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Andy Hildebrand y el Auto-Tune: el geofísico del petróleo que acabó afinando a Cher

Andy Hildebrand, inventor del Auto-Tune, de pie en su taller de carpintería en 2014

Durante trece años, Andy Hildebrand se ganó la vida descifrando ecos: los de las ondas sísmicas que rebotan en el subsuelo y delatan dónde puede haber petróleo. Después dejó la industria, estudió composición y, a mediados de los noventa, aplicó aquellas matemáticas a la voz humana. Así nació el Auto-Tune, un corrector de afinación pensado para que nadie lo notara. En 1998, «Believe» de Cher lo convirtió en el efecto más reconocible del pop y en uno de los más odiados.

El hombre que escuchaba a las rocas

Hildebrand, californiano y flautista desde la adolescencia, se doctoró en ingeniería eléctrica por la Universidad de Illinois en 1976 y ese mismo año entró en Exxon, en Texas. Allí exprimía las prospecciones sísmicas: se provocan vibraciones en la superficie y se escuchan los ecos que devuelven las capas de roca. Fue pionero en los algoritmos de autocorrelación, que buscan patrones repetidos en una señal. «Ese cálculo permite a las petroleras usar los datos sísmicos para cartografiar los estratos del subsuelo y encontrar petróleo», explicó en 2004 a la radio pública estadounidense.

En 1982 fundó con otros tres socios Landmark Graphics, que llevó la interpretación sísmica en tres dimensiones a estaciones de trabajo de escritorio. En 1989, cuando la empresa ya no dependía, en sus palabras, «del espíritu emprendedor», se retiró. Siete años después, Halliburton compró Landmark por unos 557 millones de dólares en acciones, pero él ya estaba en otra cosa.

Una caja para cantar afinada

Se matriculó en composición en la Shepherd School of Music de la Universidad Rice, en Houston, donde era, según decía, «un estudiante de cuarenta años entre, sobre todo, un montón de chavales de instituto». Los instrumentos digitalizados de sus sintetizadores le sonaban artificiales, así que en 1990 fundó Jupiter Systems, la futura Antares Audio Technologies, para hacer programas de muestreo. Cinco años después, en una comida durante la NAMM, la gran feria del sector, preguntó a los comensales qué quedaba por inventar. Según ha contado él, una mujer le contestó: «¿Por qué no haces una caja que me deje cantar afinada?».

La propuesta iba medio en broma, pero él sabía cómo hacerlo. La autocorrelación que leía ecos en las rocas también detecta la nota que da un cantante, y el programa la lleva en tiempo real a la afinación correcta. El Auto-Tune se presentó en la NAMM de 1997 y, según Hildebrand, «la gente me lo arrancaba de las manos». Prometía corregir una frase desafinada sin tener que empalmar trozos de varias tomas, y sin que se notara.

Cher cantando con un vestido plateado de flecos en un concierto en Rotterdam en 1999
Cher en concierto en el Ahoy de Rotterdam, el 27 de octubre de 1999, un año después de «Believe». Foto: Gerben Bosma (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

Lo de que no se notara duró poco. En un pequeño estudio de las afueras de Londres, los productores de «Believe», Mark Taylor y Brian Rawling, pusieron a cero la velocidad de corrección, y el programa empezó a saltar de nota en nota sin transición. La voz de Cher sonó a ratos como la de un robot con el corazón roto. «No pensé que nadie en su sano juicio fuera a usar eso», reconocería Hildebrand.

Un pedal de guitarra como coartada

El truco se guardó en secreto. Taylor contó en 1999 a la revista Sound On Sound que el efecto salía de un Digitech Talker, un vocoder con pinta de pedal de guitarra. La revista añadió más tarde una nota: los productores lo dijeron para proteger su hallazgo, y aquella fue la primera grabación comercial con el Auto-Tune como efecto deliberado. Cuando en la discográfica propusieron quitarlo, Cher se plantó: tendría que ser «por encima de mi cadáver». La canción llegó al número uno en 21 países.

El rapero T-Pain cantando con gafas y gorra en un concierto de 2011
T-Pain, el gran abanderado del Auto-Tune, en un concierto en 2011. Foto: Will Folsom (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons.

Medio pop se apuntó. En los dos mil, el rapero T-Pain hizo del efecto su firma en canciones como «Buy U a Drank», y en 2012 Hildebrand calculaba que el 90 % de lo que sonaba en la radio había pasado por sus programas.

Culpable de afinar demasiado

La reacción llegó en 2009. Death Cab for Cutie se presentó en la gala de los Grammy con un distintivo azul contra el «abuso del Auto-Tune», y Jay-Z le dedicó «D.O.A. (Death of Auto-Tune)», que acabó ganando un Grammy. Christina Aguilera llegó a posar con una camiseta que despachaba el invento con un insulto, aunque luego admitió que también lo usaba. En mayo de 2010, Time lo metió entre los 50 peores inventos, junto al Ford Pinto y el amianto, por ser una tecnología capaz de «hacer que los malos cantantes suenen bien».

Hildebrand no perdió el sueño. «Yo solo fabrico el coche; no lo conduzco en sentido contrario por la autopista», resumió en 2012, y añadió que en Antares disfrutaban con la polémica. Con T-Pain la cosa acabó en los tribunales: el rapero demandó a la empresa en 2011 acusándola de usar su nombre y su imagen, y según se publicó después, el acuerdo impide a Hildebrand mencionarlo en público.

En octubre de 2016 vendió Antares a un banco de inversión de Los Ángeles. Su antigua universidad contaba ese año que pensaba mudarse a Puerto Rico con su mujer y dedicar más tiempo a la carpintería y al tiro con arco. En 2023, la Recording Academy le concedió el Grammy técnico por crear el Auto-Tune.

«Believe», en vídeo

En el canal oficial de Cher en YouTube está el videoclip de «Believe», remasterizado en 4K, con la voz que puso a medio mundo a preguntarse qué aparato llevaba.

Cher - Believe (Official Music Video) [4K Remaster]

Antes de que un programa afinara a nadie, el pop ya había vivido su gran escándalo de voces prestadas con Milli Vanilli, el dúo que perdió su Grammy cuando se supo que no cantaba. Y hubo quien imitó a otro sin máquina alguna: Orion, el cantante enmascarado que sonaba como Elvis.

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