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Carl Tanzler y Elena de Hoyos, el caso de Cayo Hueso

Tumbas y panteones blancos sobre el suelo en el cementerio de Cayo Hueso, en Florida

Elena Milagro de Hoyos tenía veinte años cuando su madre la llevó al hospital de la Marina de Cayo Hueso, en Florida, para que le hicieran unas pruebas de tuberculosis. El técnico de rayos X, un alemán de 53 años que se hacía llamar conde Carl von Cosel, decidió que era la mujer que se le aparecía en sus visiones. Elena murió en 1931, con veintidós años. Año y medio después, aquel hombre sacó su cuerpo del panteón y lo tuvo consigo siete años. Cuando se descubrió, en 1940, buena parte del público lo vio como un romántico.

Un conde de su propia invención

Carl Tanzler había nacido en 1877 en Dresde como Georg Karl Tänzler. Antes de llegar a Florida pasó por la India y por Australia, donde le sorprendió la Primera Guerra Mundial y lo internaron, como a otros alemanes, en campos y prisiones; llegó a construir en secreto un velero para escapar. Hacia 1920 se casó en Alemania con Doris Schäfer, con la que tuvo dos hijas.

Desde niño, según él, se le aparecía una antepasada muerta, la condesa de Cosel, Anna Constantia von Brockdorff (1680-1765), que había sido amante del rey Augusto el Fuerte, que le mostraba el rostro de su verdadero amor: una mujer morena y bellísima. De ahí sacó también el apellido, porque empezó a hacerse llamar conde Carl von Cosel. Nadie le había concedido ese título.

En 1926 emigró a Estados Unidos, se instaló en Zephyrhills, en Florida, donde vivía su hermana, y allí se le unieron su mujer y sus hijas. Al año siguiente las dejó atrás y se fue a Cayo Hueso a trabajar como técnico de radiología en el hospital de la Marina, con el nombre de Carl von Cosel. La Sociedad de Arte e Historia de Cayo Hueso adelanta su llegada a la isla a 1926.

Edificio del antiguo hospital de la Marina de Estados Unidos en Cayo Hueso
El hospital de la Marina de Cayo Hueso, donde Tanzler trabajaba como técnico de rayos X. Foto: Servicio de Salud Pública de EE. UU. (dominio público).

Elena

Elena Milagro de Hoyos había nacido en 1909. Era hija de Francisco Hoyos, un tabaquero de Cayo Hueso, y de Aurora Milagro, y tenía dos hermanas. A los dieciséis años se había casado con Luis Mesa, que la abandonó después de que ella sufriera un aborto espontáneo y se marchó a Miami. Después le diagnosticaron tuberculosis, una enfermedad casi siempre mortal entonces, que acabaría con casi toda su familia.

El 22 de abril de 1930 su madre la llevó al hospital para hacerle unas pruebas, y Tanzler la reconoció al instante como la mujer de sus visiones. A partir de ahí se volcó en ella: le llevaba a casa medicinas, remedios, rayos X y aparatos eléctricos para intentar curarla, y la colmaba de joyas y ropa. Según varios relatos le declaró su amor, pero no hay ninguna prueba de que ella le correspondiera. Según la Sociedad de Arte e Historia de Cayo Hueso, Tanzler era el técnico encargado de sacarle sangre y hacerle la radiografía.

Retrato de Elena Milagro de Hoyos en vida, con una cinta en el pelo, una flor y pendientes
Elena Milagro de Hoyos en vida. Biblioteca Pública de los Cayos de Florida, colección DeWolfe and Wood (CC BY 2.0).

Elena murió de tuberculosis en casa de sus padres el 25 de octubre de 1931, con veintidós años, según las fechas que da la Wikipedia (Ripley’s dice que con 21). Tanzler pagó el entierro y, con permiso de la familia, mandó construir un panteón en el cementerio de Cayo Hueso, que visitaba casi todas las noches. Según Atlas Obscura, él era el único que tenía la llave.

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Una noche de abril de 1933, año y medio después de su muerte (WLRN, Ripley’s y Podium hablan de dos años), Tanzler sacó el cuerpo del panteón en un carrito de juguete. Para entonces lo habían despedido del hospital, según Atlas Obscura. Según la Sociedad de Arte e Historia de Cayo Hueso y la propia Atlas Obscura, primero lo llevó a un avión sin alas que usaba como laboratorio cerca del hospital; lo cambió de sitio dos veces para no ser descubierto y acabó en una casa de Flagler Avenue. Contaba que el espíritu de Elena se le aparecía cuando le cantaba junto a la tumba y que le pedía que la sacara de allí.

Siete años

Lo que hizo después fue intentar conservarlo a toda costa: unió los huesos con alambre de piano, le puso ojos de cristal, sustituyó la piel por tela de seda empapada en cera y yeso, rellenó el cuerpo de trapos y le hizo una peluca con el pelo de la propia Elena, que le había dado su madre. La vestía con medias, joyas y guantes, la tenía en su cama y usaba perfume, desinfectantes y conservantes en cantidades enormes para disimular el olor. Así pasaron siete años. Su plan, según explicó, era llevarla en un dirigible hasta la estratosfera para que la radiación del espacio le devolviera la vida.

El descubrimiento

En octubre de 1940, a Florinda, la hermana de Elena, le llegaron rumores de lo que pasaba en aquella casa. Fue a ver a Tanzler, encontró el cuerpo de su hermana, vestido de novia, y avisó a las autoridades. Tanzler fue detenido, lo examinaron los psiquiatras, que lo declararon capaz de ser juzgado, y lo acusaron de profanar una tumba y sacar un cuerpo sin autorización. Pero el delito había prescrito y lo dejaron en libertad.

Después, los médicos examinaron el cuerpo de Elena y lo expusieron en una funeraria de Cayo Hueso, la Dean-Lopez, por donde pasaron hasta 6.800 personas a mirarlo (casi 7.000, según la Sociedad de Arte e Historia; más de 6.000, según Ripley’s y WLRN). Después lo enterraron en una tumba sin nombre, en un lugar secreto del cementerio, para que nadie pudiera volver a llevárselo.

Fotografía de Carl Tanzler en 1940, con barba blanca y gafas redondas
Carl Tanzler en 1940. Biblioteca Pública de los Cayos de Florida, colección Stetson Kennedy (CC BY 2.0).

La prensa, con el Key West Citizen y el Miami Herald a la cabeza, convirtió el caso en un espectáculo nacional, y buena parte del público simpatizó con Tanzler, al que veía como un romántico excéntrico. En 1972, dos médicos que habían examinado el cuerpo en 1940 aseguraron que había indicios de necrofilia; otros lo ponen en duda, porque nadie dijo nada en la vista preliminar y la acusación llegó más de treinta años después.

El final del conde

En 1944, Tanzler se marchó al condado de Pasco, cerca de Zephyrhills y de su mujer, Doris, que le ayudó a mantenerse en sus últimos años. Escribió su versión de la historia, que se publicó en 1947 en la revista pulp Fantastic Adventures, y en 1950 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Con una mascarilla mortuoria hizo una figura de Elena de tamaño natural y vivió con ella hasta su muerte, el 3 de julio de 1952. Su cuerpo no se encontró hasta tres semanas después. Se ha contado que lo hallaron abrazado a la figura; su necrológica dice que estaba en el suelo, detrás de uno de sus órganos, y hay quien sostiene que en realidad murió con el cuerpo de Elena, aunque nada lo ha demostrado.

Vídeo: la historia de Elena Milagro de Hoyos

Caitlin Doughty, directora de una funeraria y divulgadora, cuenta en este vídeo, en inglés (9 minutos), la historia de Elena y de lo que le hicieron.

Iconic Corpse: Elena de Hoyos & Carl Tanzler

Una leyenda que sigue creciendo

La historia se ha seguido contando, y adornando, desde entonces: en revistas pulp, en canciones, en un musical, Undying Love, y en artículos como uno de 1982 que habló de una nota en la que Tanzler supuestamente confesaba haberla envenenado. Lo que se sabe con seguridad es más sencillo: Elena Milagro de Hoyos murió de tuberculosis a los veintidós años, y su cuerpo fue sacado de su tumba, expuesto ante miles de personas y enterrado al final en un lugar secreto del cementerio de Cayo Hueso.

Otras historias del blog: John Macintire, el difunto que no se moría, y Moro, el perro de Fernán Núñez que, según decían, anticipaba la muerte.

Fuentes consultadas

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