Un deshollinador llama a las cinco de la mañana a la puerta del número 54 de Berners Street, en Londres, y allí nadie lo ha llamado. Detrás llegan más deshollinadores, carros de carbón, pasteleros con tartas de boda, un enterrador con un ataúd a medida, el presidente del Banco de Inglaterra, un duque y el alcalde de Londres. Era el 27 de noviembre de 1810 y todos venían a ver a la señora Tottenham, que no había llamado a nadie: las cartas las había escrito Theodore Hook, un escritor de veintidós años que se había apostado una guinea a que convertía cualquier casa en la dirección más comentada de la ciudad.
Theodore Hook, bromista de oficio
Theodore Hook (1788-1841) era hijo del compositor James Hook y con dieciséis años ya había estrenado con su padre una ópera cómica de éxito. Escribía farsas para el teatro, improvisaba canciones con una gracia que encandiló al príncipe regente y, según la historiadora Judith Flanders, era tan conocido por sus bromas como por sus obras.
La simpatía del príncipe le valió en 1813 el cargo de contable general y tesorero de Mauricio, con 2.000 libras al año. En 1817 se descubrió que faltaban unas 12.000 libras, que se había llevado un subordinado; a Hook lo juzgaron, lo declararon culpable de negligencia y lo hicieron responsable del agujero. Para pagarlo fundó en 1820 el semanario conservador John Bull, que se vendió muy bien, aunque no lo suficiente: entre 1823 y 1825 estuvo encerrado por deudas, y allí escribió los nueve volúmenes de relatos de Sayings and Doings.
La apuesta
En noviembre de 1810, paseando por Berners Street con un amigo, que según la Wikipedia y Futility Closet era el arquitecto y dramaturgo Samuel Beazley (había luchado en la guerra de la Independencia española y acabaría siendo el gran arquitecto teatral de su tiempo), Hook señaló como al azar el número 54 y apostó una guinea a que lo convertía en la dirección de la que hablaría todo Londres. Lo del azar era fingido: llevaba desde octubre preparándolo con dos cómplices, un hombre y una mujer, cuya identidad no se conoce.
En seis semanas mandaron entre mil y cuatro mil cartas en nombre de la señora Tottenham, una mujer rica y respetable que vivía en el número 54. Cada una con su excusa: a unos les pedía que pasaran a hablar de la venta de una finca; a otros, un coche de posta para viajar a Bath; a los profesores de baile, que vinieran a dar clase a sus hijas. A los presidentes del Banco de Inglaterra y de la Compañía de las Indias Orientales les avisaba de unos fraudes que afectaban a sus empresas, y al duque de Gloucester le pedía que acudiera al lecho de muerte de un antiguo criado de la familia.
El 27 de noviembre de 1810
Hook y sus amigos alquilaron unas habitaciones enfrente para no perderse nada. A las cinco de la mañana llegaron los deshollinadores; después, decenas de carros de carbón de los muelles de Paddington, una docena de pasteleros con tartas de boda y una procesión de zapateros. Según The Times, siguieron muebles a carretadas, órganos, pianos, ropa blanca y joyas, entre comerciantes nerviosos y una multitud que se partía de risa. Hubo cuarenta pescaderos con langostas y bacalao, cuarenta carniceros con su pierna de cordero, cincuenta pasteleros con 2.500 tartas de frambuesa y un enterrador con un ataúd hecho a la medida de la señora Tottenham. Atlas Obscura advierte de que algunas de estas cifras, como las 2.500 tartas, son las mismas que el propio Hook dio en su novela.

A lo largo del día aparecieron los presidentes del Banco de Inglaterra y de la Compañía de las Indias Orientales y el duque de Gloucester. Joshua Smith, el alcalde de Londres, llegó en su carroza oficial y con todas sus galas, pero no se bajó: se fue directo al juzgado de Marlborough Street a pedir policías. Cuando llegaron, se encontraron, según The Times, a seis hombres cargando con un órgano, rodeados de barberos con pelucas, modistas con sombrereras y ópticos con su mercancía. La policía cortó la calle por los dos extremos, pero la gente seguía llegando a su cita, y a las cinco de la tarde se presentó la última oleada: criados que venían a una entrevista de trabajo. Hasta bien entrada la noche no se despejó la calle.
¿Quién fue?
La policía buscó al culpable y se ofreció una recompensa, sin resultado. Hook creyó prudente pasar unas semanas en el campo. En 1812 ya se sospechaba de él, y en 1835 (1836, según otras fuentes) lo confesó en su novela semiautobiográfica Gilbert Gurney: «I am the man – I did it» («Yo soy el hombre; lo hice yo»). Tras su muerte, una amiga suya, Nancy Matthews, aseguró que el autor había sido otro joven, convertido luego en un clérigo de lo más estricto, y que Hook solo había hecho algo parecido, a menor escala, en Bedford Street.
Nunca se ha sabido por qué eligió a la señora Tottenham. El Oxford Dictionary of National Biography dice que fue al azar; Robert Chambers escribió en 1879 que había alguna cuenta pendiente, sin dar detalles. Ni siquiera los datos básicos están a salvo: History Today la sitúa el 27 de noviembre de 1809; la Wikipedia, el 27 de noviembre de 1810; el Museum of Hoaxes, el lunes 26 de noviembre de 1810, y Futility Closet, el 10 de noviembre.

La broma se copió en otras ciudades británicas y en París, e inspiró baladas, caricaturas y pantomimas durante años. En el solar del número 54 hay hoy un hotel, el Sanderson.
La postal más antigua
Hook tiene otro récord curioso. El 14 de julio de 1840 recibió en Fulham una postal pintada a mano con una caricatura de empleados de correos sentados alrededor de un tintero gigante, franqueada con un Penny Black, el primer sello adhesivo del mundo. Es la postal más antigua que se conoce y, sabiendo quién era el destinatario, lo más probable es que se la mandara él mismo para reírse de Correos. La encontró en 2001 un comerciante de sellos y en 2002 se subastó por 31.750 libras, lo máximo que se ha pagado nunca por una postal.

Luke O’Sullivan cuenta la broma en este vídeo (en inglés):
Una broma con varias versiones
De la broma de Berners Street se conocen bien el escenario, la víctima y el desfile de visitantes que recogieron The Times y The Morning Post. Lo demás es menos firme: la fecha cambia según la fuente, el número de cartas va de mil a cuatro mil y algunas cifras coinciden con las de la novela con la que Hook, veinticinco años después, se atribuyó la autoría.
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Fuentes consultadas
- Wikipedia: «Berners Street hoax». https://en.wikipedia.org/wiki/Berners_Street_hoax
- Wikipedia: «Theodore Hook». https://en.wikipedia.org/wiki/Theodore_Hook
- Wikipedia: «Samuel Beazley». https://en.wikipedia.org/wiki/Samuel_Beazley
- Wikipedia: «Penny Penates». https://en.wikipedia.org/wiki/Penny_Penates
- Pollard, J. y Pollard, S. (2018). «The Berners Street Hoax». History Today, 68(11). https://www.historytoday.com/archive/months-past/berners-street-hoax
- The Museum of Hoaxes: «Hoaxes Throughout History, 1800-1850». https://hoaxes.org/archive/display/category/1800-1850/
- Atlas Obscura: «The Berners Street Hoax». https://www.atlasobscura.com/articles/berners-street-hoax
- Futility Closet (19 de febrero de 2006). «The Berners Street Hoax». https://www.futilitycloset.com/2006/02/19/the-berners-street-hoax/
- The Grub Street Project: «Theodore Edward Hook (b. 1788)». https://www.grubstreetproject.net/people/111780/
- Wikimedia Commons: «Berners Street Hoax caricature» (William Heath, 1810). https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Berners_Street_Hoax_caricature.jpg
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