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La visita de Einstein a España en 1923: Barcelona, Madrid y Zaragoza

Albert Einstein, sentado en primera fila, con profesores de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid en 1923

«¿Hay alguien más sabio que Einstein?», le pregunta un niño a su padre en una viñeta de Luis Bagaría de 1923. «Sí, hijo: el que lo entiende». Aquel invierno, Albert Einstein, recién premiado con el Nobel, pasó tres semanas en España: dio conferencias en Barcelona, Madrid y Zaragoza, cenó con un menú escrito en «latín relativista», visitó a Ramón y Cajal, tocó el violín en un palacio y recibió del rey un diploma. La prensa lo siguió como a una estrella; casi nadie entendió lo que venía a explicar.

Barcelona: una semana muy intensa

Einstein llegó a Barcelona el 22 de febrero de 1923, en tren desde Marsella, después de una gira por Japón y una visita a Palestina. Lo acompañaba su mujer, Elsa, que además era su prima. Venía invitado por el ingeniero Rafael Campalans, y sus anfitriones fueron el matemático Esteve Terradas, el propio Campalans y el químico Casimir Lana Sarrate. El Nobel de Física de 1921 se lo habían anunciado unos meses antes, mientras navegaba hacia Japón, y su fama estaba en lo más alto.

Cuenta una anécdota muy repetida que nadie fue a esperarle a la estación, porque no había avisado ni del día ni del tren, que el matrimonio se alojó en una pensión modesta de las Ramblas y que solo cuando un empleado lo reconoció en el periódico acabaron trasladándose al Ritz. Sea como fuere, el diario de Einstein resume así su paso por la ciudad: «Mucho cansancio, pero gente muy amable, canciones populares, baile y comida».

Dio un curso sobre la relatividad en tres sesiones y, según la prensa, recibió en su hotel a dirigentes de la CNT como Ángel Pestaña, a los que acompañó a un local sindical, donde se le atribuye la frase: «Yo también soy revolucionario, pero en el campo de la ciencia». Puig i Cadafalch lo llevó a ver el monasterio de Sant Cugat y las iglesias de Terrassa, y también visitó Poblet. Campalans le ofreció en su casa una cena con un menú lleno de bromas sobre su física, escrito en lo que la prensa llamó «latín relativista»: el pollo, por ejemplo, era «Homo platonicus secundum Diogenem», por el bípedo sin plumas que Diógenes le llevó a Platón.

Madrid: el rey, Cajal y Toledo

El 1 de marzo tomó el tren a Madrid, donde esta vez sí hubo recibimiento oficial y alojamiento en el Palace. Dio conferencias en la Universidad Central y el 4 de marzo, en la Real Academia de Ciencias, el rey Alfonso XIII le entregó el diploma de académico corresponsal, con discurso de presentación del físico Blas Cabrera. Esa tarde, en un té en casa de los marqueses de Villavieja con Marañón, Ortega y Gasset o Gómez de la Serna, Einstein improvisó un concierto de violín con Antonio Fernández Bordas.

Página de la revista Mundo Gráfico de 1923 con fotografías de Einstein en Japón, Barcelona y Madrid
Una página de Mundo Gráfico de 1923 con fotos del viaje de Einstein por Japón, Barcelona y Madrid (dominio público).

Al día siguiente visitó en su casa a Santiago Ramón y Cajal, al que admiraba desde hacía años y que no había podido ir a la Academia por estar enfermo; en su diario lo llamó «viejo maravilloso». El 6 de marzo fue a Toledo con Ortega y Gasset y Manuel Bartolomé Cossío, y se quedó embobado con El Greco y El entierro del conde de Orgaz. Antes de irse visitó El Escorial, el Prado y la Residencia de Estudiantes.

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Zaragoza y la pizarra perdida

El 12 de marzo los Einstein llegaron a Zaragoza, donde los esperaba la intelectualidad local, con visita a la Aljafería, la Lonja y el Pilar, y un banquete en el Casino Mercantil con rondalla y jota de postre. Dio dos conferencias, y el rector, Ricardo Royo-Villanova, le pidió que no borrara la pizarra y que la firmara, para conservarla como reliquia. Einstein firmó. De aquella pizarra nunca más se supo. La única con fórmulas suyas que se conserva entera está en el Museo de Historia de la Ciencia de Oxford, y es de una conferencia de mayo de 1931.

La prensa, Bagaría y Camba

Los periódicos lo siguieron a todas partes como a una estrella de cine, pero como casi nadie entendía la relatividad, acabaron escribiendo sobre su pelo, su sonrisa o su estatura. ABC le calculó «acaso 1,75 metros», y el Heraldo de Aragón dijo que, con su hermosa cabeza de cabellos revueltos, más que un pensador alemán parecía un artista latino. Julio Camba lo resumió en El Sol: todos le admirábamos mucho, pero si alguien nos pregunta por qué, nos pondrá en un apuro bastante serio.

Viñeta de Luis Bagaría titulada Las teorías de Einstein, con un acreedor persiguiendo a un moroso
«Las teorías de Einstein», viñeta de Luis Bagaría de 1923 (dominio público).

Luis Bagaría, el gran caricaturista de la época, le dedicó varias viñetas. En una, un acreedor le reclama a un moroso el tiempo que le debe, el moroso le recuerda que, según Einstein, el tiempo no existe, y el acreedor responde a bastonazos que lo que sí existe es el espacio. En otra, la del principio, un niño pregunta si hay alguien más sabio que Einstein, y su padre contesta que sí: el que lo entiende.

Viñeta de Luis Bagaría titulada El tema de actualidad, con un padre y un hijo hablando de Einstein
«El tema de actualidad», viñeta de Luis Bagaría de 1923 (dominio público).

Tres semanas, tres ciudades y una frase de Camba que podría servir para casi cualquier conferencia científica desde entonces.

Si le interesan los Nobel con historia, aquí contamos la cara B de los premios Nobel, y si prefiere a los anfitriones de Einstein, la afición de Alfonso XIII por el cine sicalíptico.

Vídeo: la loca visita de Einstein a España

QuantumFracture cuenta la visita en este vídeo:

La Loca Visita de Einstein a España

Fuentes consultadas

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