hasta el 13 de octubre de 1968, cuando lo contó el diario La Nación. A partir de ahí, la historia dio la vuelta al mundo, y un periódico estadounidense, The Evening Independent, lo presentó como el hombre que había comprado la Luna por un dólar.

Según contó en Sábado Gigante, un día se presentó el Servicio de Impuestos Internos para cobrarle lo que correspondía por su nueva propiedad. «Muy bien, no nos vamos a complicar la vida», les dijo. «Ustedes van a tasar la Luna primero y una vez que la tasen, hablamos».

Jenaro Gajardo, con gafas de pasta, sostiene una fotografía de la Luna
Jenaro Gajardo, con una fotografía de su finca

La carta de Nixon

La anécdota más famosa es de 1969. Según Gajardo, antes del Apolo 11, el presidente Richard Nixon le pidió por medio de la embajada de Estados Unidos «autorización para el descenso de los astronautas Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que le pertenece». Él contestó: «En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Whitman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es solo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria».

No hay rastro de esa carta, que además tiene un fallo de bulto: pide permiso para que bajen tres astronautas, cuando Michael Collins se quedó en órbita mientras Armstrong y Aldrin pisaban la finca.

La Luna, de todos y de nadie

En 1967, el Tratado del Espacio Exterior prohibió a los Estados apropiarse de la Luna y de cualquier otro cuerpo celeste, y el Acuerdo de la Luna, en vigor desde el 1 de julio de 1984, la declaró patrimonio común de la humanidad. Gajardo siguió a lo suyo: contaba que había revalidado su propiedad en Washington con la ayuda del abogado Enrique Monti Forno.

En 2013, el propio Gobierno chileno convirtió su historia en un cortometraje de la Corfo para el Año de la Innovación, como ejemplo de lo que se consigue con imaginación.

Vídeo: Jenaro Gajardo, el dueño de la Luna

Para quien prefiera la versión televisiva, este reportaje de Meganoticias repasa la historia de Gajardo y de su finca lunar.

Viaje A Lo Insólito / Jenaro Gajardo: El chileno que fue dueño de la Luna

Un testamento con satélite

Gajardo murió el 3 de mayo de 1998 en Santo Domingo, en la costa central chilena, a los 79 años, y en una notaría de Santiago dejó dispuesto el destino de su finca: «Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas».

No consta que el pueblo chileno haya tenido que pagar el impuesto de sucesiones.

No fue el único con escrituras lunares. En 1980, el estadounidense Dennis Hope se declaró dueño de la Luna y empezó a vender parcelas, una historia que contamos en cómo comprar una parcela en la Luna. Y mucho antes, en 1787, una carta fechada en Tenerife anunció la llegada de dos selenitas en un globo dorado y pidió al rey, ya puestos, el cargo de virrey de la Luna. Y si quieres saber cómo recibieron en la Tierra al primero que pisó la Luna, lee la visita de Neil Armstrong a Langholm y la ley que mandaba ahorcar a los Armstrong.

Lee también: La escuadra rusa de Fernando VII: el negocio millonario que dejó a España con una flota problemática, El programa espacial de Zambia y sus afronautas de 1964 y Dennis Hope, el hombre que vende parcelas en la Luna

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