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Panorámica del barrio madrileño de Valdezarza, con bloques de viviendas y zonas verdes

En septiembre de 1990, en una esquina de Madrid entre la calle de Sinesio Delgado y la de Villaamil, los vecinos de un pequeño barrio votaron en referéndum separarse de España. Ganó el sí por 212 votos contra 2. Así nació el Reino de Cerro Belmonte, con constitución, bandera, himno punk, moneda propia, un peaje en la autopista y una petición de reconocimiento enviada a la ONU. Antes habían pedido asilo político a Fidel Castro, que les dedicó 45 minutos de uno de sus discursos y recibió en Cuba a una delegación del barrio. La independencia duró una semana: lo que tardó el Ayuntamiento en anular las expropiaciones.

Un pueblo dentro de Madrid

Cerro Belmonte estaba en lo que hoy es el barrio de Valdezarza, en el distrito de Moncloa-Aravaca, entre la autopista de Sinesio Delgado, la calle de Villaamil y la de Peña Chica. Tenía aspecto de pueblo: casas bajas, levantadas por sus propios dueños sin permiso, y vecinos en su mayoría mayores. Vivían allí entre 214 y 250 personas.

En 1990, el Ayuntamiento de Madrid puso en marcha un plan contra el deterioro urbano, el chabolismo y la infravivienda que preveía construir 7.200 viviendas en varios barrios de la ciudad, de Puente de Vallecas a Delicias. A los de Cerro Belmonte les ofrecían 5.018 pesetas por metro cuadrado de sus casas, cuando el suelo de la zona se pagaba a más de 200.000. Como alternativa, podían irse a vivir a Vallecas o a Villaverde, lejos de su barrio, y en el sitio se iban a construir chalés. Los vecinos lo vieron como especulación y pidieron viviendas de protección oficial.

Asilo político en Cuba

Las protestas empezaron al principio del verano, en cuanto llegaron las primeras ofertas. El 12 de julio amenazaron con plantarse ante la casa del alcalde, Agustín Rodríguez Sahagún, y después vinieron las huelgas de hambre, los encierros en iglesias como la colegiata de San Isidro y los cortes de calles. Nada funcionó, así que se les ocurrió algo más llamativo.

Aquel mes de julio, España y Cuba andaban a la greña porque varios cubanos se habían metido en la embajada española en La Habana pidiendo protección. Los vecinos de Cerro Belmonte aprovecharon el momento y mandaron un escrito a la embajada de Cuba en Madrid pidiendo asilo político a Fidel Castro. Era una forma de llamar la atención, pero Castro vio la oportunidad y se lo tomó en serio.

Retrato en blanco y negro de Fidel Castro con barba y uniforme militar
Fidel Castro, en una foto de 1959. Treinta y un años después dedicó parte de su discurso del 26 de julio a los vecinos de Cerro Belmonte (Biblioteca del Congreso de EE. UU., dominio público).

En su discurso del 26 de julio, en el 37.º aniversario del asalto al cuartel Moncada, les dedicó unos 45 minutos y los invitó a conocer la isla, e incluso a vivir en ella. Al principio, los vecinos rechazaron la invitación: «Nuestro sitio está aquí», dijeron a El País. Pero a primeros de agosto una delegación viajó a Cuba con los gastos pagados por el Gobierno cubano. Según El País, eran 24 vecinos y el viaje duraba ocho días; según El Salto, Castro regaló 25 viajes de diez días, que se sortearon en una verbena, y recibió a la expedición como si fuera una visita de Estado.

Nace el Reino de Cerro Belmonte

A la vuelta, el Ayuntamiento seguía sin moverse. El 20 de agosto, la abogada de los vecinos, Esther Castellano, anunció con ironía que el Consistorio tenía hasta septiembre para mejorar su oferta. Si no, Cerro Belmonte se declararía estado independiente, con elecciones, gobierno, moneda y bandera propios.

El Ayuntamiento no mejoró nada, y el referéndum se celebró el 5 de septiembre, según ABC, en casa de «la Desi», una de las vecinas de más edad, con urnas de cartón y un censo de 214 personas. Con el sí por 212 votos contra 2 nació el Reino de Cerro Belmonte, que incluía en su territorio el Principado de Villaamil y el Condado de Peña Chica. Se redactó una constitución, se diseñó una bandera tricolor con un triángulo blanco a un lado, como la cubana, y hubo hasta himno, compuesto por Juan Carlos Parra, vecino del barrio y cantante del grupo punk Kaduka 92, con una letra que pedía ver al alcalde «colgao de un pino».

Moneda propia, peaje y carta a la ONU

La moneda nacional fue el belmonteño, que valía exactamente 5.018 pesetas, lo mismo que el Ayuntamiento ofrecía por cada metro cuadrado. Para financiar el nuevo estado se instaló un peaje en la autopista de Sinesio Delgado, y se envió a la ONU una petición formal para que reconociera la soberanía del reino.

La calle de Sinesio Delgado de Madrid, una avenida ancha con varios carriles y edificios de viviendas
La calle de Sinesio Delgado, que limitaba con Cerro Belmonte. Los vecinos llegaron a montar un peaje para financiar su «reino». Foto: Zarateman (CC0).

La historia llegó a la prensa internacional: Times Magazine la tituló «Send in the clowns», «Que pasen los payasos», como la canción de Stephen Sondheim.

Una semana de independencia

El Reino de Cerro Belmonte duró una semana: el Ayuntamiento decidió anular las expropiaciones. Años después, los vecinos renegociaron las condiciones, con un precio mejor, y fueron realojados en pisos cercanos, en edificios de ladrillo naranja donde antes había casas bajas blancas.

El canal de divulgación Memorias de Pez cuenta en seis minutos la historia de Cerro Belmonte.

✅ El BARRIO ESPAÑOL que se INDEPENDIZÓ con ayuda de CUBA

Del barrio a la novela y al teatro

La historia no se ha olvidado. En 2025, el escritor Alfonso Mateo-Sagasta publicó la novela El Reino de Belmonte. Una utopía urbana, y en febrero de 2026 la compañía 7 Minutos de Gloria estrenó en el Teatro del Barrio de Lavapiés, en Madrid, Un verano por metro cuadrado, una obra sobre aquel verano que les llevó tres años de preparación.

Otras historias del blog: Akhzivland, la micronación de un hombre en una playa de Israel; Otto Witte, el acróbata que aseguraba haber sido rey de Albania durante unos días, y la de cómo comprar una parcela en la Luna. Y otro barrio que se hizo oír a su manera: el Sant Ildefons de Cornellà, cuna de la Banda Trapera del Río. Y si hablamos de la ONU, en 1964 su sede recibió algo peor que una carta: una bazuca disparada mientras hablaba el Che Guevara.

Lee también: Guantánamo, el alquiler que Cuba no cobra y Hacer una cubana: el curioso origen de una expresión sexual con pasaporte discutido

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