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USS William D. Porter: el destructor que hundió más reputaciones que enemigos

El destructor USS William D. Porter, con camuflaje de franjas, navegando en 1943

En noviembre de 1943, en pleno Atlántico, un destructor de la Marina de Estados Unidos lanzó por error un torpedo de verdad contra el acorazado Iowa, que llevaba a bordo al presidente Roosevelt camino de Teherán. El torpedo no dio en el blanco, pero el USS William D. Porter se ganó para siempre la fama de barco gafado. Parte de esa fama es historia documentada; parte, leyenda de marineros, engordada a partir de un artículo de Kit Bonner de 1994. Iremos señalando qué es qué.

El estreno que nadie querría firmar

Noviembre de 1943. El William D. Porter recibe su primera misión: formar parte de la escolta del USS Iowa, que llevaba a bordo a Franklin D. Roosevelt rumbo a reuniones secretas con Churchill y Stalin. El tipo de encargo que, de salir bien, te da medallas, y de salir mal… te convierte en anécdota durante décadas.

El destructor USS William D. Porter navegando cerca de Charleston en 1943
El USS William D. Porter frente al astillero naval de Charleston el 24 de septiembre de 1943, dos meses después de entrar en servicio. Foto: US Navy (dominio público)

Según la leyenda, el Porter no tardó ni cinco minutos en hacer historia: nada más zarpar de Norfolk, alguien recogió mal el ancla, que al maniobrar se enganchó en un destructor gemelo amarrado al lado y le arrancó barandillas y botes salvavidas. El capitán, Wilfred Walter, habría mirado el reloj, murmurado algo parecido a un «ups» (esto ya es cosecha nuestra) y salido pitando hacia el convoy. Lo malo para la leyenda: en los diarios de navegación de los barcos implicados no consta ningún daño.

Explosión misteriosa… cortesía de la casa

Ya en el convoy, el 13 de noviembre, una explosión hizo saltar todas las alarmas. Los barcos creyeron que un submarino alemán iba a por el mismísimo Roosevelt: zafarrancho de combate, maniobras evasivas, nervios al límite.

¿La realidad? Según la versión popular, una carga de profundidad del Porter había caído al agua sin seguro. Lo que sí recogen los diarios de a bordo de ese día es menos explosivo pero igual de embarazoso: una avería en la caldera número 3 que dejó al destructor fuera de formación hasta que entró en servicio la número 4. Imaginemos el ambiente: todos pendientes de la seguridad del presidente y el Porter quedándose rezagado como un ciclista con flato.

El almirante King, jefe de operaciones navales, que viajaba a bordo del Iowa, le habría dado un aviso al capitán Walter que, traducido del tono marcial, venía a ser: “Un fallo más y os mando a Alaska en calzones y con una brújula rota”.

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La broma pesada del torpedo

Y entonces, el 14 de noviembre de 1943, llegó el momento cumbre, la escena que elevó al Porter al Olimpo de las meteduras de pata militares. Para animar el viaje, Roosevelt pidió una demostración de artillería antiaérea. Se soltaron globos al aire, el Iowa disparó con precisión y hasta el Porter, entusiasmado, se sumó a la fiesta, derribando varios. El capitán Walter pensó: “¡Por fin vamos a quedar bien!”.

Error.

Decidió hacer un simulacro de ataque con torpedos. El blanco, claro, el propio USS Iowa. Se suponía que los lanzamientos serían falsos, sin proyectiles reales. Pero el jefe de torpedistas, Lawton Dawson, olvidó retirar el detonador del tercer tubo. Y lo imposible ocurrió: un torpedo real salió disparado hacia el Iowa, directo hacia el presidente de Estados Unidos.

La radio del Porter echaba humo con mensajes desesperados que, traducidos libremente, venían a decir: «¡Giren, giren, que va un torpedo de broma que resulta que no era broma!». El Iowa maniobró a toda máquina y el torpedo acabó explotando en su estela, sin tocarlo. Roosevelt, según se cuenta, pidió que acercaran su silla de ruedas a la borda para no perderse el espectáculo.

El capitán Walter, rojo como un tomate, vino a decir, más o menos: “Perdón, hemos sido nosotros”. Y esa fue la gota que colmó la paciencia para que expulsaran al Porter del convoy como quien expulsa a un borracho patoso de un pub.

Juicio, perdón y exilio helado

Lo siguiente fue un consejo de guerra. Se investigó el desastre, Dawson fue condenado a trabajos forzados y Roosevelt, en un gesto mitad compasión, mitad cachondeo, lo perdonó personalmente. Aun así, la Marina decidió que el Porter no podía seguir rondando presidentes y lo mandó al exilio en Alaska, a las islas Aleutianas, donde el mayor riesgo era disparar a un iceberg. El capitán Walter, por cierto, no fue relevado por aquello: siguió al mando hasta mayo de 1944.

Allí parecía que la calma volvía… hasta que, según la leyenda (ningún documento lo confirma), un marinero regresó borracho y, por puro entretenimiento, abrió fuego con los cañones. El proyectil aterrizó justo en el jardín de la casa del comandante de la base, que celebraba una fiesta con oficiales y esposas. Las begonias murieron en acto de servicio. La reputación del Porter, también.

De Alaska al Pacífico: cuando lo intentas, pero no

En la recta final de la guerra hacían falta todos los barcos, incluso los que parecían gafados. Así que el Porter fue enviado al Pacífico, bajo el mando del comandante Charles M. Keyes. Y, sorprendentemente, al principio la cosa fue bien: derribaron cinco aviones japoneses y ofrecieron fuego de apoyo en Okinawa.

La alegría duró poco, siempre según la leyenda: también se le atribuye haber derribado por error aviones propios, algo de lo que, de nuevo, no hay rastro en los papeles.

El kamikaze fantasma

El final de esta tragicomedia llegó el 10 de junio de 1945. Un avión kamikaze japonés atacó al Porter, fue alcanzado por los disparos y se estrelló en el agua antes de chocar. Los marineros celebraban como si hubieran ganado la liga. Pero el avión, como poseído, continuó deslizándose por debajo del agua y explotó justo bajo la quilla del destructor.

El USS William D. Porter escorado y hundiéndose junto a una lancha de desembarco que recoge a su tripulación
El William D. Porter se hunde frente a Okinawa el 10 de junio de 1945, con dos lanchas LCS a su costado recogiendo a la tripulación. Foto: US Navy (dominio público)

Tres horas después, el USS William D. Porter se hundía, fiel a su historia: no por un error propio, sino por un enemigo técnicamente ya muerto. Eso sí, en su último acto el barco gafado tuvo una suerte inesperada: no murió ni un solo tripulante (hubo 61 heridos). Y la historia tuvo epílogo en marzo de 2026, cuando el Lost 52 Project anunció que había localizado el pecio a unos 3,8 kilómetros de profundidad frente a Okinawa. Hasta para descansar eligió el sitio más difícil.

No es el único susto bélico con final de comedia: en 1944, el MI5 sudó tinta con el crucigrama del Día D. Y la Marina sueca pasó años persiguiendo submarinos rusos que resultaron ser pedos de arenque.

Vídeo: ¿barco gafado o leyenda de internet?

Este vídeo se hace la misma pregunta que nosotros: cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en el barco más gafado de la Marina estadounidense.

USS William D. Porter - Unlucky Fact or Internet Tall Tales?

Fuentes consultadas

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