El programa espacial de Zambia

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Autor: El café de la Historia


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En 1964, Rodesia del Norte se independiza de Gran Bretaña y se bautiza como Zambia, nombre inspirado por el río Zambeze.

El programa espacial de Zambia

Hasta aquí todo normal si nos situamos en el contexto de la ola de descolonización que sacudió el continente africano en la franja central del siglo XX.

Y nace la Z.N.A.S.S.R.P

La fecha oficial de la independencia de Zambia fue el 24 de octubre de 1964, y apenas un mes después ya estaba en marcha la Z.N.A.S.S.R.P (Zambia National Academy of Science, Space Research and Philosophy).

Pero empecemos por el principio.

Toda esta alucinante historia comienza cuando a un reportero estadounidense de la revista Time enviado para cubrir los festejos de la independencia zambiana se le acerca un desenvuelto caballero, tocado con un sombrero salacot y una extraña capa, que responde al nombre de Edward Mukuka Nkoloso.

El señor Mukuka le explica ante las cámaras que él es ni más ni menos que el (autoproclamado) presidente de la recién creada agencia espacial zambiana y que tiene un objetivo: enviar a Marte una nave tripulada por un puñado de hombres, una chica menor de edad, un misionero y unos gatos.

Aquí tienen a Edward Mukuka Nkoloso
Aquí tienen a Edward Mukuka Nkoloso

El reportero que se topó con lo inesperado apenas puede articular palabra, y deja que Edward Mukuka se explaye para asombro de propios y extraños, más si tenemos en cuenta que Zambia, como tantos países de su entorno, bastante trabajo tenía con poder alimentar a su población.

Afronautas en Marte

Pero… ¿Quién era el tal Mukuka?

En 1964, Edward Mukuka Nkoloso era un ex militar que en aquellos momentos ejercía como profesor de ciencias en un colegio local y que tenía un sueño: adelantar a soviéticos y norteamericanos en su frenética carrera espacial y colocar a un astronauta negro en Marte.

El primer paso de su plan era poner una afronauta zambiana y dos gatos en la Luna en 1965, aunque no contemplaba su colonización ya que, según sus rigurosos estudios, nada había allí que fuese de interés para la Humanidad.

En cambio en Marte, también según sus cálculos y observaciones desde su «base secreta» con un telescopio casero, había una primitiva civilización de salvajes con la que hermanarse.

Y para no repetir los errores de la colonización occidental en África, el misionero a bordo tenía órdenes tajantes de no forzar la conversión al cristianismo de los marcianos, dejando a la elección de éstos si querían abrazar la fe cristiana o no.

EL PROGRAMA ESPACIAL DE ZAMBIA - El café de la historia
Vamos, vamos, que nos vamos

Y, sobre todo, Mukuka quiere adelantarse a rusos y yankis y conseguir que un afronauta zambiano sea el primer ser humano que ponga un pie en el planeta rojo.

Para ello contaba con un grupo de voluntarios que se ejercitaban en el terreno destartalado de una granja abandonada que más parecía un patatal que un campo de entrenamiento.

Pero aunque a los integrantes de esta aventura les sobraba voluntad, no es menos cierto que les faltaba lo más importante: dinero.

Entrenamiento de los afronautas - El café de la historia
Entrenamiento de los afronautas

Para conseguirlo, Mukuka publica en un periódico una carta dirigida a la Unesco en la que pide la cantidad de ¡setecientos millones de libras! para poder lograr su objetivo.

Sobra decir que ni la Unesco ni ningún organismo internacional se dieron por aludidos, asunto que no desanimó al voluntarioso Mukuka que en su enfebrecido trayecto hacia la culminación de su misión -quizá- se trastornó ligeramente y empezó a ver espías por todos lados, y denunciaba continuamente que las grandes potencias intentaban infiltrarse en su proyecto con el objetivo de robar sus gatos y sus planes secretos, para desesperación del recién formado gobierno de Zambia que en plena Guerra Fría había optado por la neutralidad y temía enemistarse con las grandes potencias por este asunto.

El café de la historia - recorte de periódico de la carrera espacial de Zambia

Inasequibles al desaliento, el entrenamiento de la tripulación continuaba en la «base espacial» sin descanso con el fin de otorgar a Zambia la supremacía espacial.

Entrenamiento de los afronautas con barriles - El café de la historia
Aquí, el laboratorio de ingravidez

Un entrenamiento -afortunadamente grabado para la posteridad por la Associated Press– a base de gimnasia de patio de escuela, columpios caseros colgados de ramas de árboles, y lanzamiento de los futuros astronautas colina abajo dentro de barriles metálicos entre otros ejercicios que buscaban simular la ingravidez, y que seguramente hicieron arquear cejas de incredulidad, tanto en Cabo Cañaveral como en algún despacho del Kremlin, como se puede apreciar en el siguiente video.

Un consejo: no se lo pierdan; no tiene desperdicio.

El cohete D-Kalu 1

El cohete, llamado D-Kalu 1, era una nave con forma de tambor de 3 x 2 metros y estaba fabricado a base de aluminio y cobre.

La tecnología «secreta» de Mukuka para lanzar el cohete más allá de la estratosfera rumbo a lo ignoto se basaba en el funcionamiento de la catapulta.

¿Qué podía salir mal?

Nunca lo sabremos ya que se le negó de manera tajante el permiso de «despegue».

Los problemas crecen

Pero para el perseverante Mukuka (y la agencia espacial zambiana) empezaron los problemas de verdad cuando la única afronauta, Matha Mwambwa, se quedó embarazada (recuerden, era menor de edad), y se presentaron sus padres en la Nasa zambiana hechos una furia para llevársela lo más lejos posible de toda esa demencia espacial.

El resto de afronautas, desmoralizados, empezaron a desertar, el dinero no acabó de llegar nunca y en el gobierno de Zambia ya nadie veía con la más mínima simpatía la iniciativa cósmica; la denuncia de Mukuka de que espías extranjeros habían intentado robarle sus gatos astronautas, había terminado de poner de los nervios al gobierno al completo.

Tras la llegada de los norteamericanos a la Luna en 1969, Mukuka abandonó, desilusionado, definitivamente el proyecto.

Murió en 1989 sin poder ver realizado su sueño de convertirse en «controlador del séptimo cielo del espacio interestelar».

Zambia no logró la supremacía tecnológica espacial pero para la historia queda esta maravillosa crónica de un chiflado con un sueño imposible y una fe inquebrantable que fue todo un símbolo para su país, y que en el momento de su muerte fue enterrado con honores de estado.

Para la posteridad queda el documental «Nkoloso the afronaut» de 2014 que reivindica al que unos consideran un visionario y otros, simplemente, un simpático chiflado inspirador y genial.

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Documental «Nkoloso the afronaut«



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