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El origen de Nokia: la empresa que trituraba madera antes de fabricar móviles

Fábrica de pasta de madera de Tampere junto a los rápidos del Tammerkoski en la década de 1870

El origen de Nokia huele más a serrín que a silicio. En mayo de 1865, el ingeniero de minas Fredrik Idestam obtuvo permiso para montar una fábrica de pasta de madera en los rápidos del Tammerkoski, en Tampere. La empresa tomó después el nombre de otro río y se fusionó con una fábrica de caucho y otra de cables. En 1998, tras un giro radical, era el mayor fabricante de móviles del mundo.

Un ingeniero de minas que volvió de Alemania con una idea

Idestam, nacido en 1838 e hijo de un funcionario de minas, estudió en la Academia de Minas de Freiberg, en Sajonia. En el verano de 1864, de regreso a casa, visitó en el Harz una fábrica que molía madera con las máquinas de Heinrich Voelter: una muela de piedra que giraba en agua desmenuzaba los troncos hasta convertirlos en fibra, y esa pasta, mezclada con trapos, servía para hacer papel. Europa imprimía cada vez más y los trapos ya no daban abasto.

En Finlandia sobraba justo lo que el invento necesitaba: bosques y rápidos para mover las muelas. Idestam encargó la maquinaria y el 12 de mayo de 1865 el Senado le dio licencia para instalarse junto al salto inferior del Tammerkoski. Nokia celebra ese día como el de su fundación, aunque el molino no arrancó hasta principios de 1866. En diciembre, el Tampereen Sanomat fue el primer periódico finlandés impreso en papel con pasta de madera.

Un río con nombre de marca

Al principio costaba vender aquella pasta, que muchos tenían por un material de segunda. El espaldarazo llegó en la Exposición Universal de París de 1867: Idestam ganó una medalla de bronce y Voelter, en la misma cita, una de oro, así que el proveedor brilló algo más que el cliente. En 1868 levantó un segundo molino a orillas del Nokianvirta, junto al pueblo de Nokia, y en 1871 convirtió sus negocios en una sociedad anónima con su amigo Leo Mechelin. La llamaron Nokia Ab, por el río y el pueblo.

Fredrik Idestam y Leo Mechelin con otros cuatro estudiantes a finales de la década de 1850
Fredrik Idestam (delante, en el centro) y Leo Mechelin (detrás, a la derecha), con otros cuatro estudiantes a finales de la década de 1850. Foto de dominio público, vía Wikimedia Commons.

Idestam, dueño de algo más de la mitad de las acciones, dejó la administración de minas para volcarse en la compañía, que dirigió con prudencia hasta 1896. En 1902, con todo aquel caudal al lado, Nokia empezó a producir electricidad, un negocio que años después le salvaría el pellejo.

La fábrica de goma que compró la de papel

Mientras tanto, en Helsinki, la Fábrica Finlandesa de Caucho, fundada en 1898 por Eduard Polón, hacía chanclos y piezas de goma. En 1904, apretada en pleno centro de la capital, decidió mudarse. Dos de sus responsables fueron a ver terrenos a Pori y, al volver sin convencerse, se fijaron en los rápidos del Nokianvirta y su energía barata. En la primavera de 1905 ya producía en Nokia.

Al acabar la Primera Guerra Mundial, Nokia Ab estaba al borde de la quiebra, y la empresa del caucho la compró para no quedarse sin su electricidad. En 1922 se hizo también con la Fábrica Finlandesa de Cables, fundada en 1912 por Arvid Wickström. Las tres funcionaron por separado, con el mismo dueño, hasta fusionarse en 1967 en Nokia Corporation, cuyo director, Björn Westerlund, ya invertía en electrónica y telecomunicaciones. El conglomerado fabricaba neumáticos, botas de goma, cables y papel, y llegó a hacer televisores y ordenadores.

Un móvil de casi diez kilos

La aventura móvil empezó en 1979, cuando Nokia y el fabricante de televisores Salora crearon a medias Mobira. En 1981 arrancó la red nórdica NMT y en 1982 llegó el Mobira Senator, un teléfono para coche de 9,8 kilos. Lo de «móvil» había que entenderlo con generosidad: se movía, pero con el coche. En 1987, el Mobira Cityman ya pesaba unos 800 gramos y costaba 24.000 marcos finlandeses.

Teléfono móvil Mobira Cityman 450 con su antena
Un Mobira Cityman 450, de la familia de teléfonos que en Finlandia se ganó el apodo de «Gorba». Foto: Fennoradio (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons.

La foto que lo hizo famoso llegó en 1989, durante la visita de Estado de Mijaíl Gorbachov a Finlandia. En un acto en el Kalastajatorppa de Helsinki, el directivo de Nokia Stefan Widomski le pasó un Cityman con la línea abierta con Moscú, y el líder soviético charló con su viceministro de Comunicaciones. Por miedo a que la nube de periodistas saturase la red, se montó una estación base con códigos de país daneses solo para aquel aparato. En Finlandia, el Cityman se quedó con el apodo de «Gorba».

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1992: todo al teléfono

El gran giro llegó en 1992, cuando Jorma Ollila tomó el mando y decidió que Nokia viviría de los móviles y las telecomunicaciones. El negocio forestal y el de los ordenadores ya se habían vendido a finales de los ochenta, y los neumáticos se habían independizado como Nokian Tyres, marca con la que todavía ruedan. Con Ollila se vendió el resto.

La apuesta salió redonda. En 1994, la serie 2100 estrenó el famoso tono de llamada y vendió 20 millones de unidades, cuando el objetivo era de 400.000. En 1998, Nokia adelantó a Motorola como mayor fabricante de móviles del planeta, y más tarde, del 3310 se vendieron casi 130 millones. En muchos sitios, decir «Nokia» era decir «móvil».

El iPhone, en 2007, empezó a desmontar aquel reinado. En 2013, Nokia vendió su negocio de teléfonos a Microsoft, y hoy vive sobre todo de las redes de telecomunicaciones, muy lejos de los chanclos de Polón.

La historia de Nokia, en vídeo

El canal Simple Tech History resume en siete minutos, y en inglés, la historia de Nokia, del molino de pasta de madera a los móviles.

The ENTIRE History of Nokia in 7 Minutes

Aquel tono de la serie 2100, por cierto, no lo compuso ningún ingeniero finlandés: sale del Gran vals que Francisco Tárrega escribió para guitarra décadas antes de los móviles. Y Nokia tampoco es la única gran compañía con un comienzo que no casa con su logotipo: la petrolera Shell empezó vendiendo conchas marinas. En Alemania, Opel hizo un viaje parecido, de las máquinas de coser a los coches.

Fuentes consultadas

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