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Goa, 2004: el amaño de fútbol que acabó 55-1 y 61-1

Jugadores del Salgaocar y del Bengaluru FC alineados en el césped del Tilak Maidan, en Vasco da Gama (Goa), en 2016

Sesenta goles en 45 minutos, uno cada 45 segundos de media. Los marcó el Curtorim Gymkhana en la segunda parte de su último partido de la Segunda División de Goa (India), en febrero de 2004, mientras el Wilred Leisure, empatado con él a puntos, ganaba 55-1 en otro campo. El ascenso se decidía por diferencia de goles, y los rivales de los dos colaboraron con un entusiasmo admirable. El amaño duró lo que tardó en reunirse la federación: al día siguiente, suspendió a los cuatro clubes.

Empatados a puntos

En Goa, el fútbol se organiza en una liga por escalones que gestiona la federación del estado, y en febrero de 2004 la Segunda División llegaba a su último tramo: una liguilla interzonal con el ascenso a Primera en juego. A la última jornada llegaron empatados a puntos el Curtorim Gymkhana y el Wilred Leisure, y el desempate era la diferencia de goles, es decir, los goles marcados menos los encajados.

Cuánta ventaja tenía cada uno depende de quién haga las cuentas. Según The Times of India, el Wilred iba tres goles por detrás; según Time, tenía que marcar siete más que el Curtorim. Lo seguro es que los dos jugaban a la vez y en campos distintos: el Curtorim, contra el Sangolda Lightning en el Tilak Maidan de Vasco da Gama, y el Wilred, contra el Dona Paula Sports Club en el campo de Duler, en Mapusa. Cada uno necesitaba ganar por muchos goles, y ninguno de los dos rivales parecía dispuesto a impedirlo.

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Sesenta goles en una parte

Al descanso, el Wilred ganaba 7-0 al Dona Paula, y el Curtorim, solo 1-0 al Sangolda: las cuentas del Wilred iban por buen camino. Lo que pasó después, según el árbitro del partido del Curtorim, Benjamin Silva, solo podía describirse como «sospechoso». En la segunda parte, los jugadores del Sangolda dejaron de pasarse el balón entre ellos y empezaron a entregárselo a los del Curtorim, con la cortesía de un acomodador de cine, y renunciaron a cruzar al campo contrario. En Mapusa, el Dona Paula hacía algo muy parecido.

El público empezó a pitar y los marcadores se dispararon hasta cifras de baloncesto. El Wilred acabó ganando 55-1, y el Curtorim, 61-1: sesenta goles en 45 minutos y 118 entre los dos campos en una sola jornada. Parece la partida de un niño con el FIFA en modo principiante, pero eran partidos oficiales y tenían árbitro. En la carrera de goleadas ganó el Curtorim por seis goles, aunque el premio no llegó a cobrarlo nadie.

Un año de castigo

A la federación de Goa no le hizo ninguna gracia. «Es increíble, es vergonzoso», dijo su secretario, Savio Messias, según Time, y lo atribuyó a «una intensa rivalidad de pueblo llevada a niveles absurdos». Según la agencia PTI, añadió que era la primera vez en la historia del fútbol goano que unos equipos traían semejante deshonra al juego. El secretario de la federación india, Albert Colaco, pidió en The Times of India que los implicados recibieran un castigo severo.

Su comité ejecutivo se reunió en sesión extraordinaria al día siguiente. Suspendió un año a los cuatro clubes (Curtorim, Wilred, Sangolda y Dona Paula), multó a cada uno con 5.000 rupias, anuló todos sus resultados de la liguilla y propuso a la asamblea expulsar de por vida a sus dirigentes y jugadores, como prevé la FIFA en estos casos.

La sanción dejó en el aire a Marcelino Dias, el único jugador de Goa en la selección india juvenil, que acababa de jugar con ella la Copa Bisht en Tailandia. Su club era el Sangolda Lightning, el de los 61 goles encajados.

En los clubes, las consecuencias tampoco fueron épicas. El secretario general del Curtorim, Arnold D’Costa, dimitió. Su homólogo del Wilred, Diniz Sardinha, siguió en el cargo y sostuvo que a su equipo lo señalaban injustamente por su «capacidad». Y la plaza en Primera se la jugaron entre ellos los semifinalistas eliminados de cada zona.

Ni siquiera es el récord

El 61-1 ni siquiera es la mayor goleada de la historia. El récord que reconoce el Libro Guinness es de Madagascar: el 31 de octubre de 2002, el AS Adema ganó 149-0 al Stade Olympique de l’Emyrne, cuyos jugadores se turnaron para chutar a su propia portería en protesta por un penalti polémico que les había costado el título en el partido anterior. Marcaron a un ritmo de unos 36 segundos por gol, más deprisa que el Curtorim, y parte del público se fue a la taquilla a pedir que le devolvieran el dinero.

Total, que los 116 goles del Curtorim y el Wilred no subieron a nadie a Primera. A los cuatro clubes les valieron un año entero sin competir, tiempo de sobra para que el Sangolda y el Dona Paula repasaran eso de defender.

El fútbol tiene más episodios de este estilo. En el Barbados-Granada de 1994, otra cuenta de diferencia de goles acabó con un equipo marcando a propósito en su propia portería para forzar la prórroga. En el Mundial de España 82, un jeque kuwaití bajó al césped y consiguió que se anulara un gol de Francia, y en el verano de 1997 un falso Botafogo de Paraíba hizo una gira de amistosos por España mientras el de verdad seguía en Brasil. Fuera del fútbol, en la maratón olímpica de 1904 el primero en cruzar la meta había hecho parte del recorrido en coche. Mucho menos divertido fue el caso de un partido que sí costó vidas, o eso contó la propaganda: el partido de la muerte de Kiev.

Vídeo: dieciséis años después, otra vez el amaño

En 2020, dieciséis años después, la sospecha volvió al fútbol de Goa: la Confederación Asiática de Fútbol avisó de apuestas sospechosas en seis partidos de su liga profesional jugados a finales de 2019. Armstrong Augusto Vaz lo cuenta en su canal de YouTube (en inglés), y de paso recuerda el 61-1.

Match fixing allegations yet another blow to Goan football

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Fuentes consultadas

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