En noviembre de 1726, medio Londres pasaba por una casa de baños de Leicester Fields para ver a una campesina de Godalming que, según su médico, daba a luz conejos. El cirujano de la Casa Real la examinó y la creyó, el rey Jorge I mandó investigar, la prensa no hablaba de otra cosa y el conejo guisado desapareció de las mesas inglesas. Mary Toft acabó confesando un engaño en el que no había ningún milagro y sí mucha credulidad médica, que William Hogarth se encargó de dejar grabada para la posteridad.
Godalming, 1726
Mary Toft, de soltera Denyer, había sido bautizada en febrero de 1703 y en 1720 se casó con Joshua Toft, un oficial pañero, con el que tuvo tres hijos. En 1726 volvió a quedarse embarazada y, como cualquier campesina inglesa de la época, siguió trabajando en el campo. El embarazo se complicó pronto y a principios de agosto expulsó varios trozos de carne, uno «tan grande como mi brazo», probablemente por un problema de la placenta que acabó en aborto.

El 27 de septiembre se puso de parto y una vecina, Mary Gill, la vio «expulsar» varias partes de animales. Su suegra, Ann Toft, se las mandó a John Howard, un cirujano y comadrón de Guildford con treinta años de experiencia. La explicación que dio la familia era que, estando embarazada y trabajando en el campo con otras mujeres, habían levantado un conejo, lo habían perseguido sin éxito y desde entonces ella no podía dejar de pensar en conejos. Sonaba menos absurdo de lo que parece: muchos creían entonces que lo que una embarazada veía o soñaba podía dar forma a su hijo.
Howard no se lo creyó al principio, pero acabó «asistiendo» él mismo a varios partos en los que salieron tres patas de gato atigrado, una de conejo y unas vértebras de anguila (el gato, se dijo, era uno al que Mary tenía cariño y que dormía en su cama), y después más trozos de conejo. Se llevó a Mary a Guildford y escribió a la corte ofreciéndose a sacarle conejos delante de cualquiera que dudara. Según Atlas Obscura, en total hubo diecisiete «partos»; St. André llegó a anunciar el del decimoctavo conejo.
Los médicos del rey
La familia real se interesó tanto que Jorge I mandó a Nathaniel St. André, un cirujano suizo de la Casa Real, y a Samuel Molyneux, secretario del príncipe de Gales. Llegaron el 15 de noviembre y en pocas horas Mary «dio a luz» el torso de un conejo. St. André metió en agua un trozo de pulmón para ver si había respirado (flotó) y concluyó que los conejos se criaban en las trompas de Falopio.
El rey, por si acaso, mandó también a Cyriacus Ahlers, otro de sus cirujanos. Ahlers llegó el 20 de noviembre, no vio en Mary ninguna señal de embarazo, se fijó en que apretaba las rodillas como para que no se le cayera algo y le extrañó que Howard no le dejara ayudar. Fingió creérselo, volvió a Londres con unas muestras y encontró en ellas cortes hechos con algún instrumento y restos de paja y grano en los excrementos. St. André contraatacó con declaraciones de testigos y el 26 de noviembre hizo una demostración anatómica ante el rey.
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Londres y la confesión
El rey ordenó llevarla a Londres para estudiarla. Con St. André fue Richard Manningham, el comadrón más prestigioso del momento, que en Guildford le sacó lo que le pareció una vejiga de cerdo, sospechosamente oliendo a orina. El 29 de noviembre instalaron a Mary en el Lacey’s Bagnio, una casa de baños de Leicester Fields. «Todo bicho viviente de la ciudad, hombres y mujeres, ha ido a verla y a palparla», escribió lord Hervey. Algunos médicos, como John Maubray, que defendía que las mujeres podían parir criaturas extrañas, estaban encantados; otros, como el anatomista James Douglas, sospechaban desde el principio.
Bajo vigilancia constante, Mary tuvo varios «partos» y no salió ni un conejo. El 4 de diciembre, lord Onslow descubrió que el marido, Joshua, llevaba un mes comprando conejos pequeños, y Thomas Howard, mozo de la casa de baños, confesó ante un juez que Margaret, la cuñada de Mary, lo había sobornado para colarle uno en la habitación. Manningham la amenazó con una operación dolorosa y el 7 de diciembre de 1726 Mary confesó: después del aborto, un cómplice le había introducido en el cuerpo partes de un gato y la cabeza de un conejo, y para los «partos» siguientes se hizo lo mismo; lo del conejo en el campo era inventado. Culpó a otros, de su suegra a Howard, y aseguró que una mujer ambulante le había dicho que con aquello no le faltaría de nada en la vida.
Después del escándalo
La encerraron en Tothill Fields Bridewell, acusada de «vil tramposa e impostora». Durante meses hubo gente agolpada a la puerta para verla, y allí la retrató John Laguerre. El 8 de abril de 1727 la soltaron sin juicio, porque nadie sabía muy bien de qué acusarla, y volvió a Surrey sin haber sacado un penique del asunto. A John Howard, que compareció con ella ante el tribunal el 7 de enero de 1727, le pusieron una multa de 800 libras; volvió a Surrey y siguió ejerciendo hasta su muerte, en 1755. Peor le fue a St. André: el 3 de diciembre, cuatro días antes de la confesión, había publicado un folleto de cuarenta páginas defendiendo los partos; se retractó el 9 de diciembre y su carrera no se recuperó.
En febrero de 1728, Mary tuvo una hija, Elizabeth, que el registro parroquial de Godalming anotó como su «primer hijo tras su fingida cría de conejos». En 1740 volvió a la cárcel por recibir objetos robados, y cuando murió, en 1763, la prensa de Londres publicó su necrológica junto a las de los aristócratas. La enterraron en Godalming el 13 de enero de aquel año.

Quien no lo olvidó fue Hogarth. En diciembre de 1726 publicó Cunicularii, o los sabios de Godalming en consulta, con Mary en pleno parto rodeada de St. André, Howard y compañía, y todavía en 1762 la metió en Credulity, Superstition, and Fanaticism. El truco de sacar un conejo de la chistera es posterior: se atribuye al mago francés Louis Comte, en 1814, aunque también a John Henry Anderson, bastante más tardío.
Extra History contó el caso en este vídeo animado (en inglés):
Lo que contó la propia Mary
Durante siglos, el caso se ha contado como una historia de médicos crédulos. La historiadora Karen Harvey, que ha estudiado las tres confesiones de Mary Toft que se conservan, propone mirarlo desde ella: una campesina pobre que acababa de sufrir un aborto, y sitúa el engaño en las relaciones de poder entre las mujeres que la rodeaban en el parto.
Otras historias del blog: el supuesto parto virginal de Emmimarie Jones, el archipiélago inventado de San Serriffe y la broma de Berners Street.
Fuentes consultadas
- Wikipedia: «Mary Toft». https://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Toft
- Manningham, R. (1726). An exact diary of what was observ’d during a close attendance upon Mary Toft. Internet Archive. https://archive.org/details/b30375708
- St. André, N. (1726). A short narrative of an extraordinary delivery of rabbets. Internet Archive. https://archive.org/details/shortnarrativeof00sain
- Ahlers, C. (1726). Some observations concerning the woman of Godlyman in Surrey. Internet Archive. https://archive.org/details/b31973565
- A complete collection of all the tracts relating to Mary Tofts (1726-1753). Internet Archive. https://archive.org/details/McGillLibrary-osl_osler-4115_mary-tofts_WZ260S8151726-1753-19146
- British Museum: Hogarth, W. (1726). Cunicularii; or, The Wise Men of Godliman in Consultation. https://www.britishmuseum.org/collection/object/P_1868-0808-3517
- Harvey, K. (2015). «What Mary Toft felt: women’s voices, pain, power and the body». History Workshop Journal. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4804233/
- Russell, N. (2013). «Mary Toft and her extraordinary delivery of rabbits». Public Domain Review. https://publicdomainreview.org/essay/mary-toft-and-her-extraordinary-delivery-of-rabbits/
- Imbler, S. (2019, 3 de julio). «Why Historians Are Reexamining the Case of the Woman Who Gave Birth to Rabbits». Atlas Obscura. https://www.atlasobscura.com/articles/mary-toft-gave-birth-to-rabbits
- Wikipedia: «Hat-trick (magic trick)». https://en.wikipedia.org/wiki/Hat-trick_(magic_trick)
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