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Retrato en blanco y negro de John R. Brinkley en 1920, con gafas redondas, perilla, cuello duro y corbata

En 1930, tres días antes de las elecciones a gobernador de Kansas, el fiscal general del estado anunció un pequeño cambio en las reglas: los votos escritos a mano para cierto candidato solo contarían si su nombre aparecía exactamente así, «J. R. Brinkley». El candidato era un médico con un título comprado que se había hecho millonario implantando testículos de cabra a sus pacientes, y que acababa de perder la licencia para ejercer. Estuvo a punto de ganar.

Un título de medicina comprado

John Romulus Brinkley nació el 8 de julio de 1885 en Beta, en Carolina del Norte, en una familia pobre. Trabajó de telegrafista, empezó Medicina en el Bennett Medical College de Chicago, una escuela sin acreditar, y no la terminó. En 1912 compró un certificado a una fábrica de diplomas de Kansas City.

Al año siguiente (en 1912, según Via Empresa) montó con un socio, en Greenville (Carolina del Sur), una consulta para hombres preocupados por su vigor, en la que les inyectaban agua coloreada a 25 dólares el pinchazo, presentada como «medicina eléctrica de Alemania». Duraron dos meses, salieron de la ciudad dejando deudas por todas partes y Brinkley acabó en la cárcel por ejercer sin licencia. En 1915, tras pagar cien dólares, consiguió por fin un título de la misma universidad ecléctica de Kansas City, y trabajó como médico en una planta cárnica, donde oyó decir que la cabra era el animal más sano del matadero.

Glándulas de cabra en Milford

En octubre de 1917 se instaló en Milford, un pueblo de Kansas que buscaba médico, y en 1918 abrió allí una clínica de dieciséis habitaciones. Según la biografía que él mismo encargó, un granjero le pidió ayuda para su «debilidad sexual», Brinkley bromeó con que con un par de glándulas de macho cabrío no tendría problemas, y el paciente le rogó que se las pusiera. El hijo de aquel granjero contaría después al Kansas City Star que fue Brinkley quien le ofreció dinero por prestarse al experimento.

Fotografía antigua del quirófano del hospital de Brinkley en Milford, Kansas, con una mesa de operaciones, lámparas y vitrinas con instrumental
El quirófano del hospital de Brinkley en Milford (Kansas), hacia 1921. Dominio público, Wikimedia Commons.

La operación pasó a costar 750 dólares, unos 12.000 de hoy. Brinkley se limitaba a colocar el tejido de cabra en el escroto, y el cuerpo del paciente lo acababa absorbiendo como un cuerpo extraño. Operaba a veces bebido y en condiciones poco higiénicas, de modo que hubo infecciones y un número indeterminado de muertos: en 1930 ya había firmado 42 certificados de defunción, y entre 1930 y 1941 lo demandaron más de una docena de veces por muerte por negligencia.

Nada de eso frenó el negocio. La mujer de su primer paciente dio a luz a un niño, Brinkley lo vendió como prueba de éxito y empezó a anunciar sus glándulas como remedio para 27 dolencias, de la demencia a las flatulencias. En 1922, el dueño de Los Angeles Times lo retó a operar a uno de sus redactores, y la operación le trajo clientes de Hollywood. Ese mismo año, Buster Keaton ya hacía chistes en Cops sobre un especialista en glándulas de cabra.

La radio que recetaba

En 1923 fundó su propia emisora, KFKB («Kansas First, Kansas Best»). Hablaba durante horas para vender sus operaciones, y entre anuncio y anuncio programaba bandas militares, clases de francés, horóscopos, gospel y música country. Su gran invento fue el «Medical Question Box»: leía en antena las dolencias que le mandaban los oyentes y les recetaba remedios numerados que solo vendían las farmacias de su red, a precios inflados y con comisión para él. Se calcula que le dejaba unos 14.000 dólares a la semana.

Milford le debió el alcantarillado, las aceras, la luz eléctrica y una oficina de correos nueva para tanta carta. En 1925 consiguió un título honorífico de la Universidad de Pavía, pero las presiones de la Asociación Médica Estadounidense llegaron hasta Benito Mussolini, que lo anuló en persona. Brinkley siguió presumiendo de él hasta su muerte.

Sin licencia, a por el Gobierno de Kansas

Su gran enemigo era Morris Fishbein, de la Asociación Médica Estadounidense, que llevaba años denunciándolo. En 1930 el consejo médico de Kansas le retiró la licencia por «charlatanería organizada», y la Comisión Federal de Radio se negó a renovar la de KFKB; el pleito que perdió por ello acabó siendo un caso de referencia en el derecho de la radiodifusión en Estados Unidos.

Tres días después de quedarse sin licencia (cinco, según el artículo de Smith de 2022), Brinkley anunció que se presentaba a gobernador de Kansas, un cargo desde el que podría nombrar a su propio consejo médico. Como las papeletas ya estaban impresas, hizo campaña para que los votantes escribieran su nombre a mano. Recorría el estado en un avión que bautizó como The Romancer, y cuando un periodista criticó su candidatura, le mandó una cabra.

Recorte de periódico de 1930 con el programa de J. R. Brinkley para gobernador de Kansas y las instrucciones para escribir su nombre en la papeleta
Anuncio de la candidatura de J. R. Brinkley a gobernador de Kansas en 1930, que explicaba a los votantes cómo escribir su nombre en la papeleta. Dominio público, Wikimedia Commons.

Después llegó lo del nombre escrito exactamente como «J. R. Brinkley». Aun así sacó más de 180.000 votos, el 29,5 %, y perdió frente a Harry Woodring. The Des Moines Register calculó que se habían anulado entre 30.000 y 50.000 papeletas, y el propio Woodring admitió después que, si se hubieran contado, habría ganado Brinkley. Lo volvió a intentar en 1932, con el 30,6 % de los votos, y en 1934, y perdió las dos veces.

Un millón de vatios desde México

Sin radio en Estados Unidos, Brinkley se mudó a Del Rio, en Texas, junto a la frontera. México, molesto porque Estados Unidos y Canadá se habían repartido las frecuencias sin contar con él, le dio licencia para emitir desde Villa Acuña, al otro lado del puente. La XER, más tarde XERA, empezó a emitir en octubre de 1931, pasó a 150.000 vatios y luego a un millón, lo que la convirtió de largo en la emisora más potente del planeta. Se oía hasta en Canadá, y en la zona se contaba que la captaban los somieres, las alambradas y hasta los empastes.

Por sus micrófonos pasaron artistas que empezaban, como la familia Carter, Gene Autry, Jimmie Rodgers o Patsy Montana, y Del Rio acabó con el apodo de «Hillbilly Hollywood». En 1932 el Congreso aprobó una ley, conocida como Brinkley Act, que prohibía conectar por teléfono estudios de Estados Unidos con emisoras mexicanas, y él respondió con programas grabados. En Texas cambió las cabras por operaciones de próstata de hasta mil dólares y se construyó una mansión con una docena de Cadillacs y animales traídos de las Galápagos.

Vídeo: el tráiler de Nuts!

Este es el tráiler, en inglés, de Nuts!, el documental de Penny Lane sobre Brinkley, tal y como lo presentó el Festival Internacional de Cine de Melbourne.

NUTS | Trailer

La caída

En 1938 se trasladó a Little Rock, en Arkansas, y ese mismo año Fishbein publicó una serie de artículos sobre charlatanes en la que repasaba toda su carrera. Brinkley lo demandó por difamación y pidió 250.000 dólares, pero en 1939 el jurado le dio la razón a Fishbein y concluyó que Brinkley debía ser considerado un charlatán y un curandero (la Encyclopedia of Arkansas atribuye esa frase al juez Robert J. McMillan). Llovieron las demandas, Hacienda empezó a investigarlo, en 1941 se declaró en bancarrota y ese mismo año México cerró su emisora. En 1939, además, había donado 629 dólares a la Silver Legion, un grupo filonazi estadounidense.

Con un proceso por fraude postal pendiente, tres infartos y una pierna amputada, John R. Brinkley murió arruinado en San Antonio el 26 de mayo de 1942, a los 56 años.

Su historia ha dado para varios libros y para Nuts!, un documental de animación que la directora Penny Lane estrenó en 2016.

Otras historias del blog: en aquellos mismos años, Charles Hatfield cobraba por hacer llover en San Diego. Y otro remedio milagroso que acabó ante la justicia: los dilatadores rectales del doctor Young, que prometían curar del estreñimiento a la locura. Y otro remedio milagroso de la época, este con radio dentro: Radithor, el agua radiactiva que mató a Eben Byers. Y un producto real que se anunció como remedio para casi todo: Listerine, antes de ser enjuague bucal.

Lee también: Serge Voronoff y sus injertos de testículos de mono y Popeye, el marino de las espinacas, y Frank «Rocky» Fiegel, el hombre real que pudo inspirarlo

Fuentes consultadas

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