En veintisiete años, Christopher Knight solo habló una vez con otra persona: un excursionista con el que se cruzó en los noventa en un sendero de Maine. Le dijo «hola». El resto del tiempo vivió escondido en un campamento entre rocas cerca de North Pond, a menos de dos kilómetros de unas cabañas de verano en las que entraba de noche a robar comida, pilas y gas. Unos mil robos en total. Lo detuvieron en abril de 2013 y, cuando lo compararon con Thoreau, contestó que Thoreau era un aficionado.
Un chico de Maine que no se despidió
Christopher Thomas Knight nació en Maine el 7 de diciembre de 1965. Estudió en el instituto Lawrence, de Fairfield, hizo un curso de electrónica y empezó a trabajar instalando alarmas en casas de Waltham, en Massachusetts. En 1986, con veinte años (diecinueve, según la agencia AP), dejó el trabajo, hizo un viaje en coche por el sur de Estados Unidos y volvió de golpe a Maine, conduciendo hasta que se le acabó la gasolina. Allí se metió en el bosque sin despedirse de nadie.
Su familia nunca denunció su desaparición. «Tuve buenos padres», dijo después; en su casa no eran muy dados a las efusiones y se daba por hecho el estoicismo. Durante tres años fue cambiando de campamento por miedo a que lo descubrieran, hasta que en 1989 se instaló cerca de North Pond, uno de los lagos Belgrade.

Un campamento entre rocas
Su escondite estaba en una zona de bosque seca, oculta entre grandes bloques de roca, a menos de dos kilómetros de las cabañas de veraneo. Había llegado casi sin nada, así que todo lo que tenía era robado. Sobrevivía a inviernos en los que la temperatura bajaba a menudo de los 18 grados bajo cero despertándose en lo más frío de la noche para caminar por el campamento hasta entrar en calor.
Era meticuloso. No encendía fuego, para que el humo no lo delatara, y cocinaba con un hornillo de propano. Las bombonas las robaba y las transportaba en canoas que tomaba prestadas de cabañas vacías, remando antes del amanecer pegado a la orilla, en la sombra; al devolverlas les echaba agujas de pino por encima para que parecieran intactas. Se lavaba, se afeitaba y se cortaba el pelo, por si alguien lo veía. Y de noviembre a marzo no salía del campamento, para no dejar huellas en la nieve. Tenía además una radio a pilas: según contaron los agentes a Los Angeles Times, seguía la actualidad y sabía que Obama era presidente, aunque El País publicó que el último suceso público que recordaba era el accidente de Chernóbil, de 1986.
Para comer y aguantar los inviernos robaba en las casas y los campamentos de la zona: comida, pilas, gas, ropa, libros. Unos mil robos en veintisiete años, a un ritmo de unos cuarenta al año. Para los vecinos, aquel ladrón invisible se convirtió en una leyenda bastante inquietante, y algunos, entrevistados por The Boston Globe, dudaron de que de verdad hubiera aguantado tantos inviernos a la intemperie y sospechaban que se refugiaba en cabañas vacías. Otros, según AP, le dejaban comida en el porche para que no entrara en sus casas.
Casi nadie lo vio
Según contó al ser detenido, en todos esos años solo habló una vez con otra persona: en algún momento de los noventa se cruzó con un excursionista en un sendero poco transitado y le dijo «hola». Hubo algún susto más: en el verano de 2012 entró en una cabaña creyendo que estaba vacía, y el hombre que dormía dentro le gritó que se largara. Knight salió corriendo y nunca volvió.
Y hubo un encuentro que no contó. Según el periodista Michael Finkel, hacia febrero de 2013 un pescador, Tony Bellavance, con su hijo y su nieto, dio con su campamento. Cuando entendieron que solo quería que lo dejaran en paz, se juramentaron para no contárselo a nadie.

La detención
El sargento Terry Hughes, guarda de caza y pesca, estaba decidido a atraparlo. Con la ayuda del Pine Tree Camp, un campamento de Rome, en Maine, instaló detectores de movimiento ocultos que le avisaban si alguien entraba. El 4 de abril de 2013, Knight cayó mientras robaba en el campamento.
Se declaró culpable de trece delitos de robo y hurto, y el 28 de octubre de 2013 lo condenaron a siete meses de cárcel, que casi había cumplido ya esperando el juicio. Además pagó 2.000 dólares a las víctimas, completó un programa judicial para personas con problemas de salud mental y adicciones y cumplió tres años de libertad vigilada. Él mismo dijo que robar estaba mal y que le pesaba, y hasta el fiscal admitió que una condena más larga habría sido cruel. Después consiguió trabajo con su hermano.
Thoreau, un aficionado
Michael Finkel lo entrevistó en la cárcel en nueve sesiones de una hora, de las que salieron un reportaje en GQ en 2014 y el libro The Stranger in the Woods en 2017. Knight hablaba poco de sus motivos, pero dejó alguna frase memorable: que la soledad le había aumentado la percepción, pero que al aplicarla a sí mismo había perdido su identidad, porque no tenía público ante el que actuar. «Ni siquiera tenía nombre», dijo. Por decirlo de forma romántica, añadió, era completamente libre.
Lo que no soportaba era que lo compararan con Henry David Thoreau. Para él era un aficionado: solo vivió dos años en su cabaña de Walden y su madre le lavaba la ropa. Un fanfarrón, en sus palabras, que se fue al bosque a escribir un libro para presumir.
Vídeo: el último ermitaño
La revista The Atlantic dedica este documental, en inglés (23 minutos), a la historia de Christopher Knight.
Un ermitaño de vuelta
En marzo de 2015 terminó el programa judicial y empezó la libertad vigilada. Según su abogado, trabajaba para su hermano a cambio de alojamiento y comida y seguía un programa de rehabilitación laboral para conseguir un empleo normal. En 2019 seguía viviendo tranquilamente en el Maine rural, lejos de los periodistas.
Otras historias del blog: Akhzivland, el país de un solo hombre que Eli Avivi fundó en 1971 en su trozo de costa de Israel. Y en el extremo opuesto a la vida de Knight, el Día Internacional del Abrazo. Y si te interesan las vidas al margen del mundo, lee la de la familia Lykov, cuarenta años aislados en la taiga siberiana. Hubo aislamientos que nadie eligió, como el de Mary Mallon, «Typhoid Mary», la cocinera confinada en una isla de Nueva York.
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Fuentes consultadas
- Wikipedia. (s. f.). Christopher Thomas Knight. https://en.wikipedia.org/wiki/Christopher_Thomas_Knight
- Finkel, M. (2014, agosto). The strange & curious tale of the last true hermit. GQ. https://www.gq.com/story/the-last-true-hermit
- Associated Press. (2015, 23 de marzo). ‘North Pond Hermit’ finishes court program. Maine Public. https://www.mainepublic.org/maine/2015-03-23/north-pond-hermit-finishes-court-program
- Cousins, C. (2013, 10 de abril). Could hermit burglar really have survived undetected in Maine woods for 27 years? Bangor Daily News. https://bangordailynews.com/2013/04/10/news/could-hermit-burglar-really-have-survived-undetected-in-maine-woods-for-27-years/
- Associated Press. (2013, 11 de abril). Hermit caught after 27 years in Maine woods. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2013/apr/11/american-hermit-caught-27-years
- MacQuarrie, B. (2015, 23 de marzo). Man who lived as hermit finishes court program. The Boston Globe. https://www.bostonglobe.com/metro/2015/03/23/man-who-lived-hermit-finishes-court-program/IoThGBbZnxHkgasMtGDqJJ/story.html
- El País. (2013, 11 de abril). Detenido en EE. UU. un ermitaño que se refugió en un bosque durante 27 años. https://elpais.com/sociedad/2013/04/11/actualidad/1365679483_725634.html
- Los Angeles Times / FOX 13 Seattle. (2013, 28 de octubre). Maine hermit, alone for 27 years, sentenced to jail. https://www.fox13seattle.com/news/maine-hermit-alone-for-27-years-sentenced-to-jail
- Wikipedia (en inglés). (s. f.). Henry David Thoreau. https://en.wikipedia.org/wiki/Henry_David_Thoreau
- Wikipedia. (s. f.). Henry David Thoreau. https://es.wikipedia.org/wiki/Henry_David_Thoreau
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Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El Café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto. Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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