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Lal Bihari, el indio que pasó 18 años muerto sobre el papel

Lal Bihari, sonriente y con camisa clara, junto al actor Pankaj Tripathi, que lo interpretó en la película Kaagaz

Lal Bihari, un campesino con un pequeño negocio de telares en el distrito de Azamgarh, en el norte de la India, fue a pedir un préstamo en 1976 y se enteró de que estaba muerto. Unos parientes habían pagado 300 rupias a un funcionario para que lo diera por fallecido y la tierra que había heredado pasara a sus primos. Tardó dieciocho años en convencer a la administración de que seguía vivo. Por el camino fundó una asociación de muertos y acabó ganando un Ig Nobel.

Muerto por 300 rupias

Lal Bihari se crio en Amilo, una aldea de tejedores de saris de Benarés en el estado de Uttar Pradesh. Tenía un pequeño negocio de telares y, para ampliarlo, necesitaba un crédito. El banco le pidió papeles que acreditaran sus tierras, y en la oficina de registros el funcionario encargado le dio la noticia: Lal Bihari había muerto.

Detalle de un sari de seda de Benarés del siglo XVIII con motivos bordados
Sari de Benarés (Varanasi) del siglo XVIII, conservado en el Honolulu Museum of Art. La aldea de Lal Bihari, Amilo, es tierra de tejedores de saris. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.

Según el registro agrario, la defunción constaba desde el 30 de julio de 1976, y su parcela, apenas un bigha, una quinta parte de un acre, había pasado a sus primos. Detrás estaba un tío suyo, que según la versión más repetida sobornó al funcionario del registro. «El precio de mi muerte fueron 300 rupias», contaría Bihari años después.

Para morir en aquel registro no hacía falta cadáver ni entierro: bastaba con una anotación y un funcionario dispuesto a hacerla. Deshacerla iba a costar mucho más.

Cómo demostrar que uno está vivo

Las reclamaciones por escrito no sirvieron de nada, así que Bihari buscó la manera de que su nombre apareciera en algún papel oficial como el de un hombre vivo. En 1980 se añadió el apellido Mritak, «difunto» en hindi, y empezó a firmar sus cartas como «el difunto Lal Bihari».

En 1985 se llevó a un primo pequeño, hijo del tío que lo había matado sobre el papel, con la esperanza de que lo denunciaran por secuestro. Durante cinco días lo llevó al cine a diario. La familia no presentó denuncia y el niño volvió a casa sin más.

Al año siguiente lanzó octavillas en la Asamblea Legislativa de Uttar Pradesh y pasó siete horas en el calabozo, que tampoco le valieron como prueba de vida. Intentó sobornar con 500 rupias a un policía para que lo detuviera, y el policía le devolvió el dinero. Pidió para su mujer, Karami, una pensión de viudedad, que el Gobierno le negó. Llegó incluso a organizar su propio funeral.

Candidato desde el más allá

Si la administración no lo veía, quizá lo vieran los votantes. En 1988 se presentó por Allahabad contra V. P. Singh, que al año siguiente sería primer ministro, y sacó unos 1.600 votos. En 1989 se enfrentó en Amethi al primer ministro, Rajiv Gandhi, y después pidió que se anularan los comicios porque uno de los candidatos, él mismo, estaba muerto. La petición no prosperó.

Mientras tanto, había fundado en 1980 el Mritak Sangh, la Asociación de Muertos de Uttar Pradesh. Al principio su único socio era él. Con los años fue encontrando a otros vivos sin papeles de vida: campesinos a los que algún pariente había matado en el registro para quedarse con su tierra. En 2007, el responsable de Rentas del estado reconocía 303 casos y expedientes abiertos contra 91 funcionarios.

Resucitado con fecha y firma

La resurrección llegó en 1994. En mayo, una investigación recomendó declararlo vivo, y el expediente desapareció de la oficina del distrito. Bihari amenazó con ocuparla. El 30 de junio de 1994, la administración corrigió por fin el registro y Lal Bihari volvió a existir, dieciocho años después de su muerte oficial.

Lo más llamativo vino después: tras tanta pelea por la parcela, dejó que sus parientes siguieran cultivándola.

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Un Ig Nobel por estar vivo

En 2003 recibió el Ig Nobel de la Paz, uno de los premios que primero hacen reír y luego hacen pensar. El jurado lo distinguió por un triple logro: llevar una vida activa pese a estar legalmente muerto, mantener una animada campaña póstuma contra la inercia burocrática y los parientes codiciosos, y crear la Asociación de Muertos.

Siguió presentándose a elecciones. En 2004 lo intentó por Lalganj, y ese mismo año apoyó la candidatura de otro socio de la asociación, Shivdutt Yadav, contra el primer ministro Atal Bihari Vajpayee.

Su historia llegó al cine en 2021 con Kaagaz («Papel»), dirigida por Satish Kaushik y protagonizada por Pankaj Tripathi, que se estrenó en la plataforma ZEE5 el 7 de enero.

La última palabra, de un tribunal

Bihari también llevó al Estado ante el Tribunal Superior de Allahabad y le reclamó 25 crores de rupias, 250 millones, por los años perdidos. El tribunal desestimó la demanda a principios de marzo de 2023. Recordó que el Gobierno nunca lo había declarado muerto, que el daño venía de la codicia de sus parientes y que él nunca los había denunciado. Le reprochó, además, haber hecho «una montaña de un grano de arena» y le impuso 10.000 rupias de costas.

No es el único al que dieron por muerto antes de tiempo. A Guillaume Le Gentil le ocurrió en el siglo XVIII, cuando volvió a Francia después de once años de viaje.

Lal Bihari pasó dieciocho años reclamando una parcela que, una vez recuperada, dejó en manos de su familia. Por lo visto, le bastaba con que el papel dijera que estaba vivo.

Fuentes consultadas

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