Saltar al contenido
Baba Vanga, anciana ciega con un pañuelo oscuro en la cabeza, señala con la mano hacia la cámara en una fotografía en blanco y negro

Vangelia Gushterova perdió la vista de niña y pasó medio siglo atendiendo en el suroeste de Bulgaria a gente angustiada por un hijo en el frente o un enfermo en casa. Murió en Sofía el 11 de agosto de 1996, y desde entonces Baba Vanga, la «abuela Vanga», no ha dejado de hacer profecías: cada diciembre la prensa sensacionalista y las redes le atribuyen guerras mundiales y extraterrestres. Ella no dejó nada escrito y su fundación niega buena parte de ellas; las que traían fecha han ido caducando sin cumplirse.

Arena en los ojos

Nació en 1911 en Strumica, entonces otomana y hoy en Macedonia del Norte. Según su propio relato, hacia los doce años un remolino la levantó y la arrojó a un campo; la arena se le metió en los ojos, se infectaron y fue perdiendo la vista, porque la familia no pudo pagar el tratamiento completo. Nada lo documenta, y la edad varía según quién lo cuente. En 1925 la llevaron a una residencia para ciegos de Zemun, junto a Belgrado.

En 1942 se casó con el soldado Dimitar Gushterov y se instaló en Petrich. Allí, en plena Segunda Guerra Mundial, empezó la fama: las familias le preguntaban si sus hombres volverían del frente y se corrió la voz de que encontraba a soldados perdidos y curaba a enfermos. Los comunistas, que tomaron el poder en 1944, prohibieron a los adivinos por charlatanes y a ella la acusaron de espiar para Yugoslavia.

Una vidente en la nómina del régimen

El veto no duró para siempre, y Vanga acabó siendo quizá la única vidente con sueldo oficial del Pacto de Varsovia. Georgi Lozanov, que en 1966 había fundado con apoyo del Estado un grupo de sugestología (instituto desde 1971), se dedicó a estudiarla, y el ayuntamiento de Petrich la tenía en plantilla y cobraba la entrada: 10 levas a los búlgaros y 30 a los extranjeros. En nueve meses de 1968 recaudó 44.560 levas. Recibía entre 50 y 100 personas al día, y había quien esperaba semanas.

Casa de dos plantas pintada de gris verdoso, con balcón, jardín con parterres y una parra, en Petrich
La casa de Baba Vanga en Petrich, donde recibía a sus visitantes, abierta como museo desde 2008. Foto: Vasilmitov (CC BY 3.0), vía Wikimedia Commons.

Lozanov llegó a sostener que acertaba siete de cada diez veces, un porcentaje sacado de cuestionarios que rellenaban los propios visitantes. Con él terminaba Fenómeno, el documental de Nevena Tosheva de 1976, en el que otros científicos hablaban de «psicosis de masas». La Seguridad del Estado rondaba la casa, y entre las visitas habituales estaba Liudmila Zhivkova, hija del dictador Todor Zhivkov y responsable de la cultura búlgara. Del padre se cuenta que nunca se creyó sus profecías.

Más médicos que apocalipsis

Su oficio real era más prosaico. Iván Drámov, de la Fundación Baba Vanga, explicaba en marzo a The Guardian que se ocupaba sobre todo de la salud de la gente: les decía a qué médico ir y qué hacer, y poco más. Tras la caída del comunismo, Vanga se convirtió en una celebridad, ayudada por la biografía superventas de su sobrina Krasimira Stoyanova. En 1994, consultada sobre el Mundial de Estados Unidos, no acertó el campeón; ese año costeó la iglesia de Santa Petka del cercano pueblo de Rupite, donde la pintaron con aire de santa.

Fachada blanca de la iglesia de Santa Petka de Rupite, con un gran mural de figuras religiosas sobre la puerta y una escalinata delante
La iglesia de Santa Petka, en Rupite, que Vanga costeó en 1994 y junto a la que está enterrada. Foto: Nikolai Karaneschev (CC BY 3.0), vía Wikimedia Commons.

Murió de cáncer de mama y la enterraron junto a esa iglesia. Dejó sus bienes al Estado. La casa de Petrich abrió como museo en mayo de 2008; la de Rupite, donde pasó sus últimos años, en marzo de 2014, tras casi dieciocho años de pleitos con sus parientes.

Profecías con efecto retroactivo

Le atribuyen el 11-S, el Kursk o la COVID. Del instituto de Lozanov quedaron grabaciones de sesiones, que la Agencia Estatal de Archivos anunció en 2023 que digitalizaría, pero las grandes profecías llegan de segunda o tercera mano y muchas aparecieron después de lo anunciado. La de los «pájaros de acero» contra los «hermanos americanos» (el 11-S, según sus fieles) se fecha en 1989 solo por testimonios indirectos. La «inundación de Kursk» la difundió Vasili Varlámov, un estudiante de herboristería que decía haberla tratado en 1990; cuando en 2000 se hundió el submarino de ese nombre, pasó por cumplida.

Rusia puso el resto. El escritor soviético Valentín Sídorov, que la trató entre 1979 y 1981, dejó en sus libros la frase favorita de la propaganda prorrusa: todo se derretirá como el hielo y solo quedará intacta «la gloria de Vladímir, la gloria de Rusia». Sídorov la leía en clave espiritual; hoy, Vladímir es Putin. La serie rusa Vangelia (2013) llegó a mostrarla recibiendo a Hitler y al zar Boris III, visitas que dos investigadores de la Universidad de Texas consideran en gran parte mitos. Esas visiones corren ya por TikTok, los tabloides británicos y hasta los medios estatales albaneses.

Las que traían fecha se han caído solas. La guerra nuclear de 2010 a 2014 no llegó, y la Unión Soviética que debía resucitar antes de 2025 sigue enterrada. Europa tampoco quedó diezmada en 2025. El atentado contra Putin se recicló cada año entre 2019 y 2022, según el verificador SEE Check. Para 2026 le atribuyen la tercera guerra mundial y el primer contacto con extraterrestres; de lo segundo, de momento, ni rastro. «Todo el mundo le pone en la boca palabras que nunca dijo», resume Zhenya Kostadinova, autora de varios libros sobre ella.

A la misma Seguridad del Estado que vigilaba su casa se atribuye el crimen del paraguas búlgaro, que acabó en Londres con la vida del escritor disidente Georgi Markov. Y entre los apocalipsis con fecha de caducidad, pocos tan sonados como el fin del mundo maya de 2012, que tampoco se presentó a la cita.

Explora

Consulta el mapa de las historias

Con borde blanco, los países de esta historia. Pulsa cualquier país para ver lo que ocurrió allí, o viaja por épocas y décadas.

Fuentes consultadas

Siguiente historia

Anuncio de Vine-Glo de 1930 con el lema «legal in your home» en letras grandes, dos copas sobre un racimo de uvas y la lista de ocho variedades con sus preciosCultura pop y rarezas modernasVine-Glo, el «zumo de uva» de la Ley Seca que se volvía vino en el sótanoEn noviembre de 1930, Milwaukee se llenó de vallas y anuncios de un producto «legal en su casa»: Vine-Glo, concentrado de uva de California. La palabra «vino» no aparecía, aunque el barril…Leer la siguiente historia →¿Te quedas con ganas de más?Sorpréndeme con otra historiaTirar el dado →

El boletín del Café

No te pierdas la próxima historia

Episodios reales, documentados y profundamente desconcertantes. Cada semana publicamos una nueva historia.

Suscribirme gratis →Por correo o con avisos en el navegador, como prefieras.

Quién escribe

Comparte esta historia

¿Te gusta El Café de la Historia? Añádenos como fuente preferida y verás más historias nuestras en Google.