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E.T. de Atari, el peor videojuego y su entierro

Excavadora y curiosos en el vertedero de Alamogordo, Nuevo México, durante la búsqueda de los cartuchos enterrados de Atari en 2014

En septiembre de 1983, el periódico local de Alamogordo, en Nuevo México, contó que entre diez y veinte camiones habían llegado al vertedero de la ciudad cargados de cajas, consolas y cartuchos de Atari, que se aplastaron y se enterraron, y a partir del día 29 se cubrieron con una capa de hormigón. The Guardian habla de trece camiones en la noche del 22 de septiembre. Durante treinta años aquello pasó por una leyenda urbana: Atari habría enterrado en el desierto millones de copias del juego de E.T., el extraterrestre, considerado uno de los peores videojuegos de la historia. En 2014, un equipo de rodaje fue a comprobarlo con excavadoras. Y los cartuchos estaban allí.

Un juego en cinco semanas

En 1982, Atari dominaba el negocio: se habían vendido unos diez millones de su consola, la Atari 2600, y la compañía tenía alrededor del 80 % del mercado de los videojuegos. Tras el estreno de E.T., el extraterrestre, en junio, el gran éxito de taquilla de aquel año, Steve Ross, presidente de Warner, la empresa propietaria de Atari, negoció con Steven Spielberg y con Universal los derechos para hacer el videojuego. Según se supo después, pagó entre 20 y 25 millones de dólares, una cifra muy alta para una licencia de la época. Cuando Ross le preguntó al consejero delegado de Atari, Ray Kassar, qué le parecía, este le contestó que era una idea tonta.

Consola Atari 2600 con frontal de imitación madera y sus mandos
La Atari 2600, la consola que dominaba el mercado en 1982. Foto: Evan-Amos (dominio público).

El 27 de julio de 1982, Kassar llamó al programador Howard Scott Warshaw, autor del exitoso juego de En busca del arca perdida, y le encargó el de E.T.: Spielberg lo había pedido a él, y el juego tenía que estar terminado el 1 de septiembre para llegar a las tiendas en Navidad. Eran poco más de cinco semanas, cuando un juego solía llevar seis meses o más; para el del arca, Warshaw había tenido seis meses, según la Wikipedia, o diez, según contó él a The Guardian. Kassar le ofreció 200.000 dólares y unas vacaciones en Hawái. Warshaw lo hizo a tiempo, y el resultado fue un juego en el que el extraterrestre tiene que buscar las piezas de un teléfono escondidas en pozos de los que cuesta mucho salir.

Millones de cartuchos para un fracaso

Atari, convencida de que tenía un éxito asegurado, se saltó las pruebas con jugadores y fabricó millones de cartuchos: cuatro millones, según Kassar, o cinco, según otras fuentes que recogen la Wikipedia y The Guardian. Al principio se vendió bien, más de 2,6 millones de copias antes de que acabara 1982, pero los compradores se dieron cuenta enseguida de que el juego era confuso y frustrante, y llegaron las devoluciones. Según Kassar, unos tres millones y medio de cartuchos volvieron a la compañía, sin vender o devueltos por los clientes.

E.T. no hundió Atari él solo, pero contribuyó mucho al desastre. La compañía tenía los almacenes llenos de juegos que nadie quería, entre ellos su versión de Pac-Man, que se vendió mucho pero fue muy criticada y dejó más de cinco millones de cartuchos sin vender, y en 1983 llegó la gran crisis de los videojuegos en Estados Unidos. Atari perdió ese año más de 536 millones de dólares (563, según The Guardian), y en julio de 1984 Warner vendió su división de consumo a Jack Tramiel, que acababa de dejar Commodore.

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La leyenda del vertedero de Alamogordo

En septiembre de 1983, el Alamogordo Daily News publicó una serie de artículos sobre los camiones de Atari que llegaban desde un almacén de El Paso, en Texas, para descargar en el vertedero de la ciudad. Atari lo eligió porque allí no se permitía rebuscar en la basura y los residuos se aplastaban y se enterraban cada noche. La explicación oficial fue que la compañía estaba cambiando los juegos de la Atari 2600 por los de la Atari 5200, aunque un trabajador lo desmintió después, y un directivo dijo que casi todo era material roto o devuelto. Aun así, los niños del pueblo se colaron en el vertedero y sacaron cartuchos de E.T., En busca del arca perdida, Defender o Berzerk. Con el tiempo, la historia se convirtió en leyenda: millones de cartuchos de E.T. enterrados en el desierto.

La excavación de 2014

El 26 de abril de 2014, con permiso de las autoridades de Nuevo México, un equipo que rodaba un documental para Microsoft, dirigido por Zak Penn, excavó el vertedero. Al poco tiempo empezaron a aparecer restos de E.T. y de otros juegos de Atari, ante los aficionados que habían acudido (varios cientos, según The New Yorker; decenas, según The Guardian) y ante el propio Howard Scott Warshaw, que fue a explicar por qué el juego había salido tan mal. Un equipo de arqueólogos documentó lo que iba apareciendo.

Se recuperaron unos 1.300 cartuchos, y según el documental solo un 10 % eran de E.T. Parte se entregó a museos, entre ellos la Smithsonian, que conserva un E.T. desenterrado con un certificado del Ayuntamiento de Alamogordo, y el resto se subastó para financiar un museo. James Heller, el antiguo directivo de Atari que había organizado el entierro en 1983, rebajó la leyenda: allí no había millones de cartuchos de E.T., sino unos 728.000 cartuchos de muchos juegos distintos. La ficha de la Smithsonian, sin embargo, sigue hablando de «millones de cartuchos» enterrados, y The Guardian sostiene que la mayoría de los E.T. sin vender acabó en otro vertedero, cerca de la sede de Atari en California.

El documental, Atari: Game Over, se estrenó el 20 de noviembre de 2014 en la tienda de vídeo de Xbox, y en abril de 2015 llegó a Netflix. Este es su tráiler oficial, publicado por la plataforma DocPlay.

Atari - Game Over | Official Trailer | DocPlay

Una ovación treinta años después

Warshaw cambió varias veces de profesión y acabó trabajando como psicoterapeuta. Cuando vio salir de la tierra el primer cartucho de E.T., lloró ante la cámara, y en el estreno del documental en la Comic-Con el público lo recibió con una larga ovación en pie. «Fue un momento dorado y brillante de mi vida», contó a The Guardian. Penn lo resumió así: la gente de la industria está reconsiderando su lugar en la historia de los videojuegos.

Otras historias del blog: John Draper, Captain Crunch, el CED y el VHD, los vídeos de disco que nadie quiso y Blockbuster, que pudo comprar Netflix.

Fuentes consultadas

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