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La Gran Carrera de las Cigüeñas: el testamento de Charles Vance Millar

Vista aérea en blanco y negro de Toronto hacia 1930, con la estación Union, las vías del tren y el puerto

«A la madre que, desde mi muerte, haya dado a luz en Toronto al mayor número de hijos». Con esa cláusula, el abogado y bromista Charles Vance Millar dejó en 1926 el grueso de su fortuna a quien ganara una competición que nadie había convocado. Durante diez años, Canadá siguió con pasión la que la prensa bautizó como la Gran Carrera de las Cigüeñas. En 1936, cuatro madres con nueve hijos cada una se repartieron el premio, que había engordado gracias a un túnel bajo el río Detroit.

Un abogado con muy mala intención

Charles Vance Millar nació el 28 de junio de 1854 en Aylmer, en el actual Ontario, hijo único de una familia de granjeros. Se graduó en la Universidad de Toronto con una media del 98 %, aprobó el examen de abogado en 1884 y abrió su propio bufete en Toronto. Le fue muy bien: fue presidente y copropietario de la cervecera O’Keefe, invirtió en una compañía de transportes de la Columbia Británica y en un hipódromo, y tuvo caballos de carreras; uno de ellos, Tartarean, ganó el King’s Plate en 1915.

Era famoso por sus bromas, sobre todo las que se aprovechaban de la codicia ajena. Una de sus favoritas era dejar un billete en la acera y esconderse para ver cómo los transeúntes se lo guardaban a escondidas. Nunca se casó ni tuvo hijos, dormía en el porche de su casa con cualquier tiempo para mantenerse duro y no se le conocía ninguna donación a obras de caridad. Murió el 31 de octubre de 1926, de un derrame cerebral, en su despacho de Toronto, mientras hablaba de un caso con un compañero. Tenía 72 años.

Un testamento para reírse un rato

Él mismo lo reconocía en el testamento: era «poco común y caprichoso» porque no tenía a nadie a su cargo, y lo que dejaba era la prueba de su locura por haber acumulado más de lo que necesitaba. Y luego se divirtió.

A cada pastor protestante practicante de Toronto y a cada logia orangista les dejó una acción de la cervecera O’Keefe, un negocio católico, siempre que participaran en su gestión y cobraran sus dividendos. A dos conocidos enemigos de las carreras de caballos, el político William Raney y el reverendo Samuel Chown, y a un hombre que detestaba al Jockey Club de Ontario, Abe Orpen, les dejó acciones del Jockey Club, con la condición de que siguieran siendo accionistas tres años después. A los pastores de tres localidades junto a Windsor les tocó una acción del hipódromo de Kenilworth Park a cada uno, «excepto a Spracklin, que mató a tiros a un hostelero».

Y a tres hombres que no se soportaban les dejó el usufructo de por vida de su casa de vacaciones en Jamaica, con la condición de que vivieran allí juntos. La broma tenía doble fondo: Millar ya había vendido la casa.

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Algunas bromas acabaron de forma más modesta de lo esperado. Raney y Chown donaron sus acciones a obras de caridad; Orpen aceptó la suya. Y como Millar solo tenía una acción real de la cervecera, el asunto se resolvió cuando la vendieron en 1928: los 99 pastores y las 103 logias que aceptaron la herencia cobraron 56,38 dólares cada uno.

La Gran Carrera de las Cigüeñas

La última cláusula era la más grande. Ordenaba que, diez años después de su muerte, el resto de su patrimonio se convirtiera en dinero y se entregara a la mujer de Toronto que hubiera dado a luz a más hijos en ese tiempo. En caso de empate, se repartiría a partes iguales. Así empezó lo que la prensa llamó el Great Stork Derby, la Gran Carrera de las Cigüeñas.

Al principio la herencia no era gran cosa: unos 322.000 dólares. Pero entre las inversiones de Millar había una en los terrenos junto al futuro túnel entre Windsor y Detroit que no valía casi nada en 1926 y acabó valiendo más de 100.000 dólares. Cuando se liquidó, el patrimonio rondaba el medio millón largo. Con la Gran Depresión de por medio, el premio se convirtió en una tabla de salvación para muchas familias pobres de Toronto, y los periódicos siguieron la carrera con un interés casi morboso.

Entrada del túnel Detroit-Windsor con coches y autobuses haciendo cola
La entrada del túnel Detroit-Windsor, el negocio que multiplicó la herencia de Millar. Foto: Ibagli (dominio público).

Hubo quien pensó que Millar quería escandalizar a los canadienses para que se acabara la prohibición de los anticonceptivos, y quien creyó que solo quería poner a prueba el sistema legal. Lo puso: sus parientes lejanos intentaron anular el testamento y el pleito duró años, pero el Tribunal Supremo de Canadá declaró válida la cláusula, aunque dejó fuera a los hijos nacidos fuera del matrimonio y a los que nacieron muertos. Millar, buen abogado, lo había dejado todo bien atado.

Cuatro madres, nueve hijos cada una

Once familias llegaron a competir. El plazo se cerró el 31 de octubre de 1936, diez años después de la muerte de Millar, y siete de las aspirantes quedaron descalificadas. El juez William Edward Middleton dio la razón a cuatro madres que habían tenido nueve hijos cada una en esa década: Annie Katherine Smith, Kathleen Ellen Nagle, Lucy Alice Timleck e Isabel Mary Maclean. Cada una recibió 110.000 dólares, unos 2,35 millones de hoy, aunque tres de ellas tuvieron que devolver al Ayuntamiento de Toronto las ayudas sociales que habían cobrado.

Calle Yonge de Toronto llena de gente y tranvías en 1929, vista hacia el norte desde Queen Street
La calle Yonge de Toronto en 1929. Foto: Alfred J. Pearson (dominio público).

Otras dos madres, Lillian Kenny y Pauline Mae Clarke, que se habían quedado fuera, recibieron 12.500 dólares cada una a cambio de retirar sus recursos. La historia llegó a la televisión en 2002 con el telefilme canadiense The Stork Derby, con Megan Follows, y en 2016 una cervecera de Toronto sacó una cerveza negra llamada Stork Derby Stout. A Millar le habría encantado.

No fue el único con unas últimas voluntades peculiares: parte de las cenizas del inventor de la lata de las Pringles acabaron dentro de una de ellas. Y hubo quien hizo justo lo contrario que las madres de Toronto, como Charles Garland, que en 1920 rechazó una herencia de un millón de dólares.

Vídeo: la carrera de las cigüeñas en el noticiario

Un breve noticiario de British Movietone de la época dedicado a la carrera de las cigüeñas.

Stork Derby In Canada

Fuentes consultadas

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