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Ecuador lanzó una campaña contra la impuntualidad y la anécdota empezó a llegar tarde

Plaza de San Francisco, en el centro histórico de Quito, donde arrancó la campaña contra la hora ecuatoriana

En 2003, Ecuador decidió acabar por las buenas con la «hora ecuatoriana», la costumbre de llegar tarde a casi todo. El 1 de octubre, a mediodía, medio país puso el reloj en hora y el presidente Lucio Gutiérrez, conocido por sus retrasos, prometió ser puntual. El problema es que la campaña ya arrastraba su propio retraso antes de empezar.

Un cañonazo y muchos relojes de bolsillo

La hora ecuatoriana es el margen elástico que se concede a cualquier cita: si algo se convoca a las diez, empieza cuando empieza. Una explicación de su origen nos lleva a principios del siglo XX. Hasta alrededor de 1925, según contó en 2026 al diario Extra el guía Francisco Carvajal, el Observatorio Astronómico de Quito daba la hora oficial mediante un mecanismo electromagnético conectado con El Panecillo, donde un cañonazo marcaba el mediodía. Los relojes de bolsillo de la época eran mecánicos y se desajustaban, así que cada cual acababa llevando su propia hora.

La broma tenía precio. En septiembre de 2003, la organización cívica Participación Ciudadana calculó que los retrasos costaban al país hasta 724 millones de dólares al año. Su director, César Montúfar, partía de demoras de hasta un cuarto de hora entre los 4,6 millones de personas de la población activa, con un sueldo medio de 421 dólares al mes. Un estudio de la Universidad Internacional del Ecuador elevaba la factura a 2.500 millones. Para Montúfar, «quien es impuntual está robando el tiempo del otro».

El primer retraso llegó antes del estreno

El Gobierno de Gutiérrez, en el poder desde el 15 de enero, se apuntó enseguida. Un portavoz anunció en septiembre que el presidente daría ejemplo y empezaría a llegar a tiempo a reuniones y citas, según la agencia AP. La promesa tenía su gracia, porque El Universo recordaba que Gutiérrez solía presentarse con una, dos y hasta tres horas de retraso.

Retrato oficial del presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez con la banda presidencial
Retrato oficial de Lucio Gutiérrez, presidente de Ecuador entre 2003 y 2005. Foto: autor desconocido (CC BY 4.0), vía Wikimedia Commons.

El 25 de septiembre, Participación Ciudadana y el Ministerio de Educación firmaban un convenio para llevar la puntualidad a escuelas y colegios. El acto estaba previsto a las diez. Montúfar llegó con 22 minutos de atraso y, según La Hora, sin una justificación convincente. El diario tituló sin compasión: «Convenio sobre puntualidad se firmó con retraso».

Doce en punto en la plaza de San Francisco

La ceremonia de Quito se convocó en la plaza de San Francisco para las 11:30 del miércoles 1 de octubre. Muchos esperaban verlo llegar tarde, pero Gutiérrez apareció con quince minutos de adelanto. Se sentó en el palco junto al alcalde, Paco Moncayo, y prometió ser puntual en todas sus citas. Añadió que el Gobierno también lo sería «en el pago de recursos a gobiernos seccionales», según la crónica de Edison López.

A las 11:59, desde su Cuenca natal, el campeón mundial de marcha Jefferson Pérez, portavoz de la campaña, inició la cuenta atrás. A las doce, en las plazas de Quito, Guayaquil y Cuenca, la gente igualó sus relojes con los de las iglesias. Escuelas, universidades y ministerios abrieron a su hora y cerraron la puerta a los rezagados. En el Congreso, la sesión empezó a las nueve en punto y los diputados de bandos rivales aprovecharon para llamarse impuntuales unos a otros.

Un ataúd en Puyo y un alcalde por los pelos

En Guayaquil, el acto se celebró al pie del reloj público del malecón. Algunos asistentes llevaron los relojes de pared de sus casas y negocios, y tras la cuenta atrás sonaron doce campanadas. El alcalde encargado, Luis Chiriboga, fue el último en llegar, a las 11:29, un minuto antes del inicio, y celebró «la liberación de otro yugo, el yugo de la impuntualidad».

Torre Morisca, el reloj público del malecón de Guayaquil
La Torre Morisca, el reloj público del malecón de Guayaquil, donde se celebró el acto central de la ciudad. Foto: Freddy eduardo (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

En Puyo, un colegio desfiló con un ataúd que simbolizaba la muerte de la hora ecuatoriana. En Portoviejo anunciaron que publicarían los nombres de quienes llegaran tarde. En Tulcán, el gobernador apareció a las 11:03 para un acto de las once, y el alcalde ni se presentó.

Voluntarios con cronómetro

El primer balance fue desigual. En Babahoyo, las autoridades llegaron hasta 40 minutos tarde a los actos de las diez y de las doce, entre las quejas del público. En Machala, una reunión del consejo provincial convocada a las once empezó a las once y media, con seis de los catorce cantones invitados.

Participación Ciudadana anunció voluntarios para vigilar a alcaldes y prefectos. En Quito controlarían el Congreso y la Presidencia, y el más observado sería Gutiérrez. Montúfar temía que todo quedara en una moda pasajera y prometió insistir hasta ver resultados; para diciembre preparaba incluso un concurso de humor en los colegios, inspirado en el alcalde de Bogotá Antanas Mockus.

¿Llegó a tiempo la puntualidad?

Meses después, el columnista keniano Sunny Bindra ponía la campaña como ejemplo en el Sunday Nation: carteles en cada ciudad y cada pueblo, cientos de instituciones comprometidas y letreros en las puertas que daban la bienvenida a los puntuales y, pasada la hora, avisaban de que la reunión ya había empezado. Su conclusión era prudente: solo el tiempo lo diría.

El tiempo lo dijo a medias. En marzo de 2022 se presentó en Ambato, la ciudad que en 2001 ya había inventado su «hora ambateña», otra campaña llamada precisamente «La Hora Ecuatoriana». Citaba un estudio del INEC según el cual quince minutos diarios de retraso de la población activa equivalían al 3,4 % del PIB. De 2003 quedó, eso sí, una paradoja de manual: el presidente famoso por llegar tarde se adelantó un cuarto de hora, y el promotor de la puntualidad se retrasó 22 minutos.

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La hora exacta también fue un oficio: en Londres, Ruth Belville vendía la hora a domicilio con un cronómetro de bolsillo. Y a veces llegar tarde salva vidas, como en el milagro de Beatrice, la iglesia que explotó cuando el coro todavía no había llegado.

La impuntualidad en Ecuador, en vídeo

El canal ecuatoriano Ecuavisa dedicó en 2017 este reportaje a la impuntualidad.

La impuntualidad | Ecuavisa

Dura cinco minutos y está en español.

Lee también: El día que un talco para pies ganó unas elecciones en Ecuador y Las cabras Judas de Galápagos: las traidoras con radiocollar que delataron a las suyas

Fuentes consultadas

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