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Pontiac Catalina descapotable rojo de 1971 aparcado sobre la hierba en una exposición de coches clásicos

Cada vez que compraba helado de vainilla, su Pontiac nuevo se negaba a arrancar; con cualquier otro sabor, ni un problema. Eso decía la carta que un cliente desesperado habría enviado a General Motors, que mandó a un ingeniero, que acabó descubriendo un fenómeno mecánico muy real que sí existe: el bloqueo por vapor. Es una de las historias favoritas de ingenieros y profesores de gestión, circula desde los años setenta y viene con moraleja incluida. Lo que nadie ha podido demostrar es que pasara.

La carta del helado

La historia, en su versión más difundida, empieza con una carta a la división Pontiac de General Motors. El remitente cuenta que en su familia toman helado de postre cada noche, que votan el sabor y que él va a comprarlo en coche. Y que desde que se compró un Pontiac nuevo tiene un problema: cuando compra vainilla, a la vuelta el coche no arranca; con cualquier otro sabor, arranca sin rechistar. Él mismo reconoce que suena a locura, y por eso, dice, es la segunda vez que escribe.

Según el relato, el presidente de Pontiac se muestra escéptico, pero manda a un ingeniero. Este se encuentra con un hombre de éxito, culto, con una buena casa en un buen barrio, que no tiene pinta de chiflado. Van juntos a la tienda: vainilla, y el coche no arranca. El ingeniero vuelve tres noches más: con chocolate arranca, con fresa arranca, con vainilla otra vez nada.

Cucurucho con una bola de helado de vainilla
El sospechoso habitual: un helado de vainilla. Foto: BrokenSphere (CC BY-SA 3.0).

El ingeniero, que se niega a creer que un coche pueda tener alergia a un sabor, empieza a apuntarlo todo: la hora, la gasolina, lo que tarda en ir y volver. Y encuentra la pista: el hombre tarda menos en comprar vainilla. Como es el sabor que más se vende, la tienda lo tiene en un congelador junto a la entrada, mientras que los demás están al fondo, en otro mostrador donde hay que esperar más.

El culpable: el bloqueo por vapor

El problema, por tanto, no era la vainilla, sino el tiempo. Con el motor apagado y todavía caliente, parte de la gasolina se evaporaba en el circuito de combustible y formaba bolsas de vapor que impedían que llegara bien al carburador. Si el conductor tardaba lo suficiente, el vapor se enfriaba, se volvía a condensar y el coche arrancaba. Si volvía enseguida, como con la vainilla, el motor no arrancaba.

Es lo que en inglés se llama vapor lock, y eso sí que no es ninguna leyenda. Era mucho más frecuente en los coches antiguos, con una bomba de gasolina mecánica junto al motor que alimentaba un carburador, y la inyección moderna lo ha vuelto mucho más raro. El calor, la altitud o las gasolinas que hierven a menos temperatura lo favorecen.

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La moraleja de la versión difundida es que hasta los problemas que parecen absurdos pueden ser reales. La consultora Kepner-Tregoe, que la cuenta en su blog sin nombrar siquiera la marca del coche, la usa para otra lección: que dos hechos que coinciden, comprar vainilla y que el coche no arranque, no tienen por qué ser causa y efecto.

¿Pasó de verdad?

Snopes, la web de verificación, la clasifica como leyenda. Según el folclorista Jan Harold Brunvand, el gran divulgador de las leyendas urbanas, al que cita Snopes, la historia apareció impresa en junio de 1978 en la revista Traffic Safety, que daba como fuente otra revista del motor, Automotive Engineering, y hay un testimonio que la sitúa ya en 1971. Pero ni Snopes ni nadie ha podido demostrar que ocurriera.

Hay otro detalle sospechoso: la explicación cambió de sentido con los años. En las versiones antiguas, el sabor problemático era el único que había que servir a mano, así que el comprador tardaba más, y el bloqueo se formaba precisamente durante la espera. En las modernas, la vainilla está junto a la puerta y el problema es que tarda menos. En algunas, el sabor maldito ni siquiera es la vainilla, sino el pistacho, y quien investiga no es un ingeniero de la marca, sino un mecánico del concesionario.

Pontiac Catalina verde de 1971 con techo blanco en un aparcamiento
Un Pontiac Catalina de 1971, el año del testimonio más antiguo de la historia que recoge Brunvand. Foto: Greg Gjerdingen (CC BY 2.0).

La versión que más circula por internet la difundió, entre otros, Stephen Mann, profesor de informática de la Universidad de Waterloo, en Canadá, como ejemplo para ingenieros de que lo evidente no siempre es la solución. En 2011, la web de motor Jalopnik la recordaba con esta advertencia: con los acertijos de ingeniería, los inventados funcionan igual de bien que los reales, así que casi nadie comprueba si ocurrieron.

Lo que se añadió por el camino

Cada versión ha añadido o quitado detalles. Según Snopes, unas veces el conductor se queja al concesionario y otras al fabricante, y la carta que circulaba por internet en 1998 empezaba presentándola como una historia «rara pero cierta». Un lector de Jalopnik la recordaba en 2011 como lo que le pasó a un coche americano de los años sesenta, una década antes del primer testimonio que recoge Brunvand, y la versión de Kepner-Tregoe habla solo de «un gran fabricante de automóviles».

Vídeo: el coche que odiaba la vainilla

La empresa de formación en ingeniería Skill-Lync cuenta la historia en este vídeo, en inglés, y explica el bloqueo por vapor, aunque la da por cierta.

Why did this Car Hate Vanilla Ice Cream? | Skill-Lync

Un fallo real, una historia sin pruebas

Que no se pueda demostrar no quiere decir que no pasara algo parecido en algún sitio: el bloqueo por vapor era frecuente en los coches de carburador y, como explica la Wikipedia en inglés, puede aparecer cuando se apaga el motor caliente y el coche se queda aparcado un rato corto. Pero la carta, el ingeniero y la heladería no tienen, de momento, más respaldo que el propio relato.

Otras historias del blog: los casos falsos de los premios Stella, unos cuantos premios Darwin y una que parecía leyenda y resultó cierta, la de los cartuchos de E.T. enterrados en el desierto.

Lee también: Little Bastard, el Porsche maldito de James Dean y El primer Ronald McDonald y los anuncios previos al 11-S

Fuentes consultadas

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