Saltar al contenido
Pueblo pesquero de Narathiwat, en el sur de Tailandia, con barcas de colores en la orilla

En 1982, Jaeyana Beuraheng, una mujer musulmana del extremo sur de Tailandia, cruzó a Malasia de compras y a la vuelta se subió al autobús equivocado. Acabó en Bangkok, a unos 1.200 kilómetros de casa, sin saber hablar ni leer tailandés. Luego vinieron Chiang Mai, cinco años mendigando y veinte en un centro de acogida donde la creían muda. Sus hijos la daban por muerta, atropellada por un tren. Volvió a casa en 2007, con 76 años, gracias a tres estudiantes que entendieron su idioma.

El viaje a ninguna parte

Jaeyana vivía en la provincia de Narathiwat, una de las tres de mayoría musulmana del sur de Tailandia, pegada al estado malasio de Kelantan. Según contó al volver, cruzaba a menudo a Malasia de compras, así que aquel día de 1982 no avisó a nadie. A la vuelta se subió a un autobús que creía que iba a Narathiwat y que acabó en Bangkok, a unos 1.200 kilómetros al norte.

El problema era el idioma. Jaeyana solo hablaba yawi, el malayo del sur de Tailandia, y no sabía leer ni escribir tailandés. Las tres provincias del sur se anexionaron a Bangkok hace algo más de un siglo y siguen siendo distintas del resto del país: el 80 % de su población es musulmana y tiene el malayo como primera lengua.

Bangkok, Chiang Mai y la calle

En Bangkok, aturdida por el ruido y el tráfico, según contó a The Times, volvió a equivocarse: tomó otro autobús que creía que iba al sur y que la llevó a Chiang Mai, otros 700 kilómetros más al norte, cerca de la frontera con Birmania.

Taxis colectivos rojos aparcados en la estación de autobuses Arcade de Chiang Mai
La estación de autobuses Arcade de Chiang Mai, a unos 700 kilómetros al norte de Bangkok. Foto: CEphoto, Uwe Aranas (CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons)

Allí sobrevivió cinco años mendigando y durmiendo en la acera. Ella misma le contó a la radio pública estadounidense NPR una versión algo distinta del viaje: que aquel día tomó un taxi hasta la estación, se subió al primer tren que pasó y luego a otro, hasta llegar a Chiang Mai. Las demás fuentes hablan de autobuses.

Veinte años como «la señora Mon»

En 1987, la policía la detuvo y la llevó a un centro de acogida para personas sin hogar en la provincia de Phitsanulok, en el centro del país. Allí pasó veinte años. Como nadie entendía lo que decía, el personal la llamaba «la señora Mon»: creían que sus murmullos sonaban a mon, la lengua de los mon que viven en la frontera con Birmania. Otros la tenían por muda. «Pensé que moriría en Phitsanulok», contó después; muchas veces pensó en escaparse, pero temía no saber volver a casa.

Mientras tanto, en Narathiwat, su familia había dejado de buscarla. Un año después de su desaparición, la policía les enseñó el cadáver de una mujer atropellada por un tren y les dijo que era su madre.

Una canción en yawi

A principios de 2007 llegaron al centro tres estudiantes musulmanas de Narathiwat, que hacían allí unas prácticas sobre el problema de las personas sin hogar. Jaeyana les cantó una canción que el personal le había oído muchas veces sin entenderla, y las estudiantes la reconocieron: estaba en yawi. La directora del centro, Jintana Satjang, reconoció a Reuters que hasta que la oyeron charlar con ellas no se dieron cuenta de que no era muda.

Jaeyana les contó su historia, ellas llamaron a su provincia y, unos días después, su hijo Mamu, de 35 años, recibió la llamada. No se lo creyó hasta que le mandaron una foto hecha con el móvil. Un hijo y su hija mayor fueron a buscarla, y en febrero de 2007, con 76 años, volvió a su aldea, Mae Sae, donde los vecinos la recibieron con una fiesta.

Un reencuentro agridulce

El regreso no fue sencillo. Según contó su hijo a NPR, al principio no reconocía a ninguno de ellos, y aunque luego fue recordándolos, seguía sin acordarse de sus nombres. Otro hijo, Aliyah, temía que volviera a marcharse: la familia era pobre, todos trabajaban a diario en las plantaciones de caucho y no había nadie para cuidarla. Por qué se fue aquel día, ella no supo o no quiso explicarlo.

Hay viajes de compras que salen caros, pero pocos tanto como este.

No es la única persona a la que un malentendido dejó donde no debía: en 2006, el informático Guy Goma fue a la BBC a una entrevista de trabajo y acabó en directo opinando como experto sobre un pleito entre Apple y la discográfica de los Beatles. Hay cosas que tardan décadas en llegar, como la carta que John Lennon escribió a Steve Tilston, que el músico no leyó hasta 34 años después. Y en 1771 el astrónomo Guillaume Le Gentil volvió a París tras once años persiguiendo a Venus y descubrió que también a él lo daban por muerto.

Lee también: Edgar Latulip, el hombre que resolvió su propia desaparición, El síndrome de Jerusalén: cuando el viaje a Tierra Santa acaba en sermón y Guy Goma, el “experto” de la BBC que no lo era

Explora

Consulta el mapa de las historias

Con borde blanco, los países de esta historia. Pulsa cualquier país para ver lo que ocurrió allí, o viaja por épocas y décadas.

Fuentes consultadas

Siguiente historia

Retrato antiguo de Louise Marie-Thérèse, la monja negra de Moret, con hábito benedictinoMisterios, fraudes y milagros de saldoLa monja negra de Moret: ¿la hija secreta de una reina?En 1716, Voltaire viajó hasta un convento benedictino de Moret-sur-Loing, cerca de Fontainebleau, con el único propósito de conocer a una monja. Se llamaba Louise Marie-Thérèse, era negra y, según media Francia,…Leer la siguiente historia →¿Te quedas con ganas de más?Sorpréndeme con otra historiaTirar el dado →

El boletín del Café

No te pierdas la próxima historia

Episodios reales, documentados y profundamente desconcertantes. Cada semana publicamos una nueva historia.

Suscribirme gratis →Por correo o con avisos en el navegador, como prefieras.

Quién escribe

Comparte esta historia

¿Te gusta El Café de la Historia? Añádenos como fuente preferida y verás más historias nuestras en Google.