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Menelik II, la silla eléctrica y otras anécdotas históricas

El emperador Menelik II de Etiopía sentado en su trono, con corona alta, cetro y un manto bordado

La historia dice que Menelik II, emperador de Etiopía, encargó a Estados Unidos tres sillas eléctricas, descubrió al recibirlas que en su país no había electricidad y convirtió una de ellas en trono. Es una anécdota muy repetida, pero nadie ha encontrado una prueba. En esta cuarta entrega del cóctel de anécdotas pasamos por el colador esa y otras cinco (los gatos que compusieron para Chopin y Scarlatti, el número de la suerte de Alfredo Landa, el náufrago galés que siempre se salvaba, la pinta de los naipes y un O’Keeffe colgado de lado) y contamos qué queda de cada una.

Menelik II y las sillas eléctricas

Menelik II (Ankober, 1844-Adís Abeba, 1913) fue rey de Shoa y, desde 1889, emperador de Etiopía. Llevó el imperio a su mayor extensión, derrotó a los italianos en Adua el 1 de marzo de 1896 y se empeñó en modernizar el país: dio la concesión del ferrocarril de Yibuti a Adís Abeba y creó ministerios, escuelas y un banco estatal. Justo por eso la leyenda le sienta tan bien. Según la versión más repetida, al enterarse de que en 1890 Nueva York había estrenado la silla eléctrica, encargó tres; cuando llegaron, alguien le explicó que sin electricidad no servían para nada, y él, hombre práctico, se quedó una como trono.

Grabado en color de Le Petit Journal con Menelik II y sus guerreros con escudos ante una fortaleza
Menelik II, «negus de Abisinia», en la portada del suplemento ilustrado de Le Petit Journal del 10 de noviembre de 1895. Ilustración: Le Petit Journal (dominio público).

El escritor e historiador Mike Dash siguió el rastro de la historia y no encontró nada anterior a 1936. Ese año, el periodista canadiense Robinson Maclean contó en un libro que Menelik había construido una silla eléctrica para ejecutar a reos de alta cuna y que todavía podía verse en el palacio; ni rastro de pedidos a América ni de tronos. En 1939, otro periodista canadiense, Pierre van Paassen, añadió las tres sillas, el trono y la que acabó en el desierto, venerada por los danakil, y de ahí la historia pasó a una columna de curiosidades de los años setenta y a El libro de las listas (1977), de David Wallechinsky e Irving Wallace, que la difundió por medio mundo. Dash recuerda que las primeras sillas eléctricas eran sillas corrientes con correas, que lo imprescindible era una fuente de electricidad y que, según E. A. Wallis Budge, la primera luz eléctrica de Adís Abeba se encendió en 1903, aunque la agencia eléctrica etíope habla de una dinamo regalada por Alemania en 1890. Además, Menelik ya tenía un trono tradicional, que hoy está en el Museo Nacional. Dash añade que la gracia del chiste siempre ha consistido en reírse de un africano que no sabía qué era la electricidad, y que por eso la historia es racista.

Los gatos que compusieron para Chopin y Scarlatti

El Vals en fa mayor, op. 34 n.º 3, de Chopin, compuesto y publicado en 1838, se conoce a veces como el «vals del gato». Se suele contar que su gato saltó sobre el teclado y que el compositor convirtió aquel paseo en música, pero ninguna de las fuentes consultadas documenta la anécdota ni explica de dónde sale el apodo.

Lo mismo pasa con la Sonata en sol menor K. 30 de Domenico Scarlatti, la «fuga del gato». La leyenda dice que su gato Pulcinella se paseaba por el clave y que él anotó el motivo, pero el apodo no es de Scarlatti: aparece a principios del siglo XIX, y lo usaron editores como Muzio Clementi y Carl Czerny y pianistas como Liszt, a principios de la década de 1840, y Moscheles en sus conciertos.

Alfredo Landa y el número tres

Alfredo Landa nació en Pamplona el 3 de marzo de 1933, a las tres de la tarde: el 3 del 3 del 33. Con ese arranque, el tres le acompañó toda la vida. Debutó en el cine en 1962 con Atraco a las tres, de José María Forqué, tuvo tres hijos (Idoia, Alfredo y Ainhoa) y, antes de instalarse en Madrid en 1958, había vivido en tres ciudades: Pamplona, Figueras y San Sebastián.

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También ganó tres Goyas: dos de mejor actor, por El bosque animado (1987) y La marrana (1992), las dos de José Luis Cuerda, y el Goya de Honor de 2008, que recogió emocionado y al que hizo subir a su mujer y a sus hijos. Por el camino compartió con Paco Rabal el premio de interpretación de Cannes de 1984 por Los santos inocentes y rodó 133 películas. Se retiró en 2007 y murió en Madrid el 9 de mayo de 2013, tras haber padecido alzhéimer en sus últimos años.

Hugh Williams, el náufrago del estrecho de Menai

La historia corre por internet con fechas exactas: el 5 de diciembre de 1664 se hundió en el estrecho de Menai, entre la isla de Anglesey y la costa de Gales, un barco del que solo se salvó un tal Hugh Williams; el 5 de diciembre de 1785 volvió a pasar, con otro Hugh Williams, y en 1820, con un tercero. Es demasiada casualidad, y no es del todo cierta.

El estrecho de Menai, entre la isla de Anglesey y Gales, con las montañas de Snowdonia al fondo
El estrecho de Menai visto desde Llanfair Pwllgwyngyll, con Snowdonia al fondo. Foto: Nilfanion (CC BY-SA 4.0).

La lista de naufragios de los transbordadores del Menai que recoge la Universidad de Liverpool confirma dos casos con un único superviviente llamado Hugh Williams: el de Abermenai del 5 de diciembre de 1785, con 54 muertos, y el de cerca de Caernarfon de 1820, con entre 21 y 25 muertos, pero un 5 de agosto. Del de 1664, un relato muy posterior habla de 79 muertos y un solo superviviente, sin fecha ni nombre, y el autor de la lista advierte de que no ha encontrado confirmación de ese naufragio. Y en 1842, el 30 de mayo, el único superviviente se llamaba Richard Thomas.

De dónde sale tener buena (o mala) pinta

En la baraja española, la pinta es la señal que llevan los naipes en sus extremos para saber de qué palo son sin descubrirlos por entero, según el diccionario de la RAE: el recuadro que rodea la figura, distinto en cada palo. De ella se deriva, según la profesora Elena Otero, la expresión «sacar a alguien por la pinta», deducir un parentesco por el parecido físico, igual que el jugador adivina la carta.

Las cuarenta cartas de la baraja española, con los cuatro palos de oros, copas, espadas y bastos
Las cuarenta cartas de la baraja española; los cortes del marco son la pinta. Imagen: Basquetteur (CC BY-SA 3.0).

Lo de «tener buena o mala pinta», en el sentido de buen o mal aspecto, se relaciona a menudo con los naipes, pero el diccionario de la RAE lo recoge como una acepción distinta de pinta («aspecto o facha por donde se conoce la calidad buena o mala de personas o cosas»), sin unirla a ellos, y ninguna de las fuentes consultadas documenta el paso de un sentido a otro.

El O’Keeffe que estuvo treinta años de lado (o no)

Amapolas orientales, de Georgia O’Keeffe, es un óleo de 1927 (Amusing Planet lo fecha en 1928), de unos 77 por 102 centímetros, con dos amapolas que llenan todo el lienzo. Lo compró en 1937 el museo de arte de la Universidad de Minnesota, hoy Weisman Art Museum, y según la versión más difundida estuvo colgado en vertical unos treinta años, hasta que en 1986 quien dirigía el museo, Lyndel King, encontró un recorte de prensa de 1937 con la foto del cuadro en horizontal, fue al registro de entrada y comprobó que debía colgarse tumbado.

La historia, sin embargo, tiene vuelta. El catálogo del Museo Georgia O’Keeffe recuerda que el cuadro se ha expuesto en horizontal y en vertical y que la orientación sigue en discusión: en el bastidor y en el borde del lienzo alguien escribió «Top», arriba, en el lado que lo deja en vertical, y una foto de la exposición de Stieglitz de 1930 en Nueva York apunta en el mismo sentido. Puede que el cuadro estuviera bien colgado durante esos treinta años y que lleve de lado desde 1986.

Vídeo: Alfredo Landa recoge el Goya de Honor

Este es el momento en que Alfredo Landa recibió el Goya de Honor en la gala de 2008, en el canal oficial de los Premios Goya.

Alfredo Landa recoge el Goya de Honor 2008

Seis anécdotas, distinto respaldo

De las seis, solo dos tienen papeles detrás: los naufragios del Menai con un Hugh Williams como único superviviente, que fueron dos y no en la misma fecha, y la duda sobre cómo colgar el cuadro de O’Keeffe, que el propio catálogo de la pintora deja abierta. Las sillas de Menelik no aparecen antes de 1936, los gatos de Chopin y Scarlatti no tienen documentos, el tres de Landa es una cadena de coincidencias y la pinta de los naipes explica una expresión, pero no la otra.

Otras historias del blog: la anécdota de la tía Juana de Oscar Wilde y las otras entregas de este cóctel: la primera, la segunda y la tercera, con la familia Cummins.

Fuentes consultadas

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