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Pepsi y el Harrier: el estudiante que intentó cobrarse un caza de combate con puntos

Caza AV-8B Harrier II de los marines estadounidenses suspendido en el aire en vuelo estacionario

Un chaval con gafas de sol aterriza un caza de combate junto al aparcamiento de bicis de su instituto y suelta: «Desde luego, mejor que el autobús». En la pantalla aparece el precio: «Harrier Fighter: 7.000.000 de puntos Pepsi». Era 1996, Pepsi acababa de lanzar la campaña de fidelización más grande de su historia y nadie en la empresa echó la cuenta que sí hizo John Leonard, un estudiante de empresariales de 21 años: los puntos se podían comprar a diez centavos, así que el avión, valorado en más de 37 millones de dólares, salía por 700.000. Leonard reunió el dinero, mandó el cheque y, cuando Pepsi se negó a entregarle el caza, la llevó a los tribunales.

Pepsi Stuff: bebe Pepsi y llévate cosas

A mediados de los noventa Pepsi andaba a la caza del público joven en su eterna guerra con Coca-Cola. En marzo de 1996 lanzó Pepsi Stuff, una campaña en la que los clientes acumulaban puntos con las etiquetas de los productos y luego los cambiaban por camisetas, gafas de sol o chaquetas de cuero. Para anunciarla grabó varios anuncios, y en uno de ellos aparecía un adolescente camino del instituto con todos los regalos del catálogo: la camiseta por 75 puntos, las gafas por 175 y la chaqueta de cuero por 1.450.

El remate era el avión: un Harrier, el caza de despegue y aterrizaje vertical de los marines estadounidenses, generado por ordenador y con el logo de Pepsi, que aterrizaba junto al instituto provocando un vendaval que dejaba en calzoncillos a un profesor. Y con su precio en puntos, 7.000.000, como si fuera un regalo más del catálogo.

Un poco de aritmética

Reunir siete millones de puntos bebiendo Pepsi era imposible, pero la promoción tenía una rendija: si uno tenía al menos 15 puntos de etiquetas, podía comprar el resto directamente a diez centavos cada uno. Siete millones de puntos a diez centavos son 700.000 dólares. Un AV-8B Harrier II costaba entonces unos 37,4 millones. Leonard convenció a cinco inversores para que le prestaran el dinero y mandó a Pepsi las 15 etiquetas y un cheque de 700.008,50 dólares, los 700.000 más diez dólares de gastos de envío.

Caza AV-8B Harrier preparándose para aterrizar en vertical sobre la cubierta de un buque de asalto anfibio
Un AV-8B Harrier se prepara para aterrizar en vertical en la cubierta del USS Iwo Jima, en 2006. Foto: Marina de EE. UU. (dominio público).

Pepsi le devolvió el cheque con una carta: el Harrier no formaba parte de la promoción, su aparición en el anuncio era «fantasiosa» y solo pretendía crear un anuncio divertido. El abogado de Leonard contestó que habían revisado el anuncio, que ofrecía claramente el avión por siete millones de puntos y que su cliente había seguido las reglas, y le dio a Pepsi diez días hábiles para entregar el caza antes de demandarla.

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«Ningún colegio daría pista de aterrizaje a un caza»

El caso empezó en Florida y acabó en un tribunal federal de Nueva York. Leonard llegó a sostener que no debía decidirlo un juez sino un jurado formado, entre otros, por miembros de la «generación Pepsi», que sí habrían visto en el anuncio una oferta de verdad. El 5 de agosto de 1999 la jueza Kimba Wood le dio la razón a Pepsi: el anuncio no era una oferta, ninguna persona razonable podía creer que la empresa iba a entregar un avión de 37 millones por 700.000 dólares y, además, un contrato de ese valor exigía un acuerdo por escrito que no existía.

La sentencia tiene párrafos memorables. Para la jueza, el joven del anuncio era «un piloto muy poco probable», alguien a quien difícilmente le dejarían las llaves del coche de sus padres, y ningún colegio daría pista de aterrizaje al caza de un alumno ni toleraría el alboroto que causaría. Ir al instituto en un Harrier, concluyó, era «una fantasía adolescente exagerada». El tribunal de apelación confirmó la sentencia en 2000.

Siete millones, setecientos millones

Como Pepsi nunca cobró el cheque, tampoco hubo fraude. La empresa siguió emitiendo el anuncio, pero subió el precio del Harrier a 700 millones de puntos y añadió un «es broma» por si quedaba algún otro estudiante de empresariales con calculadora. El Pentágono, por su parte, aclaró que no vendería un Harrier a un civil sin desmilitarizarlo antes. En 2022 Netflix estrenó una serie documental sobre el caso, Pepsi, Where’s My Jet?, y el pleito se estudia hoy en las facultades de Derecho estadounidenses como ejemplo de lo que es y lo que no es una oferta.

Vídeo: el tráiler de «Pepsi, Where’s My Jet?»

Este es el tráiler oficial de la serie documental de Netflix sobre el caso, en inglés.

Pepsi, Where's My Jet? | Official Trailer | Netflix

No era la primera vez que una promoción se le iba de las manos a Pepsi. Cuatro años antes, en Filipinas, un concurso con un número premiado equivocado había acabado en disturbios y muertos. Con el Harrier, al menos, la sangre no llegó al río: solo a los tribunales.

Si te ha gustado, aquí tienes el desastre del número 349 en Filipinas, la «flota» de Pepsi en la Unión Soviética y la historia de John Draper, «Captain Crunch», que usó un silbato de regalo de unos cereales para hacer llamadas gratis.

Fuentes consultadas

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