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Violet Jessop: la mujer que sobrevivió al Titanic, al Britannic y al Olympic

Retrato en blanco y negro de Violet Jessop con cofia y uniforme de enfermera voluntaria de la Cruz Roja

En noviembre de 1916, con el Britannic hundiéndose en el Egeo, Violet Jessop se entretuvo en recoger su cepillo de dientes: después del Titanic, una amiga le había aconsejado no meterse en otro desastre sin él. Aquella camarera nacida en Argentina en 1887 iba también a bordo del Olympic cuando chocó con un buque de guerra en 1911, y de los tres percances salió viva, la última vez con una fractura de cráneo. La prensa la llamó «Miss Insumergible»; ella siguió trabajando en el mar hasta 1950.

La mujer que escapó tres veces de la muerte en el mar

Violet Constance Jessop no tenía nada de heroína de manual. No buscó la gloria ni contó su vida como una gesta: estuvo tres veces en el peor sitio posible, y las tres salió con vida.

Nació el 2 de octubre de 1887 en la Pampa, cerca de Bahía Blanca, hija mayor de un ganadero irlandés. De niña pasó una enfermedad que se cree que fue tuberculosis y que los médicos daban por mortal. A los dieciséis, tras la muerte de su padre, la familia se fue a Inglaterra; su madre trabajaba de camarera en los barcos, y cuando enfermó, Violet dejó el colegio de monjas y siguió sus pasos.

De la Royal Mail Line a la White Star Line

Trabajar de camarera en un transatlántico era uno de los pocos empleos en el mar abiertos a mujeres jóvenes. Violet empezó en 1908, con veintiún años, a bordo del Orinoco, de la Royal Mail Line, con un sueldo escaso y jornadas de diecisiete horas. Según la Wikipedia en inglés, para que la contrataran tuvo que vestirse de forma que pareciera menos atractiva.

Tras empezar en la Royal Mail Line, en 1911 pasó a la White Star Line, la naviera del Olympic, el Titanic y el Britannic, tres buques gemelos que eran lo más grande y lujoso que flotaba en su época.

El primer aviso llegó el 20 de septiembre de 1911, cuando el Olympic, recién salido de Southampton, chocó con el crucero HMS Hawke. No hubo muertos y el barco volvió a puerto por sus propios medios. Violet iba a bordo, aunque en sus memorias ni lo menciona.

Enorme boquete en el casco de acero del Olympic, con un hombre de pie junto a la brecha, tras el choque con el HMS Hawke
El casco del Olympic después del choque con el HMS Hawke, en octubre de 1911. Violet Jessop iba a bordo. Foto: Robert Welch (dominio público), vía Wikimedia Commons.

El Titanic: el bote 16

En abril de 1912 la trasladaron a su gemelo, el Titanic, en el que embarcó el día 10, con veinticuatro años. En la noche del 14 al 15, cuando el barco ya se hundía, la mandaron a cubierta para que los pasajeros que no entendían inglés vieran cómo debían comportarse. Después la subieron al bote 16 y, mientras lo bajaban, el sexto oficial, James Moody, le puso un bebé en los brazos.

El bote 16, como otros del lado de babor, bajó sin llenarse: muchos pasajeros no se creían todavía que aquel barco pudiera hundirse.

Desde el bote vio desaparecer el Titanic. A la mañana siguiente los recogió el Carpathia, que los llevó a Nueva York el 18 de abril. De las más de 2.200 personas que iban a bordo se salvaron poco más de 700.

Ya a bordo del Carpathia, según contó ella misma, una mujer se le acercó, le quitó el bebé de los brazos sin decir una palabra y se marchó. Violet nunca supo quién era.

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El Britannic: la guerra y el naufragio definitivo

La tercera vez fue en plena guerra. Violet se había hecho enfermera voluntaria de la Cruz Roja y el 21 de noviembre de 1916 iba a bordo del Britannic, el tercer gemelo, convertido en buque hospital, cuando chocó con una mina alemana en el mar Egeo. Se hundió en 55 minutos y murieron 30 de las 1.066 personas que iban a bordo.

El Britannic pintado de blanco, con una franja y cruces rojas de buque hospital, navegando durante la Primera Guerra Mundial
El Britannic, pintado de blanco y con las cruces de buque hospital, durante la Primera Guerra Mundial. Foto: Allan C. Green (dominio público), vía Wikimedia Commons.

Su bote fue arrastrado hacia las hélices, que seguían girando y destrozaban las barcas que se les acercaban. Violet saltó al agua, se golpeó la cabeza y la recogió otro bote. Ya en un destructor británico se encontró con dos médicos a cuyo lado había oído misa esa mañana, y uno le dijo: «Sé lo que la ha salvado hoy, jovencita». Tenía una fractura de cráneo y una herida profunda en una pierna, y tardó unos tres años en volver al mar.

Entre las pocas cosas que sacó del camarote iban el libro de oraciones y el cepillo de dientes, por consejo de una amiga: nada de meterse en otro desastre sin él. Una mujer práctica, a su manera.

“Miss Insumergible”: el mito y la realidad

Sus memorias, que salieron después de su muerte con el título Titanic Survivor y la edición de John Maxtone-Graham, no tienen nada de épico. Cuenta escenas pequeñas, como mujeres que se despiden o niños en brazos de desconocidos.

El apodo de «Miss Insumergible» se lo puso la prensa, y le sobra épica: Violet era una trabajadora más de una plantilla enorme que casi nadie veía. Ni siquiera fue la única con esa suerte: el fogonero Arthur Priest también iba en el Olympic cuando chocó con el Hawke y sobrevivió al Titanic y al Britannic.

La paga empezaba en unas dos libras al mes, según contó ella misma, así que las propinas importaban mucho; las camareras estaban siempre de guardia, y su trabajo tenía que notarse menos que el de los hombres. Detrás del lujo de primera había gente que trabajaba hasta caer rendida.

Una vida después del mar

Después de la guerra volvió a la White Star en 1920 y luego pasó por la Red Star Line, con la que dio dos veces la vuelta al mundo a bordo del Belgenland, y otra vez por la Royal Mail. A los 36 años se casó con John James Lewis, camarero de la White Star; se divorciaron al cabo de un año.

En 1950 se retiró a Great Ashfield, un pueblo de Suffolk, donde vivió de una pensión modesta que completaba vendiendo los huevos de sus gallinas. En sus últimos años dio algunas entrevistas, en las que criticaba las versiones idealizadas del Titanic: le interesaba que se contara cómo era de verdad la vida a bordo.

Violet Jessop murió el 5 de mayo de 1971, a los 83 años, de insuficiencia cardiaca, en tierra firme. Está enterrada en el cementerio de Hartest, en Suffolk. Pese a sus tres naufragios, en vida nunca fue famosa.

La llamada de una noche de tormenta

Queda una última escena, digna de una novela de fantasmas. Según contó ella misma, años después del naufragio, una noche de tormenta sonó el teléfono de su casa. Una voz de mujer le preguntó si era la camarera que había salvado a un bebé la noche del Titanic. Cuando Violet respondió que sí, la desconocida dijo: «Yo era ese bebé», se rió y colgó.

Su amigo y editor, John Maxtone-Graham, sospechaba que había sido la broma de algún chaval del pueblo. Violet le contestó que era imposible: nunca le había contado aquella historia a nadie. Hasta ese momento.

Según los registros, el único bebé del bote 16 fue As’ad Tannūs, que se reunió con su madre en el Carpathia y murió en 1931, mucho antes de aquella llamada.

La historia de Violet Jessop en vídeo

Para quien prefiera escucharla, este vídeo repasa la vida de Violet Jessop y sus tres naufragios.

Ella sobrevivió a 3 desastres en barcos

Hay vidas que parecen escritas por un guionista con muy mala idea.

Otras supervivientes de lo improbable tienen su historia en el café, como Vesna Vulović, la azafata que sobrevivió a una caída de 10.000 metros. Del Titanic salieron también dos niños que nadie reclamaba, y el choque del Olympic con el Hawke aparece entre otras casualidades asombrosas. Mientras tanto, desde Madrid, la Oficina Pro Cautivos de Alfonso XIII buscaba a prisioneros y desaparecidos de toda Europa. Y otro superviviente extraordinario, esta vez del régimen de los jemeres rojos: Haing S. Ngor, el médico que acabó ganando un Óscar. Violet no fue la única: en las calderas del Titanic y del Britannic trabajaba John Priest, el fogonero insumergible que vio hundirse cuatro barcos. En aquel viaje del Titanic también iban diez españoles, de los que se salvaron siete.

Lee también: Bill Morgan: muerto 14 minutos y premiado dos veces, Haing S. Ngor: el médico que no pudo salvar a su esposa y acabó ganando un Óscar y Los huérfanos del Titanic, los niños que nadie reclamaba

Fuentes consultadas

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