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Pintura de Santiago Matamoros a lomos de un caballo blanco, espada en alto, cargando contra los musulmanes en la batalla de Clavijo

Durante siglos, los campesinos de buena parte del norte de España pagaron cada año un impuesto al apóstol Santiago. No era una limosna voluntaria, sino una renta en grano, y a veces en vino, para el arzobispo y el cabildo de la catedral de Compostela, justificada por una batalla en la que el santo habría bajado del cielo a caballo para ayudar a los cristianos. La batalla, tal como se contaba, probablemente nunca ocurrió, y el documento que obligaba a pagar era falso.

Clavijo, una batalla de leyenda

Según la tradición, en el año 844 el rey Ramiro I de Asturias se negó a seguir pagando al emirato de Córdoba el tributo de las cien doncellas y se enfrentó a los musulmanes cerca de Clavijo, en La Rioja. La víspera, el apóstol se le apareció en sueños y le prometió la victoria, y al día siguiente lo vieron combatir montado en un caballo blanco. Así nació Santiago Matamoros. El problema es que ninguna fuente menciona la batalla hasta siglos después: la primera crónica que la cuenta es la del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, hacia 1243. En 1948, el historiador Claudio Sánchez-Albornoz demostró que la leyenda tomaba elementos de una batalla real, la de Monte Laturce, del año 859.

Talla barroca de un santo jinete sobre un caballo blanco arrollando a guerreros musulmanes, en un retablo dorado
Santiago Matamoros, a caballo y espada en mano, en una talla barroca

Tras la victoria, Ramiro I habría prometido en Calahorra ofrecer cada año a la iglesia de Santiago las primeras cosechas y vendimias, además de una parte del botín que se tomara a los moros, como si el apóstol fuera un caballero más. Ese compromiso quedó escrito en el llamado Privilegio de los Votos, un diploma atribuido al rey que, según la Wikipedia en español, es una falsificación del siglo XII obra del canónigo Pedro Marcio, por encargo del obispo compostelano Diego Gelmírez. La historiadora Ofelia Rey Castelao lo fecha hacia 1140-1150 y lo considera un intento de dar credibilidad a una renta que no la tenía.

El supuesto original se extravió en 1543, cuando lo presentaron en la Chancillería de Valladolid en un pleito contra la villa de Pedraza. Quedaron las copias: la más antigua que se conserva está en un códice del siglo XII de la Biblioteca Nacional de España.

Un diezmo más para la catedral

En la práctica, el Voto era un impuesto extraordinario: un diezmo más de cereal para el cabildo de la catedral de Santiago, que se sumaba a los diezmos y primicias que el campesino ya pagaba a la Iglesia. Lo debían todos los labradores de un gran territorio que iba de Galicia a La Rioja. En Galicia se pagaba en centeno, o en vino en las parroquias de la ribera del Miño. Según el blog El Antiguo Régimen en España, que hace las cuentas con el Catastro de Ensenada de 1753, sólo la comarca de Chantada pagaba unos 11 000 ferrados de centeno y más de 8000 litros de vino al año. Lo que más dolía no era la cantidad, sino que pagaban todos por igual, fueran ricos o pobres.

La catedral contó además con bulas papales, algunas también falsas, como una atribuida al papa Celestino en 1195 que declaraba que el voto no prescribía. El espaldarazo definitivo se lo dieron los Reyes Católicos, que en su visita a Santiago en 1486 confirmaron todos los privilegios de la catedral, falsificaciones incluidas.

Pleitos, jueces a sueldo y eruditos incómodos

Muchos pueblos se resistieron, y los pleitos se sucedieron durante siglos. Las sentencias fueron casi siempre favorables al cabildo hasta que, en 1592, la Chancillería de Valladolid falló a favor de cinco obispados castellanos y reconoció la falsedad de los documentos clave del Voto. La respuesta fue una Real Cédula de 1615 que creó los Jueces Protectores del Voto: el arzobispo y el cabildo podían elegir a un juez de la Audiencia para que se ocupara de todos sus pleitos, y le pagaban un sueldo extra. Según el mismo blog, aquellos jueces fallaron sistemáticamente a favor de quien les pagaba hasta bien entrado el siglo XVIII.

En ese siglo, eruditos como Gregorio Mayans y Francisco Cerdá y Rico dejaron claro que lo de Clavijo pertenecía al campo de la fantasía, como los plomos del Sacromonte, unas planchas de plomo con falsos textos sagrados desenterradas en Granada a finales del siglo XVI, y aquello les costó no pocos problemas.

Bayona, Cádiz y el final del tributo

El primero en suprimirlo fue José Bonaparte: según la Wikipedia en inglés, lo abolió el Estatuto de Bayona de 1808. Las Cortes de Cádiz hicieron lo mismo en 1812, junto con otros privilegios del Antiguo Régimen. Para el blog El Antiguo Régimen en España, aquella fue la supresión definitiva de una renta que los campesinos gallegos consideraban injusta porque beneficiaba al arzobispo y a unos pocos miembros del cabildo.

De Santiago Matamoros a la Ofrenda Nacional

El Voto dejó también una imagen: Santiago a caballo, espada en mano, arrollando a los musulmanes, que se repitió en las iglesias del camino jacobeo y que en Galicia vivió su mayor desarrollo en el siglo XVIII. Al cruzar el Atlántico se convirtió en «mataindios», y su grito, «Santiago y cierra, España», llegó a los ejércitos. En la década de 1620 se discutió si Teresa de Jesús debía compartir con él el patronazgo de España; ganaron los partidarios del apóstol, y en 1760 el papa Clemente XIII lo declaró patrón del pueblo español.

En 1643, Felipe IV convirtió el Voto en ofrenda nacional para el día de su fiesta, el 25 de julio. Las Cortes de Cádiz la abolieron con todo lo demás, pero en plena guerra civil Francisco Franco la recuperó, ya sólo como símbolo, y todavía hoy el rey, o alguien en su nombre, acude cada 25 de julio a la catedral a hacer la ofrenda al apóstol.

El negocio dio envidia. En la Edad Media, Gonzalo de Berceo reclamó para San Millán de la Cogolla el copatronazgo y las mismas rentas, porque el santo riojano también habría luchado en Clavijo. Los monjes tenían su propio documento, los Votos de San Millán, atribuidos al conde Fernán González en el año 934 y, como el de Santiago, falsificados, en este caso a comienzos del siglo XIII.

Vídeo: Clavijo y el Voto de Santiago

Para quien prefiera la versión en imágenes, HistoriaDestacada repasa en este vídeo el origen de la leyenda:

SANTIAGO :  El ORIGEN de la LEYENDA #españa #historia #batallas  #santiago #hispanidad

Del pescador al Matamoros

Según la tradición, Santiago el Mayor era pescador, y Jesús lo apodó «hijo del trueno» por su carácter. Siglos después, la leyenda lo subió a un caballo blanco y la catedral que guarda su supuesto sepulcro, descubierto según la tradición en el siglo IX, lo convirtió en recaudador.

No es la única costumbre española que sobrevivió siglos por pura inercia: el pueblo granadino de Huéscar estuvo técnicamente en guerra con Dinamarca durante 172 años sin que nadie se acordara de firmar la paz. Y el camino a Compostela sirvió de remate a gestas igual de peculiares, como la de Suero de Quiñones, que tras su Passo Honroso en el puente de Hospital de Órbigo se fue a dar las gracias al apóstol. Por el mismo camino circulaban también los falsos peregrinos que vivían de los hospitales, y los echadores que los expulsaban. Otra batalla con ayuda celestial, aunque esta sí ocurrió: el milagro de Empel, en 1585. Y otra leyenda medieval con fondo real, aunque bastante más sangrienta: la campana de Huesca.

Lee también: Tributo de las tres vacas: el tratado de paz de 1375, Los echadores del Camino de Santiago: los vigilantes que perseguían a los gorrones medievales y El Passo Honroso de Suero de Quiñones: lanzas por amor

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