El 4 de febrero de 1912, un sastre llamado Franz Reichelt subió al primer piso de la Torre Eiffel con un traje paracaídas de su invención. Había dicho a la policía que lo probaría con un maniquí; saltó él. Décadas después, su caso encajaría en el perfil de los Premios Darwin, un «galardón» irónico nacido en los foros de internet que señala a quienes mueren o quedan estériles por un error de juicio extraordinario. Los Darwin tienen reglas, una web, libros, una película y unas cuantas leyendas urbanas mezcladas con los casos verdaderos.
Qué son los Premios Darwin
La idea nació hacia 1985 en los grupos de discusión de Usenet y tomó forma en 1993, cuando Wendy Northcutt, que había estudiado biología molecular en Berkeley y neurobiología en Stanford, ordenó en una web las cadenas de correos que le mandaba la familia. Desde 2000 los recoge también en libros. Su lema lo deja claro: en el espíritu de Charles Darwin, los premios conmemoran a quienes protegen el acervo genético de la especie «haciendo el sacrificio definitivo de su propia vida» de una manera extraordinariamente idiota.

Charles Darwin publicó El origen de las especies en 1859, y la selección natural de la que habla no consiste exactamente en que desaparezcan los torpes: lo que cuenta es quién deja más descendencia en su ambiente.
Las cinco reglas
Northcutt fija cinco requisitos. El suceso tiene que estar comprobado; el candidato tiene que ser el responsable de su propia desgracia; tiene que haber muerto o haberse quedado estéril; la estupidez tiene que ser única y sensacional, así que fumar en la cama no cuenta, y el protagonista tiene que haber estado en condiciones de juzgar lo que hacía, de modo que quedan fuera los menores de 16 años y las personas con alguna discapacidad mental. Para los supervivientes, el primer libro aplicaba la prueba de la isla desierta: si el candidato no podría tener hijos aunque lo dejaran en una isla con alguien fértil del sexo opuesto, cumple.
Los Darwin antes de los Darwin
Franz Reichelt, un sastre nacido en Bohemia en 1878 y afincado en París, llevaba años obsesionado con un traje que se convirtiera en paracaídas para que los aviadores pudieran salvarse si tenían que abandonar el avión en el aire. Sus primeros ensayos con maniquíes, lanzados desde un quinto piso, habían salido bien, pero los diseños siguientes fallaron, y él lo achacaba a la poca altura. Tras más de un año de peticiones, la prefectura de policía le dejó probar desde la Torre Eiffel. La mañana del 4 de febrero de 1912, con temperaturas bajo cero, anunció que no usaría un maniquí, sino que saltaría él mismo. Intentaron disuadirle. El traje no se abrió y cayó 57 metros. Las cámaras de Pathé lo filmaron: es la primera muerte accidental que quedó registrada en una película.
DEL BLOG AL LIBRO
Más de 300 páginas de historias reales que parecen inventadas: personajes extravagantes, decisiones absurdas y episodios que cuesta creer que ocurrieran.
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Mucho antes, en el año 882, el joven Luis III, rey de los francos occidentales, que el año anterior había derrotado a los vikingos en Saucourt, persiguió a caballo, en broma, a una muchacha, hija de un tal Germund. Ella se refugió en casa de su padre, él la siguió sin bajarse del caballo y se golpeó los hombros contra el dintel de la puerta y el pecho contra la silla de montar. Lo llevaron en litera a la abadía de Saint-Denis, donde murió el 5 de agosto.
El coche cohete, una leyenda urbana
El caso más famoso de los primeros tiempos ni siquiera ocurrió. Según la historia que circuló por correo electrónico en los primeros años de internet, un hombre le puso a su Chevrolet Impala un cohete JATO, de los que se usan para ayudar a despegar a los aviones, lo encendió en una recta del desierto de Arizona, alcanzó entre 400 y 480 kilómetros por hora y acabó incrustado en la pared de un acantilado. La Patrulla de Carreteras de Arizona lo desmintió y Snopes lo da por falso.

Los presentadores de MythBusters (Cazadores de mitos) pusieron a prueba la leyenda en su programa de Discovery, y en 2006 Adam Savage y Jamie Hyneman aparecieron en el reparto de la película de los Darwin.
Algunos ganadores
El Darwin de 2007 fue para un hombre de Lake Jackson (Texas) que había muerto en mayo de 2004 tras recibir por vía rectal el contenido de dos botellas de litro y medio de jerez. La autopsia le encontró una tasa de alcohol en sangre de 0,47 %, casi seis veces el límite legal en Texas. Su mujer fue acusada de homicidio por negligencia; según ella, era él quien tenía esa costumbre.
En la votación de los Darwin de 2008 iba destacado, según The Register, el padre Adelir Antônio de Carli, un sacerdote brasileño de 41 años que el 20 de abril despegó de Paranaguá colgado de unos mil globos de helio para batir un récord y recaudar dinero para un área de descanso espiritual para camioneros. Llevaba casco, traje térmico, paracaídas, GPS y teléfono por satélite. El viento lo arrastró mar adentro, subió a casi 6.000 metros y, cuando habló por teléfono con tierra, pidió que alguien le explicara cómo funcionaba el GPS para poder dar sus coordenadas. Sus restos aparecieron en el mar el 4 de julio.
La película y el 88 %
En 2006 se estrenó en el festival de Sundance The Darwin Awards, una comedia escrita y dirigida por Finn Taylor con Joseph Fiennes, Winona Ryder y David Arquette, en la que un investigador de seguros recorre casos inspirados en la web. Fue la última película de Chris Penn, que murió la víspera del estreno.
En 2014, un estudio publicado en el número de Navidad del British Medical Journal, firmado entre otros por un estudiante, Ben Lendrem, revisó los Darwin concedidos entre 1995 y 2014 y comprobó que el 88,7 % de los ganadores eran hombres. Los autores lo presentaron como una prueba de la «teoría del hombre idiota».
Vídeo: Cazadores de mitos y el coche cohete
Los presentadores de Cazadores de mitos pusieron a prueba en Discovery la leyenda del coche con un cohete JATO. Este es un fragmento del programa, en español.
Entre la ironía y los hechos
Los Premios Darwin nacieron como una broma de internet y siguen siéndolo, pero detrás de cada caso verdadero hay una muerte real, y no todos los relatos que circulan con su nombre son ciertos: el coche cohete de Arizona nunca existió. Lo que sí está documentado, según el estudio del BMJ de 2014, es que casi nueve de cada diez premiados entre 1995 y 2014 fueron hombres.
Otras historias del blog: los Big Brother Awards, los anti-Oscar de la privacidad; Amanda Feilding, que se hizo un agujero en el cráneo en 1970; Natural Harvest, y Sigurd el Poderoso, el jarl vikingo de las Orcadas que murió por el arañazo del diente de un enemigo.
Fuentes consultadas
- Wikipedia. (s. f.). Darwin Awards. https://en.wikipedia.org/wiki/Darwin_Awards
- Wikipedia. (s. f.). Franz Reichelt. https://en.wikipedia.org/wiki/Franz_Reichelt
- Wikipedia. (s. f.). Louis III of France. https://en.wikipedia.org/wiki/Louis_III_of_France
- Mikkelson, D. (s. f.). JATO car embedded in cliff? Snopes. https://www.snopes.com/fact-check/carmageddon/
- NBC News. (2005, 10 de febrero). Charges denied in lethal enema case. https://www.nbcnews.com/id/wbna6947896
- The Register. (2008, 14 de enero). Alcohol enema bloke wins 2007 Darwin Award. https://www.theregister.com/2008/01/14/darwin_awards_2007/
- The Register. (2009, 2 de enero). Kamikaze ballooning Brazilian soars to Darwin Award. https://www.theregister.com/2009/01/02/darwin_award_2008
- Wikipedia. (s. f.). Adelir Antônio de Carli. https://en.wikipedia.org/wiki/Adelir_Ant%C3%B4nio_de_Carli
- Wikipedia. (s. f.). The Darwin Awards (film). https://en.wikipedia.org/wiki/The_Darwin_Awards_(film)
- Lendrem, B. A. D., Lendrem, D. W., Gray, A., e Isaacs, J. D. (2014). The Darwin Awards: sex differences in idiotic behaviour. BMJ, 349, g7094. https://www.bmj.com/content/349/bmj.g7094
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Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El Café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto. Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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