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El árbitro Ángel Franco Martínez sale al campo con el balón, entre sus dos jueces de línea, antes del Países Bajos-Irlanda del Norte de 1976

Mateu Lahoz, Undiano Mallenco, Iturralde González, Gil Manzano. En España, a los árbitros se les nombra siempre con los dos apellidos, y no es por capricho. Hasta finales de los años sesenta se les llamaba por el primero, con el «señor» delante. El cambio tiene que ver con un colegiado murciano de gran carrera, Ángel Franco Martínez, y con un apellido que en 1970 resultaba muy incómodo en los titulares y en las gradas: el mismo que el del dictador.

Del señor Gardeazábal al señor Franco

Como recordaba el periodista Alfredo Relaño en El País, durante décadas los árbitros fueron Escartín, Gardeazábal, Zariquiegui o Bueno, con el «señor» por delante. El segundo apellido solo se usaba si había dos con el mismo primero, como los Medina, o si el primero era demasiado común. A quienes sí se nombraba con los dos era a los ministros de Franco: Fraga Iribarne, López Rodó, Arias Navarro…

A finales de los sesenta despuntó un árbitro del Colegio Murciano llamado Ángel Franco Martínez, nacido en Murcia el 31 de octubre de 1938, que tras tres temporadas en Segunda debutó en Primera en 1969, en un Pontevedra-Granada. El problema era obvio. En los campos se coreaban insultos al árbitro con su apellido por delante, y en los periódicos eran habituales titulares como «Fulano robó el partido». Con un Franco, la cosa se complicaba: según ABC, frases típicas de la prensa deportiva como «Franco es muy malo» o «Franco se carga el partido» resultaban molestas para el régimen.

La censura era muy estricta, y según Crónica Global periodistas y medios aprovecharon el doble sentido para criticar al régimen, con frases como «Franco lo hizo mal», sin que nadie pudiera reprocharles nada: hablaban del árbitro. Las polémicas se repasaban en la moviola de TVE, la única cadena que había. ARA lo resume igual: «Qué malo es Franco» se leía como un mensaje contra la dictadura.

Un derbi en diciembre de 1970

En diciembre de 1970 se celebraba el proceso de Burgos, el consejo de guerra contra dieciséis miembros de ETA, que empezó el día 3 y provocó protestas dentro y fuera de España. Ese mismo mes, a Franco Martínez le tocó pitar el derbi vasco entre la Real Sociedad y el Athletic, en el estadio de Atocha. Según contó él años después, por San Sebastián corría una consigna para «acabar con este Franco y luego con el de Madrid»; Crónica Global la recoge como «primero mataremos a este árbitro y luego al de Madrid».

El ambiente no podía ser peor. El 4 de diciembre, la policía disparó contra una manifestación en Éibar y murió Roberto Pérez Jauregi. Guipúzcoa estaba en estado de excepción, y el día 14 la medida se amplió a toda España. Unos trescientos artistas e intelectuales catalanes se encerraron en Montserrat del 12 al 14. El 28 de diciembre se hizo pública la sentencia, con nueve penas de muerte y 519 años de cárcel, y dos días después el Consejo de Ministros conmutó las penas capitales. En ese clima, mandar a San Sebastián a un árbitro llamado Franco no parecía la idea más prudente.

Postal antigua del estadio de Atocha de San Sebastián, con el campo, la tribuna y la ciudad al fondo
El estadio de Atocha, campo de la Real Sociedad hasta 1993, en una postal antigua. Foto: Koldo Mitxelena Kulturunea (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons

Esa semana lo citaron en el piso de un canónigo de la catedral de Murcia. Le pareció tan raro que se presentó acompañado del presidente de su colegio, Manolo Cerezuela. Allí lo esperaba el secretario personal del ministro de la Gobernación, Tomás Garicano Goñi, que había sido gobernador civil de Guipúzcoa entre 1951 y 1956 (ABC y El Confidencial presentan al propio Garicano como el secretario, y ARA dice que fue el ministro quien se lo pidió). Garicano, jurista militar que en 1936 había hecho de enlace entre Mola y Martín Alonso, dimitió en 1973, tras la muerte de un policía en los incidentes del 1 de mayo en Madrid. Había viajado a Murcia solo para verlo. «Me dijo que me tenía que poner enfermo», le contó Franco Martínez a Alfredo Relaño. Y le hizo jurar que no se lo diría a nadie, ni siquiera a su mujer.

Al día siguiente comunicó al Comité que se había lesionado entrenando, y lo sustituyó el madrileño Antonio Camacho; según ABC, la Real ganó 2-1 tras remontar el gol inicial del Athletic. Al mismo tiempo, a los periódicos llegaron suaves indicaciones para que se le citara siempre con los dos apellidos. Franco a secas, escribe Relaño, era «el Otro». De quién partió la orden no está claro: la Wikipedia y La Razón la atribuyen al propio dictador o al régimen, y Crónica Global deja abierto si fue Franco, algún ministro o las autoridades del fútbol.

Y los demás, detrás

La costumbre se extendió enseguida. Relaño repasó la lista de la temporada en que Franco Martínez debutó en Primera: 16 de los 24 árbitros aparecían con un solo apellido, entre ellos Camacho, Guruceta o Rigo. Poco después, Guruceta era Guruceta Muro; Rigo, Rigo Sureda, y todos los que llegaron más tarde lo hicieron ya con los dos.

Entre los que pasaron por el cambio estaba el navarro Condón, que se convirtió en Condón Uriz, con un apellido que tampoco ayudaba en los titulares. Guruceta es la excepción que cita Crónica Global: en Barcelona siguió siendo solo Guruceta desde el 6 de junio de 1970, cuando, en un Barcelona-Real Madrid de Copa, pitó penalti a favor del Madrid por una falta de Rifé sobre Velázquez, según la Wikipedia a más de un metro del área. El partido se suspendió unos cinco minutos antes del final, entre disturbios, el comité lo sancionó seis meses y el Barcelona siguió recusándolo hasta 1985. Murió en un accidente de tráfico en Fraga, en 1987, camino de un Osasuna-Real Madrid. En 1997, el expresidente del Anderlecht Constant Vanden Stock admitió ante un tribunal belga que le había pagado en 1984 para ganar una semifinal de la Copa de la UEFA, y aun así el premio anual al mejor árbitro español sigue llevando su nombre.

Al propio Franco Martínez no le hacía gracia que se dijera que todo empezó por él: sostenía que ya había árbitros con dos apellidos antes, como los Medina o Ortiz de Mendívil, que tenía apellido compuesto. Relaño repasó los números y no le dieron la razón.

Las finales que no pitó

Mientras vivió el dictador, que solía entregar la copa desde el palco, Franco Martínez no arbitró ninguna final de la Copa del Generalísimo, aunque fue juez de línea en varias. «Nadie me decía que fuera por eso, pero no podía haber otra razón», le contó a Relaño. Según ARA, no pudo hablar abiertamente de aquello hasta después de la Transición.

Muerto el dictador, le llegaron las finales: la de 1978, Barcelona-Las Palmas (3-1); la de 1980, Real Madrid-Castilla (6-1), y la de 1984, Athletic-Barcelona (1-0, gol de Endika), la que terminó en batalla campal, con Maradona y Goikoetxea de protagonistas. Fue árbitro de Primera de 1969 a 1986 (17 temporadas, según Relaño y ABC; 16, según La Razón) e internacional durante quince años; en el Mundial de Argentina de 1978 dirigió dos partidos, entre ellos el Italia-Países Bajos, que Relaño cuenta como una de las semifinales. Fuera de España lo llamaban simplemente Martínez.

Tres árbitros con uniforme negro salen al campo por delante de los jugadores; el del centro lleva el balón
Franco Martínez y sus jueces de línea en el Países Bajos-Irlanda del Norte del 13 de octubre de 1976. Foto: Hans Peters, Anefo (CC0), vía Wikimedia Commons

Ya llevaba años pitando fuera. El 13 de octubre de 1976 dirigió en De Kuip, en Róterdam, el Países Bajos-Irlanda del Norte de clasificación para el Mundial, un 2-2 con Cruyff y George Best sobre el césped, en el que Best vio la tarjeta amarilla. Al año siguiente pitó tres partidos en el Mundial sub-20, y fue habitual en la Copa de Europa. La Wikipedia en español le cuenta 182 partidos en Primera; otras fuentes, 186.

Después fue vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros hasta 2018. Murió el 3 de febrero de 2024, a los 85 años.

El divulgador Pablo Ordorica cuenta en este vídeo cómo cambió Franco la forma de nombrar a los árbitros en España.

Así Cambió FRANCO la Historia de los ÁRBITROS en España 👀

Una costumbre que se quedó

La costumbre sobrevivió al motivo. Desde los años setenta, todos los árbitros españoles aparecen con los dos apellidos, de Ramos Marcos o Urízar Azpitarte a Undiano Mallenco o Iturralde González, y España sigue siendo una excepción: según la Wikipedia, en otros países se los nombra con el nombre y el primer apellido.

El derbi que no pudo pitar tuvo su epílogo. El 5 de diciembre de 1976, un año después de la muerte del dictador, Real Sociedad y Athletic salieron a jugar en ese mismo estadio de Atocha con una ikurriña todavía prohibida, llevada por los capitanes, Kortabarria e Iribar. Ganó la Real por 5-0, y la bandera se legalizó cuarenta días después. La cuestión de los apellidos, en cambio, nadie la volvió a tocar: por eso hoy se habla de Mateu Lahoz o de Latre, y pocos aficionados recuerdan que se llaman Antonio Miguel y Santiago.

Otras historias del blog: el origen de la tarjeta roja, el del penalti y el Francia-Kuwait del Mundial 82. Y otra historia de fútbol de aquellos años: Ricardo Zamora, el portero al que encarcelaron los dos bandos de la Guerra Civil.

Lee también: 23 de noviembre de 1928: el acuerdo que puso en marcha la Liga española de fútbol y El partido de Pio XII: la tragedia de un árbitro y un jugador en Brasil (2013)

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